Cristina Britez y Cacho Barbaro serán los candidatos del Frente Pays. Las cartas están echadas y ya no hay vuelta atrás. Entre la tensión de afirmar su identidad y un proyecto de provincia o sumarse al proyecto de Máximo, los conductores del Pays optaron por abandonar la resistencia a los mandatos de los partidos de Buenos Aires y se sumaron a ellos. Buenos Aires repite como farsa la injerencia de 2007 en las elecciones provinciales.

Miércoles 21 de abril de 2020. Cristina Brítez y Cacho Bárbaro encabezarán la lista de candidatos a diputados provinciales por el Frente Pays de la Victoria en las elecciones del 6 de junio.
Es definitivo. La decisión fue tomada en Buenos Aires desde el comando electoral de La Cámpora y con el aval de la Casa Rosada. La jugada es táctica más que estratégica, pensada en medir el verdadero caudal de votos que se expresa en el espacio y a la vez posicionar a Brítez como candidata a gobernadora en 2023 en el proyecto Máximo Kirchner presidente.
De proyectos de provincia nada. Del veto presidencial a la zona especial aduanera, nada. Del incumplimiento del compromiso asumido por Alberto Fernández en la campaña de compensar a Misiones con un Fondo de Reparación Histórica por estar postergada en el reparto de la coparticipación, nada. Del lugar de Misiones en la Región en la guerra geopolítica que se libra en el Mundo desde los laboratorios, nada. Nada a pesar de nuestras fronteras permeables con el Brasil. Evidentemente, las candidaturas del dúo CB – CB es sólo una cuestión electoral.
De todos modos, la decisión pone luz en las causas por las cuáles Punchi Rockembach no será candidato más allá de las declaraciones cruzadas entre renuncias o desplazamientos. Eso ya es anécdota. Pero lo que no es anecdótico es el método.

Domado por el poder central

Bárbaro, en su intención de rearmar el Pays, que después de sumarse al Frente de Todos fue diluyendo su identidad provincial, había promovido la candidatura de un dirigente auténticamente emergente de los intereses sociales del interior misionero.
Ahora, como soldado de la causa, se vio en la encrucijada de acatar las órdenes de La Cámpora avaladas por el comando electoral nacional del FdT o plantarse en su propio caudal de votos. Chau Punchi. Chau proyecto. Acató. Era el curso más lógico ya que cuando fue consagrado diputado nacional en 2019 optó por integrar el Bloque oficialista arriesgando diluir su poder –local y acotado, pero identitario al fin- de representación del agro misionero al renunciar a conformar un bloque unipersonal. De ser el representante y la voz de los tabacaleros en el Congreso Nacional. Aparece ahora como un dirigente alineado con los porteños y con su espíritu rebelde tristemente domado, lejos de esas explosivas advertencias que llenaban su voz con la bronca de los marginados, allá en las riberas del Uruguay, como cuando no le cumplieron con nombramientos en el FET y no dudó en sincerar que estaban humillando al Pays.
Las cartas están echadas y ya no hay vuelta atrás. Entre la tensión de afirmar su identidad y un proyecto de provincia o sumarse al proyecto de Máximo, los conductores del Pays optaron por abandonar la resistencia a los mandatos de los partidos de Buenos Aires. Quedan silenciadas las luchas que fueron posicionando a Bárbaro desde una prédica que no tembló en criticar al poder porteño ya sea con Cristina Fernández o Mauricio Macri en la Presidencia.
El Pays deja así vacante el espacio de oposición a la Renovación desde un abordaje provincialista que fue construyendo desde su conformación. En la disyuntiva de hierro que plantea el federalismo termina cediendo autonomía en la toma de decisiones en favor del poder concentrado del Partido Nacional, que desde 1810 está en el Puerto de Buenos Aires.
De la revolución desde abajo y desde los márgenes que planeaba pasa a apostar ahora a la revolución desde el centro.
Y Brítez, sin caudal ni construcción propia, se cuelga de esta estructura comprometiendo recursos.

Atención los pichados. Hacer memoria

En el 18 de brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx construye la metáfora que se sigue utilizando en todo el mundo “la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa». Comparaba los golpes de Estado. El de Napoleón Bonaparte en 1799 que consagró la victoria de la burguesía francesa y su expansión a toda Europa, con el golpe dado por su sobrino Luis en 1852 ya no para cambiar la historia sino para contener las demandas de un pueblo hambreado y traicionado por el destino de la Revolución de 1789.
De la tragedia a la farsa. La metáfora explica bien la movida de Buenos Aires al exigir que en Misiones se repita la fórmula CB – CB para enfrentar a la Renovación.
El suceso de la historia como tragedia se registró en el 2007. Buenos Aires no digería la construcción del espacio político de extensión de la autonomía provincial en la toma de decisiones que se expresaba en el Frente Renovador. Las rupturas con los mandatos de los Partidos Nacionales, lideradas por Carlos Rovira fueron consecuencia de la crisis de representación que implosionó en 2001 con el que se vayan todos y la conformación de un espacio que expresa la identidad de lo misionero, que era una demanda subyacente en todos los reclamos sociales y sectoriales de la sociedad y común a todas las ideologías.
La lógica de la Democracia Centralizada con eje en el Partido sin fronteras con el Estado, nunca entendió la significación de la rebelión contra ese poder central. En consecuencia confundió el resultado del plebiscito de 2006 como un agotamiento del proyecto misionerista.
En lugar de reconocer al poder local para dialogar y consensuar, decidió entonces ir por todo. Puede que sea casual, pero Alberto Fernández era entonces jefe de Gabinete de Néstor Kirchner.
Con toda la furia, todos los recursos y el desfile de dirigentes nacionales, armaron, en la Casa Rosada, la alternativa Tschirsch.
La consigna: recuperar el PJ local como partido satélite del PJ Nacional. Con toda la carne en el asador: un vicegobernador, senadores, diputados, apellidos ilustres del pejotismo misionero jugaron a ganar. Perdieron. Fueron votados por un 30% menos de los respaldos de la Renovación que jugó el proyecto con un candidato que al arrancar medía 4%. No se trataba, como hoy no se trata, de nombres, sino de sentido. Misiones le ganó a Buenos Aires.
Hoy, con el mismo método, el mismo esquema y ambulancias para subir a los pichados de la Renovación y otra vez con Alberto Fernández en la Casa Rosada, se insiste en la movida. Sin la envergadura de dirigentes de entonces, si el armado de 2007 terminó en tragedia, la fórmula CB – CB puede terminar en farsa. ¿De qué lado están cuando los vetos perjudican a la provincia?
Mientras las candidaturas de la Renovación expresan un movimiento continuo y se van adaptando a los cambios que se registran en las relaciones sociales, las candidaturas del PJ se asemejan a las viejas prácticas de las burocracias partidarias.
Se puede traer también a Chavela Vargas. Llora cuando entona en “El último trago”:
“Nada me han enseñado los años/ Siempre caigo en los mismos errores / Otra vez a brindar con extraños/ Y a llorar por los mismos dolores…”.

EV – Misiones Plural