Alberto y Sofía Guterman, padre y madre de Andrea, víctima del atentado a la AMIA, estuvieron en Posadas donde desplegaron una profusa actividad e incluso fueron recibidios por el gobernador de la Provincia y la rectora de la Unam. En una conmovodora entrevista con nuestro medio, muestra toda su huamnidad que no disocia de la militante ya que no oculta el odio que tiene a los asesinos de su hija y confiesa que también los mataron a ellos, sin embargo no claudica en la misión de ir sembrando la semillita del amor y la cultura de la paz en la lucha por mantener viva la memoria

Posadas (Lunes, 15 de abril. Por Alejandro Fabián Spivak) Hace 25 años una bomba destruyó los sueños de 85 personas. El 18 de julio de 1994, un coche bomba estalló en el edificio de la Asociación Mutual Argentina (AMIA) ubicado en la calle Pasteur 633 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Dos años antes, un 17 de marzo de 1992, una bomba similar estalló en la embajada de Israel. 22 personas truncaron su vida.
Alberto Guterman y Sofía Kaplinsky de Guterman, perdieron a su única hija Andrea en el atentando a la AMIA. Desde ese momento, Alberto, en forma silenciosa y Sofía en forma extravertida, como los demás familiares empezaron una lucha en búsqueda de verdad y justicia que a un cuarto de siglo aún no llega. “Voy perdiendo las esperanzas. Tal vez lo único que nos queda es el juicio en ausencia”; dijo Sofía
Alberto y Sofía estuvieron en Posadas, entre el jueves y el sábado, invitados por la Comunidad Israelita de Misiones.
Alberto pasó los tres días en silencio como desde hace 25 años; inclusive cuando estuvo reunido junto a Sofía con el gobernador Hugo Passalacqua. Sólo algunas pocas palabras, sin grabador de por medio con este periodista. Sofía pasó los tres días con charlas a chicos del 6to y 7mo grado del Instituto Gutenberg, de la escuela hebrea y con integrantes de la Comunidad Israelita de Misiones. “Mi misión es sembrar una semillita de amor en los chicos”.
Con el Gobernador
El jueves último estuvo reunida con el gobernador de la provincia Hugo Passalacqua acompañada del vicepresidente de la Comunidad Israelita Jorge Lindheimer y el ministro coordinador Adolfo Pischik.
Durante casi una hora el mandatario provincial escuchó atentamente a esta madre que reclama justicia no solamente por su hija sino por las 85 víctimas del mencionado atentado.
Le obsequió tres de los cinco libros que escribió. “Estoy eternamente agradecida al gobernador. Me escuchó atentamente y me abrió las puertas de la provincia para acercarme y contar la historia de Andrea”.
De su parte Passalacqua en su cuenta de twitter escribió: Mi admiración y respeto a la señora Sofía Guterman, cuya única hija, Andrea, falleció en el atentado a la #AMIA. Nuestra gratitud por promover la cultura de la #paz y mantener viva la #memoria”.
Ese mismo día, en horas de la tarde fue recibida por la rectora de la Universidad Nacional de Misiones (Unam) magister, ingeniera forestal Alicia Bohren.
En el Instituto Gutenberg
El viernes mantuvo un encuentro con alumnos del 6to y 7mo. Grado del Instituto Gutenberg. Allí, si bien les habló de lo que sucedió el 18 de julio de 1994, también les habló del amor a la vida. Emocionados, muchos de los chicos, no la dejaban ir; ya que insistieron con preguntas. Sofía no tuvo problemas en contestar cada una de las preguntas formuladas y, el encuentro se extendió por casi dos horas.
El pastor Ricardo Veira y los docentes agradecieron su presencia y destacaron su valentía por esta lucha en búsqueda de la justicia
En horas de la tarde participó de una charla con chicos de entre cuatro y 10 años de la Escuela Hebrea de Misiones. Les contó uno cuento sobre la vida y les recitó poemas. En tanto que a la noche habló con integrantes de la comunidad israelita de Misiones.
El sábado por la mañana recorrió las calles del centro posadeño y no tuvo inconvenientes de dialogar, con personas que la reconocieron por su exposición mediática. Inclusive en el propio lobby del hotel Posadas.
En horas de la tarde, en el aeropuerto mantuvo una extensa charla con este periodista. “El balance de mi estadía en Posadas fue excelente. Gracias porque también aquí pude sembrar la semillita del amor en contra del odio.
Sofía recorre el país y países limítrofes para brindar su testimonio. Escribió cinco libros. Algunos de ellos traducidos a otros idiomas como el inglés, hebreo y japonés.
Sus libros no se venden. Son donados a las bibliotecas de las escuelas tanto de la red judía como privadas no judías y estatales.
Recorre el país, sin cobrar peso alguno, junto a su marido Alberto que en cada una de las charlas se sienta como un participante más simplemente para escucharla. “¿Quién es Sofía para usted? Es todo., la admiro. Hace 58 años que estamos juntos. Hace 25 años que emprendió una lucha en favor de una justicia que nunca llega”; dijo Alberto.
Alberto no habla. Prefiere el silencio. Su rostro lo dice todo. Se emociona en cada palabra que sale de la boca de su mujer Sofía. Con mucho respeto no interviene. En la entrevista en el aeropuerto que duró más de 30 minutos, se sentó a su lado y simplemente la escuchó. No hizo ninguna acotación, ni siquiera cuando lo mencionó en varias partes del reportaje.
A su término Alberto sólo dijo. “Gracias. Extiéndale si tiene la oportunidad las gracias al gobernador Hugo Passalacqua, a la rectora de la Universidad Alicia Bohren, al pastor Ricardo Veira, a la Comunidad Israelita, pero sobre todo a los chicos que tuvieron la paciencia de escuchar con mucho respeto nuestra historia de vida”.
En la fila para ingresar a la sala de espera del aeropuerto Sofía es reconocida por una pareja. “Siga luchando por justicia. Cuenta con nosotros”. Ambos se saludan y se van juntos.
Andrea
Andrea; la hija de Alberto y Sofía tenía 28 años cuando la bomba truncó su vida.
Estaba haciendo la fila dentro del edificio de la AMIA para ser atendida en la bolsa de trabajo. Era maestra jardinera. Y si bien tenía trabajo en el jardín materno infantil Ossecac quería conseguir un nuevo trabajo, mejor remunerado porque su sueño próximo era casarse; forma una familia y tener un hijo. Sus sueños quedaron bajo los escombros.
Su cuerpo apareció siete días después. A los pocos meses Sofía comenzó una lucha que lleva 25 años. Alberto también.
La entrevista con Alejandro Fabián Spivak:

¿Hasta cuanto esta lucha que inició hace 25 años por la Verdad y justicia?
“Mi trabajo es producto de la maldad de la gente. Es lo que nos preguntamos los familiares de las víctimas del atentado a la AMIA. No es que se termine el dolor; no que se termine esa mochila inmensa que cargamos hace un cuarto de siglo. Esta mochila no nos deja ver el mundo con sus colores, porque a nosotros nos cambió la vida. Al igual que a nuestros familiares nos truncaron el futuro. Nosotros decíamos, hasta que se haga justicia. En cuanto a la memoria, hasta que esa semillita que fui sembrando día a día que vea que a la par de los familiares va surgiendo una generación de jóvenes que harán que las víctimas de la AMIA seguirán frescas en la memoria. Los familiares tenemos un lema: No queremos que se pierda la memoria para que nuestros muertos no mueran dos veces. Uno por la bomba y otra por la diferencia”.

El 18 de julio de 1994 a las 9:53…
“El 18 de julio de 1994 a las 9:53 se paró el reloj para siempre”

En estos tres días que junto a su marido Alberto estuvo en Posadas (Misiones); pasé el mayor tiempo con ustedes. A ambos los observé con mucha fortaleza. Además, en las charlas con los chicos usted habla de la vida y poco o nada de la muerte…
“No sabía que tenía esa fuerza. Antes del atentando me dedicaba a mi casa; a mi familia, a mi hija a mi trabajo como docente. Me parecía que si como mujer tenía que afrontar algo tan terrible no hubiera tenido la fuerza para enfrentarla. Es una mezcla rara. Es el dolor, la impotencia, bronca, por momentos una rabia terrible y, por momentos una mezcla de desilusión y esperanza que por momentos te dice interiormente que no hay que bajar los brazos”.

¿Alguna mañana se despertó y dijo, hasta aquí llegué?
Sí. Pero después que pasan unas horas, pienso que Dios me permitió abrir los ojos un día más, Entonces me pregunto ¿por qué no hacer un poco más por Andrea y las demás víctimas del atentado a la AMIA?

¿No cree que su hija Andrea, si tuviera la posibilidad de hablar con usted le diría mamá hasta acá, ya hiciste mucho por todos nosotros; te merecés junto a papá disfrutar un poco de la vida?
“Tengo conciencia que se cayeron muchas hojas del almanaque. No tengo las fuerzas que tenía antes. Yo sé que mi hija nos diría que disfrutemos; pero hay algo que mi hija quería hacer. Casarse; ser madre. Creo que ser madre, te convierte ante la indiferencia y la impunidad y el dolor en una leona. A los 76 años sigo teniendo más fuerzas para seguir luchando”

Usted da charlas a alumnos de escuelas de la red judía, de otros credos y estatales; ¿qué siente cuando un chico le escribe una esquela con faltas de ortografía, le pide perdón y la invita a comer empanadas tucumanas en su humilde casa. ¿O una nena, de otra provincia le agradece por dar a conocer lo que sucedió hace 25 años y no solo hablarles de la muerte sino de la importancia de la vida?
“Me emociona. Me muestra que es un chico bueno. Me emociona mucho la reacción de los chicos; sus preguntas. Me encontré con muchos chicos que en sus casas le enseñaron la violencia, el odio especialmente hacia los judíos. Creo que se debe intensificar la educación respecto a que la gente debe aprender a convivir, darse la mano porque como lo dije en una charla somos todos iguales. Eso es lo que deseo meter en el cerebro de los chicos para que el día de mañana sean personas de bien. Pero lo que más deseo es que luchen para vivir en un país seguro, con justicia y que puedan concretar sus sueños donde todos puedan tener un futuro”.

En uno de sus poemas, habla de que algún día se encontrará con su hija Andrea; ¿Cree en Dios?
“No creo en el más allá. Si bien en mis poemas habló del más allá porque debo tener un punto de encuentro donde podría estar mi hija. Ojalá hubiera un camino donde uno pudiera re encontrarme con ella”

¿Cuál es su relación con Dios?
“Estaba muy enojada con Dios porque no podía entender por qué, permite que sucedan atentados; cómo terroristas pueden llevar a cabo sus acciones sin que les pase nada salvo aquél que se inmola. Pero reanudé las relaciones con Dios”.

¿Son relaciones protocolares solamente?
“No. Necesito sentirme acompañada por alguien superior a mí”.

¿Después de mucho tiempo, usted participó en Misiones de la ceremonia religiosa de bienvenida al sábado (en hebreo Cabalat Shabat) se sintió nuevamente cerca a Dios?
“Me sentí identificada. Me crie en un hogar judío no prácticante, pero si tradicionalista. Me crie en un pueblo pequeño, Moises Ville (provincia de Santa Fe) donde había cuatro sinagogas. Yo iba a una de ellas y al no saber rezar me sentaba al lado de alguien que supiera. En Buenos Aires no voy a las sinagogas, cuando ingresé a la de Misiones, después de muchos años volví a emocionarme”.

Dijo que se re encontró con Dios. ¿Cree en la justicia divina?
“Sí. Conozco mucha gente que hizo el mal y terminaron su vida muy mal sin haber tenido la justicia de la ley. Creo que en la mayor parte quien la hace la paga”.

Si tiene la oportunidad de encontrarse cara a cara con quien fue el autor intelectual del atentado a la Amia; ¿qué le diría?
“Le preguntaría simplemente ¿por qué?, lógicamente que lo odio”

Usted tiene odio dentro suyo y se puede justificar, perdió una hija en un atentado, pero no siembra odio en sus charlas, al contrario, siembra amor; inclusive cuando les habla, principalmente a los chicos sobre el atentado ¿Cómo lo explica?
“Es distinto. Trabajo para sembrar amor no odio. A los terroristas los odio y reitero les preguntaría porqué eligieron ser extremistas, porque eligieron creer en un Dios que, según ellos premia la maldad y por sobre todas las cosas si ellos viven porque buscan tronchar vidas ajenas de personas que no conocen y que por consiguiente nunca les hicieron nada”.

Insisto, ¿Cómo puede hablar de vida cuando a usted le arrancaron a la persona que más ama?
“Aprendí el valor de la vida, más allá de que nuestra vida, la de mi marido y la mía es una sobrevida. Estamos solos, en lo que se refiere al grupo familiar. Estamos solos por dentro, es una pena permanente. Siempre estamos pensando en Andrea. Hacemos comparaciones de otras personas con cómo era física e intelectualmente Andrea. Nos invade una gran soledad. Somos una consecuencia directa del terrorismo porque al matar a nuestra hija, un nos mataron a nosotros”.

En unos minutos subirán a un avión de regreso a su casa), viajará junto a mucha gente, pero vuelven a estar solos. Me gustaría ingresar en su cerebro y saber que va pensando…
“El avión me produce sentimiento de libertad que no siento en la tierra. Viajo siempre del lado de la ventanilla y miro las nubes porque me hablaron tanto del cielo y de lo que allí puede haber, por eso voy buscando entre las nubes si encuentro algo”.

¿La busca a Andrea?
“Busco su rostro”.

¿Y de regreso ya solos?
“Regresamos a nuestro hogar. A nuestra casa. Hay soledad, pero es nuestro hogar. Tratamos de que no sea un lugar lúgubre. Es un lugar donde nos permitimos hacer un chiste; nos reímos; lloramos, recibimos gente. Tenemos por costumbre no molestar a los amigos con lo que podemos sentir. Siempre estará la silla vacía”

¿Se puede celebrar un Día del Padre; ¿Madre o Hija?
“En otro de los poemas que escribí digo que converso con mi amiga; mi hija. Nos contábamos muchas cosas, Teníamos secretos como toda madre con su hija. Por ejemplo, cuando me compro ropa me paseo por delante de la fotografía de Andrea y le pregunto qué le parece. Es difícil. Nuestra casa tiene muchas fotos, porque el día que no estemos más el rostro de Andrea, víctima del atentado a la AMIA desaparece para siempre. Mi terror es el olvido”

Si, aunque sea de todas las charlas que usted da, a algunos chicos, les queda lo que sucedió el 18 de julio de 1994 a las 9:53 horas en Pasteur 633 Caba ¿es haber ganado mucho?
“Sí. Creo que a muchos chicos les está quedando que esa fecha fue uno de los días más negros de la historia argentina. Cuando un grupo de chicos del Instituto Gutenberg de Posadas de tan sólo 11 o 12 años me abrazaron y me dijeron suerte fue una caricia de oro porque me la dieron los chicos”.

Más allá de la historia de vida de su hija Andrea. Usted se acuerda de las historias de vida y los sueños de cada uno de la mayoría de los muertos…
“Sí. Gracias al escritor Eliahu Toker (fallecido en 2010) en su libro ´Sus nombres y sus rostros´ (editado en 1995) estaban los nombres y los rostros con un pequeño resumen de sus vidas de las víctimas; entonces estudié sus historias, investigué aún más y las recuerdo en mis charlas porque eran personas que tenían sueños y proyectos de vida al igual que Andrea”

Ante la impunidad y por consiguiente la falta de justicia. ¿Hay familiares que le cerraron las puertas?
“Sí. Muchos ya fallecieron. Otros renunciaron a la lucha porque al no haber justicia se cansaron, otros son muy mayores y están muy enfermos y otros se politizaron. Cuando nos reunimos por primera vez la consigna fue que en nuestra lucha por justicia la política no ingresaba; más allá de la inclinación política de cada uno de nosotros. De hecho, cierta vez un partido político me ofreció un cargo electivo (no especificó el partido) y, por supuesto lo rechacé”

Cuando están solos con su marido; ¿hablan de la causa AMIA?
“No. Muy rara vez lo hacemos. Salvo que yo venga de una reunión con algo nuevo o que se diga algo por televisión o radio”.

¿Quién es Alberto, su esposo? Él la acompaña, pero no acepta entrevistas, no habla mucho y la mira con admiración
“Estamos casados hace 58 años. Somos de caracteres distintos. Él es muy introvertido y yo extrovertida. Si bien el dolor es igual para ambos, posiblemente él lo sufra más porque no lo puede expresar. Al principio cuando comencé mi lucha Alberto me hablaba y pedía que me cuidara muchos Tenía mucho miedo (Sofía tuvo muchas amenazas de muerte) pero con el tiempo se dio cuenta que es algo que necesito hacer. De un tiempo a esta parte viajamos juntos porque somos muy grandes y no puede quedar sólo y a mí ya no me gusta viajar en soledad. Nos complementamos en nuestro dolor. Posiblemente hagamos algunas cosas a escondidas; por ejemplo, que él bese la foto de Andrea cuando no estoy o viceversa. Yo iría todos los días al cementerio, porque una vez Andrea me dijo ´te das cuenta que solos están los que están enterrados´ y eso me quedó. Reitero, iría para decirle estamos acá, en familia. Alberto me acompaña a la tumba de Andrea, pero no es muy partidario de ir a los cementerios. Yo sentí en este viaje a Posadas que Alberto estaba muy concentrado en mis charlas.

Personalmente vi que su esposo Alberto no se cansa de escucharla…
(Silencio). “Manifesté muchas veces porque inicié este trabajo. Andrea era única hija y no había quien luche por ella”.

¿Se arrepiente de algo, en esta vida, en esta lucha que lleva ya 25 años?
Sí. De lo que más me arrepentí es de haberle sugerido a Andrea que pasé, por la bolsa de trabajo de AMIA. Es algo que tengo pendiente. Se imagina que una madre no envía a su hija a la muerte, cuando fue el atentado a la embajada de Israel Andrea me dijo que feo es quedar debajo de los escombros. Dos años después tuvo el mismo destino. Por otro lado, pienso que todos nacemos y somos una especie de marionetas con piolines y nos manejan y, se maneja ese piolín al lugar y la hora equivocada y, eso es lo que sucedió con las víctimas del atentado a la AMIA. Me arrepiento de haberle dicho que no cuando Andrea era mucho más joven y tenía su primer novio y planteó casarse a lo mejor hubiese torcido su destino, si le decía que si o hubiera tenido hoy la bendición de un nieto”.

¿Cree en el destino?
“No sé si llamarlo destino, pero como se llama a algo que cambia de repente. Por ejemplo, una persona camina por la acera y de pronto tuerce su camino y se encuentra con la muerte. ¿Cómo se llama a esto? ¿Destino?

Sin dar nombres. Sé que algunos familiares de víctimas no judíos, le han dicho que la muerte de ese familiar no judío es culpa de los judíos…
“Me lo han dicho. Creo que es un problema que traen arraigado del hogar. No estaban educados sus padres y, a la vez no pudieron educar a sus hijos sobre la igualdad de la gente. Duele mucho porque que echen en cara una cosa así sabiendo que también sufro la pérdida de una hija, es muy duro, pero pasé tantas que prefiero, con mis charlas educar a chicos y no educar a adultos que ya no tienen remedio”

La última pregunta: Lamentablemente en su familia no se cumplió la ley de la vida, que es que un hijo despida a sus padres. Su esposo y usted tuvieron que despedir a su hija que encima no falleció por una enfermedad terminal que les hubiera, permitido en cierta forma prepararse para ese duro golpe de la vida. Falleció en un atentado. ¿Cómo se lleva ese momento tan duro?
“Es terriblemente traumático. Si bien Andrea tenía libertad e independencia; al mismo tiempo le fiscalizaba las cosas porque siempre mi temor era que le pasase algo. Se me dieron vuelta las leyes naturales. Personalmente enterré a mis padres, a mis tres hermanos; eso se llama ley natural. Perder un hijo ¿cómo se llama? Uno es huérfano cuando pierde a sus padres. ¿Por qué no hay una palabra que te defina cuando se pierde a un hijo? A pesar de que estaba aturdida y empastillada me acuerdo del entierro de mi hija. Me acuerdo perfectamente cuando una amiga de Andrea que reside en Inglaterra les pidió a sus padres que en nombre de ella nos acompañen y lleven una flor para que la tire en la tierra y me decían besa la tierra allí está tu hija y no podía entender. Aún voy al cementerio y no puedo entender tanto silencio, se trastocan todas las leyes naturales. Yo estoy parada frente a la tumba de mi hija porque seres humanos terroristas trastocaron las leyes naturales de nuestras vidas