Las peripecias que se registraron en la provincia de Buenos Aires para sancionar la ley impositiva de Axel Kicillof cumplieron a la perfección el Teorema de Baglini. Los que ayer en la oposición negaban el quorum y votaban todo en contra hoy hablan de responsabilidad e invocan el pronunciamiento popular como derecho a gobernar. Los que ayer condenaban a gobernadores por dialogar hoy se sientan con intendentes para destrabar la Ley. Esa forma de debate polarizada, propia de minorías intensas impide construir consensos amplios y mayorías estables, dos condiciones necesarias para realizar las transformaciones profundas que el país necesita. La historia, en poco tiempo ha reivindicado la actitud estratégica de los gobernadores en los años de Macri.

Sábado 11 de enero de 2020. Las peripecias que se registraron en la provincia de Buenos Aires para sancionar la ley impositiva de Axel Kicillof cumplieron a la perfección el Teorema de Baglini.
Enunciado por el diputado por Mendoza en los años de Alfonsín cuando le salió al cruce a la intolerancia del Bisonte Alende con el proceso de transición, sentenció para la historia: “cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los discursos políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”. El Teorema devela también un juego de máscaras o de cambios de roles entre oficialistas y opositores que sin pudor se alternan en los mismos discursos según el lugar que ocupen.
Después del fracaso en diciembre para sancionar la Ley, Kicillof no dudó en mostrarse enojado, en declaraciones públicas y en su cuenta de Twitter, con los representantes de la oposición. Los conceptos de responsabilidad y del derecho a decidir por mandato popular abundaron en las redes. Son los mismos argumentos que utilizaban Mauricio Macri y los trolls de Peña.
¿No suena conocido?: uno de sus funcionarios escribió en su muro: “@Kicillofok obtuvo un rotundo respaldo popular y ahora Cambiemos le niega la posibilidad de implementar las políticas necesarias para avanzar en la dirección que el pueblo espera”.
“La oposición quiere cambiar el espíritu, bajarle los impuestos a los que más tienen y eso supone subirle a los que menos tienen”, sostuvo el ministro de Producción, Augusto Costa. “No podemos cambiar el espíritu, el gobernador fue elegido para gobernar con esta lógica”, sentenció el ministro. ¿No suena conocido?
No está en cuestión aquí el sentido de la reforma de Kicillof, que indudablemente es progresista. Además como todos los años, la Provincia de Buenos Aires necesita que se apruebe su Ley Impositiva. Es un instrumento imprescindible, más aún en el marco de la emergencia económica, social, productiva, educativa y sanitaria en la que se encuentra ya que la provincia es “tierra arrasada donde miles de bonaerenses necesitan la intervención del Estado”. Y como explicó el Gobernador: “Tampoco es un impuestazo desde el punto de vista de los montos del impuesto inmobiliario urbano. De las 4,5 millones de partidas, ordenadas por su valor fiscal, el 35% tendrá un aumento menor a $500 que se paga en 5 cuotas a lo largo del año, es decir, $42 por mes”.
Después de los cambios que se introdujeron para que la ley pueda sancionarse, Kicillof volvió a Twittear: “No estamos de acuerdo porque todas estas medidas desfinancian a la Provincia y favorecen a sectores concentrados. Fue su decisión política: cuando son oposición representan y defienden a los mismos sectores para los que gobernaron. Nuestro gobierno tiene prioridades distintas”.
Es cierto, los sectores más concentrados de la Argentina no parecen entender el grado de descomposición orgánica del capitalismo. El domingo pasado Verbitsky publicó en Cohete a la Luna las reflexiones de uno de los hombres más ricos del mundo, el millonario Nick Hanauer, el primer inversor en Amazon. “Hace dos meses el presidente de México, Andrés López Obrador, pasó un video en el que Hanauer advierte a sus “compañeros plutócratas” que se cuiden porque su país está en riesgo de convertirse en una sociedad rentista neofeudal, parecida a la Francia pre-revolucionaria, y ya vienen las masas con las horcas”
En este medio venimos preguntándonos cuánta desigualdad tolera la democracia. No estamos discutiendo el espíritu de la ley Kicillof sino reafirmando que hasta la propiedad privada necesita de un Estado fuerte y que la seguridad y la libertad en el sistema cuesta. Y el costo son los impuestos. Sin impuestos no se pueden garantizar derechos.
Inconsistencia del debate político
Eso está claro. La cuestión de la nota tiene relación con la vigencia del Teorema de Baglini. Revela la inconsistencia del debate político y una de las causas por las cuáles la prédica anti-política penetra en las conciencias de sectores sociales que terminan atrapados en discursos que le son ajenos.
“Esperamos que la oposición actúe con la responsabilidad…” clamó Kicillof en el mismo tono que utilizaban los ministros de Macri cuando enviaban proyectos de leyes al Congreso.
La Cámara de Diputados de la Nación pone en su sitio web al alcance de todos los debates parlamentarios en los diarios de sesiones o en las versiones taquigráficas.
Repasar las exposiciones de Kicillof es descubrir su intransigencia y fundamentalismo cuando estaba en la oposición, negando el quorum, negando el derecho de las mayorías y cuestionando el pronunciamiento popular de 2015 y 2017. El Frente para la Victoria hizo un culto del rechazo a todos los proyectos. Aquí, la diputada de La Cámpora, ungida por CFK para su reelección, hizo campaña valorizando el no voto. Su mérito en cuatro años fue no votar nada y dar quorum a regañadientes.
Para no abundar, rescatemos palabras de Myriam Bregman del FIT cuando se debatía la validez del DNU de Macri que modificó la ley de medios antimonopólica. Dijo: “Todos estos años hemos escuchado los encendidos discursos del diputado Negri y hemos leído los dictámenes de Adrián Pérez, ex diputado de la Coalición Cívica, y de otros diputados de ese espacio, que cuestionaban el carácter abusivo de la metodología de gobernar por decreto utilizada por el kirchnerismo. Por ejemplo, el kirchnerismo llegó a disponer por decreto el uso de reservas del Banco Central. Para nosotros, DNU eran los que se denunciaban antes, aunque en rigor siguen siéndolo, porque algunos borran con el codo lo que en su momento escribieron…”.
Otra: en la sesión especial del 15 de marzo de 2016 para tratar la derogación de la ley de pago soberano, Graciela Camaño le salió al cruce a Héctor Recalde, miembro informante del kirchnerismo de un proyecto alternativo que proponía convocar a un plebiscito . Dijo Camaño: “Señor presidente: hasta ahora, en esta sesión se está cumpliendo el “Teorema de Baglini”, a la perfección. Recuerdo la sesión en la que tratamos el proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual, donde pedimos una inmensa cantidad de cuestiones de privilegio. La moción de orden, indudablemente, constituye una chicana política. ¿Quién no va a querer consultar al pueblo en una de las formas más importantes de consulta que tiene la Constitución? Pero, ¡oh sorpresa!, durante estos últimos doce años el kirchnerismo, habiendo tomado resoluciones importantísimas para la ciudadanía, no lo hizo. Es más, no lo hizo cuando decidió que la deuda externa era un slogan: patria o buitres. Entonces, si hubiéramos querido consultar al pueblo, quizás ese hubiera sido el momento oportuno…”
En el debate por la reparación histórica a los jubilados, desde el kirchnerismo se condenó a los gobernadores y a Macri porque se decía que el diálogo y la actitud colaborativa de las provincias eran producto de extorsiones. Hoy, gracias a la mediación de Sergio Massa y de Alberto Fernández, se logró que los intendentes de Juntos por el Cambio se reunieran con Kicillof. Y el acuerdo Salió. ¿Hubo diálogo democrático? ¿Hubo extorsión? Ahora se hace lo que antes se condenaba. Y más son actitudes que después se enarbolan en la campaña.
Los senadores hablan por sus intendentes
Lo concreto es que Buenos Aires tiene un sistema de representación bicameral. Como en la Nación, Diputados es la representación directa del pueblo. El Senado por secciones electorales con representación territorial. En la República de Buenos Aires, la Cámara de Senadores tiene mayoría de Juntos por el Cambio porque el interior profundo votó por Macri. El mapa es claro: la zona amarilla muestra los lugares donde ganó el macrismo. Y Buenos Aires tiene dos zonas bien diferenciadas: el interior agrario y el conurbano donde el Frente de Todos hizo la diferencia.

RESULTADOS ARGENTINA
Los senadores, entonces, hablan por sus intendentes y defienden sus intereses. Es el mismo mecanismo de lograr consensos que mueve a un presidente a sentarse en la mesa con los gobernadores.

Sin duda alguna, el choque de Kicillof con la realidad es un espejo donde mirar retrospectivamente la actitud colaborativa de los gobernadores en los tres primeros años de Macri.
Las minorías intensas no debaten
Estas inconsistencias en el debate tiene el mismo vicio que la grieta. Es una estrategia de construcción política basada en una minoría intensa. Ideológicamente dura, compacta, esta minoría permite retener el poder y, en algunos casos, ganar elecciones. Pero embrolla a la hora de gobernar. La polarización extrema impide construir consensos amplios y mayorías estables, dos condiciones necesarias para realizar las transformaciones profundas que el país necesita.
En Visión Desarrollista se observa que “tras el fin de la última dictadura se desarrollaron dos procesos en direcciones contrarias: la consolidación de la democracia y la decadencia económica con aumento de la desigualdad. Es cierto que las reformas impulsadas por el Proceso de Reorganización Nacional ya habían herido de muerte al modelo de desarrollo que, con sus más y sus menos, se había implantado en el país desde mediados de los 40. La industrialización por sustitución de importaciones, de todos modos, ya había chocado contra las limitaciones estructurales y la restricción externa. La crisis de deuda, la década perdida y el cambio de viento internacional, llevaron la política económica hacia el neoliberalismo. Y a la debacle económica y social que terminó en el 2001, hundió al radicalismo y destrozó el débil y bisoño sistema de partidos”.
La decadencia económica se refleja en el crecimiento de una pobreza ya configurada estructuralmente. Cuando asumió Alfonsín, las cajas PAN para paliar el hambre eran 600 mil. Hoy, entre la AUH y la tarjeta de Arroyo hay más de 4 millones de personas sumergidas en la indigencia sin perspectivas de inclusión laboral.
El establishment le dio duro a Kicillof
Kicillof emergió de las elecciones como un referente de la nueva política. Su proyección fue una construcción propia que inició en el secundario y en la universidad antes de llegar a ocupar cargos partidarios. Pocos días después de la derrota de octubre de 2015, ya congregaba multitudes y hablando de economía. Vive de su sueldo y no comete los deslices que genera la sensación del poder. Vive como un clase media argentino. Por eso el establishment le teme.
El fracaso de diciembre llevó a Clarín a titular una nota: “Kicillof entró con el pie izquierdo” para afirmar que “en su debut como gobernador de Buenos Aires, Kicillof ha demostrado por si hacía falta demostrarlo que la política no es su fuerte. Y lo ha demostrado pegándose un porrazo con la política”.
En Urgente 24, Edgard Mainhard titula: “Los tropiezos de Kicillof marcan el límite de CFK, y el origen del Albertismo”. Reflexiona: “…Axel Kicillof tendrá su legislación impositiva porque, de lo contrario, la Provincia de Buenos Aires sería arrastrada al default económico-financiero. Sin embargo, los problemas políticos dentro del oficialismo son evidentes y pueden obstaculizar la gestión del mayor distrito electoral del país. Para Cristina Fernández de Kirchner es un límite muy evidente a su liderazgo en el territorio donde, a la vez, ella acumula su poder personal. Cuando Axel Kicillof dijo en la UNPAZ (Universidad de José C. Paz) que Alberto Fernández conoce más de la ‘rosca’ (negociación política) mientras que él, gobernador bonaerense, se identifica con la gestión, es probable que el expositor creyera que destacaba sus virtudes personales pero, en verdad, él estaba describiendo su mayor obstáculo…”
No es necesario repasar más opiniones para destacar que el establishment le apuntó duro a Kicillof porque teme su emergencia política. Aprovechó las peripecias que tuvo que vivir para sancionar la ley impositiva. No inventaron nada. Los sucesos de Buenos Aires obliga no sólo al progresismo sino a toda la dirigencia política a hacerse cargo del fracaso de la democracia en regular al capitalismo salvaje que no sólo en la Argentina sino en todo el mundo ha entrado en una faz de destrucción orgánica. La vigencia del Teorema de Baglini no es alentador. Como señalan los desarrollistas, impide construir consensos amplios y mayorías estables, dos condiciones necesarias para realizar las transformaciones profundas que el país necesita. La historia, en poco tiempo ha reivindicado la actitud estratégica de los gobernadores en los años de Macri.

 

 

foto principal: Twitter de Axel Kicillof.