En Neuquén el pueblo consolidó el movimiento provincialista en defensa de su identidad. El pronunciamiento de las urnas fortalece el federalismo que subyace como desafío histórico en la Argentina. Las provincias juegan otro partido diferente al de la grieta que agitan como estrategia los M y los K.

Posadas (Lunes, 11 de marzo de 2019) Los medios hegemónicos vuelven a equivocarse en la lectura del pronunciamiento popular neuquino de ayer. Leer la tapa de los dos diarios, Clarín y La Nación, que siguen haciendo “periodismo de guerra”, pone en evidencia que manipulan la información y al mismo tiempo no entienden la Argentina profunda. ¿Dan risa? Edi Zunino, que es el director de Contenidos Digitales y Audiovisuales en Editorial Perfil, anoche se sinceró cuando escribió “escucho a Marcelo Bonelli en TN y muero de risa”. Si bien se refería a los disparates que se decían de Vaca Muerta y los negocios del kirchnerismo, también adelantaba “ahora, la Casa Rosada y Clarín difundirán que “menos mal, los K perdieron por más de 10 puntos”, sin contar que los M quedaron a más de 20 abajo”. Y no se equivocó, hoy los diarios del establishment interpretan que las elecciones fueron un revés para Cristina. De los neuquinos nada.
En cambio, hoy Perfil destaca que la consagración del candidato del Movimiento Popular Neuquino tiene vinculación con otra grieta. Se refiere a la contradicción provincia nación y coincide en ese punto con Mario Wainfeld que en Página hace referencia al “federalismo pragmático”. Desde la matriz propia de un porteño progre desliza una crítica al método de gestión del gobernador de Neuquén. Vale la pena detenerse en este párrafo: “el federalismo pragmático que describen Rafart y Galluci, agrega este cronista de su coleto, incluye jugar ocasionalmente fuerte con el poder relativo del MPN en el Congreso. En especial en la Cámara de Senadores. Ya en tiempos del presidente Raúl Alfonsín, siendo senador Elías Sapag votó contra la “Ley Mucci”. Su decisión resultó clave para frenar un proyecto “fundacional” de reforma el movimiento obrero. Bisagrear con esos votos, regatear, acompañar, exigir reivindicaciones federales. Una articulación más sofisticada de lo que parece, muy exitosa a través del tiempo”.
En Buenos Aires, en el progresismo y la izquierda, en el kirchnerismo y hasta en los aliados del PRO en las provincias, se pone en evidencia la incapacidad de poner en contexto las buenas relaciones que han cultivado los gobernadores con el presidente Macri. Buenas relaciones no significa que Gutiérrez, como aquí Passalacqua, o Peppo en Chaco, sean “aliados” de la Casa Rosada, categoría que utilizan los operadores del oficialismo en los medios y curiosamente las oposiciones ultras. Clarín lo utiliza para manipular. Allá ellos. En las provincias se entiende, desde las argumentaciones y luchas históricas, pero fundamentalmente desde las vivencias cotidianas y la construcción de la esperanza. Las fuerzas provinciales son herederas de las grandes luchas y las tradiciones populares pero emergentes de la crisis de representatividad y de la partidocracia que rompió los lazos del pejotismo y el ucerreísmo con su gente. Son también la expresión de sus pueblos que resisten la desintegración de sentido producto del bipartidismo y las interrupciones golpistas del siglo XX.
El MPN tiene la particularidad de haber nacido como alternativa electoral en los años de proscripción del peronismo. Fueron años de construcción de una identidad que se consolidó desde 1983 cuando los argentinos recuperamos las instituciones republicanas. Por eso, el gobernador de Neuquén en su discurso de campaña puso eje en la defensa de la autonomía de Neuquén y sus consignas apuntaron a describir como “delegados” del centralismo de dos caras a sus contrincantes K y M.
Los datos son elocuentes
Las noticias que llegaban antes de las elecciones y los números que difundieron encuestadoras daban cuenta de un “test” para la pulseada entre la Alianza de Gobierno y el kirchnerismo, para los porteños la contradicción fundamental.
Pero no fue así para los neuquinos. Los números hablan por sí solos. Hay que compararlos. Pero no peras con manzanas, sino las elecciones provinciales de abril de 2015 con las realizadas el domingo:

elecciones neuquen
El cuadro habla. Se toman las tres agrupaciones que tenían expectativas de ganar las elecciones. En primer término hay que observar que el peronismo y el kirchnerismo aliados perdieron 5 mil votos con relación a 2015 y cinco puntos porcentuales. Asimismo la Alianza Cambiemos perdió 17 mil votos y también cayó 5 puntos. En cambio, el candidato del MPN sumó 6 mil votos más aunque haya caído un punto porcentual. Pero hay otro dato que no incorporamos al cuadro. Son los votos de Sobisch, que si bien fue con el sello Demócrata Cristiano, es la expresión de un sector del neuquenismo político. Fue votado por 36 mil personas y se arrimó a los 10 puntos.
No hay lugar entonces a las interpretaciones de los diarios porteños. No se trata de K ni de M. Neuquén ratificó la consolidación de los movimientos provinciales como expresión orgánica de los sentimientos federalistas que constituyen las subjetividades de los pueblos. La crisis de 2001 está todavía en la fase de desmantelamiento de lo viejo. Vivimos en otra Argentina. Es difícil percibir los cambios en el momento en que se viven. Hay fragmentos que se expresan en los movimientos sociales, en el feminismo y el ambientalismo. Hay fragmentos en la geografía política que se expresan en la fortaleza de los movimientos políticos provinciales porque son respuestas locales, palpables ante la incertidumbre que también es alimentada por las rupturas de la institucionalidad en las relaciones internacionales.
Nada que ver con la grieta de Clarín y Durán Barba. En Neuquén el pueblo se pronunció en defensa de su identidad, nada menos que en tierra mapuche.

 

 

 

 

 

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