La noción básica del «orgullo LGTB» se sustenta en la idea de que ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, sea cual sea su sexo biológico, orientación sexoafectiva, su identidad sexual o su rol de género.

Martes 29 de junio de 2021. El Día Internacional del Orgullo, también conocido como Día Internacional del Orgullo LGBT y otras variantes, es un día no oficial que se celebra en todo el mundo cada 28 de junio en conmemoración de los disturbios de Stonewall de 1969, hace 52 años, para reafirmar el sentimiento de orgullo sobre las identidades y orientaciones sexuales y de género tradicionalmente marginadas y reprimidas.
También para visibilizar su presencia en la sociedad y sus reclamos.
A esta fecha se suman otras, algunas oficiales y otras espontáneas, con igual propósito.
La noción básica del «orgullo LGTB» se sustenta en la idea de que ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, sea cual sea su sexo biológico, orientación sexoafectiva, su identidad sexual o su rol de género.
Y surge como una respuesta política hacia distintos mecanismos que el sistema tradicionalista utiliza contra quienes se «desvían» de la heteronormatividad: la vergüenza, la exclusión y las agresiones físicas que pueden llegar hasta la muerte de la víctima. Desde lo lingüístico, el término «orgullo» designa ‘el amor propio o la estima que cada persona tiene de sí misma como merecedora de respeto o consideración’.
Es decir, refuerza la idea de dignidad, sin condicionamientos.
Los disturbios de Stonewall fueron manifestaciones espontáneas y violentas contra una redada policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969, en el bar Stonewall de Nueva York. Fue la primera vez en la historia de los Estados Unidos en que la comunidad LGBT luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con el beneplácito del Gobierno. Fue un movimiento por la igualdad de derechos, que el mundo comenzó a adoptar desde entonces, aunque muy tímidamente.
En la Argentina, los pueblos originarios tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas, en muchos casos admitiendo sexualidades no binarias y no héteronormativas. El Imperio Español impuso durante la conquista y colonización un régimen de violenta represión de las conductas no héteronormativas. Luego de la independencia en 1810-1816, la situación de las personas LGBT en la Argentina siguió la tendencia a la represión moral, médica y psiquiátrica que caracterizó en general a la cultura occidental.
Recién 150 años después, acá, en los años 60 y 70, aparecen las primeras organizaciones de la comunidad y comienzan las luchas por el reconocimiento de los derechos. Entre medio, las últimas dictaduras en nuestro país endurecieron la represión y empeoraron las condiciones de vida de las personas LGBT.
Con la recuperación de la democracia en 1983, comenzó un proceso sostenido de organización y movilización, que fue obteniendo progresos notables, pese a los intentos de los Gobiernos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem de frenar la visibilización y reconocimiento.
Pero para eso son las luchas, que fueron corriendo los encorsetamientos legales, morales y excluyentes. A partir de la primera década del siglo XXI, se obtienen avances en la lucha contra la homofobia y conquistas de gran valor, como la Ley de Matrimonio Igualitario (2010) y la Ley de Identidad de Género (2012). Y la semana pasada, la ley de cupo laboral trans que pone un piso para la incorporación de un sector muy vulnerable a los puestos de trabajo en el Estado.
Ayer fue el Día del Orgullo. Un día de lucha. Y la lucha por el orgullo es la lucha por la dignidad. Es nada más y nada menos, que la lucha por la identidad, un derecho de todes.