
Las declaraciones de Rovira formuladas a la prensa el jueves 5 en el Parlamento tienen lecturas que no se agotan en los anuncios concretos que formuló y que están en agenda. Se puede afirmar que esclareció las decisiones políticas que viene tomando la Renovación desde el 10 de diciembre y que han descolocado a más de uno. A pesar de la ola de descontento popular por la inflación y el desempleo, manifiestas en la movilización de las centrales obreras, en el golpe que le dio el Senado con la ley antidespidos, las preocupaciones de los obispos, y las internas en su gabinete, Rovira no se mostró dispuesto a especular con la fragilidad momentánea del Gobierno. “Hay que darle tiempo a las cosas”, afirmó para posicionarse lejos de apostar al fracaso de la gestión de Macri, pero mostrando a la vez firmeza para defender la autonomía de los misioneros en la toma de decisiones. Utilizó conceptos del Zygmunt Bauman que habla de la transición hacia una “modernidad líquida”, en consonancia con la prédica del fin de las certidumbres, para formar una metáfora: “la sociedad líquida se acomoda a las circunstancias, es cierto, pero recordemos que el líquido se acomoda a un recipiente. Cada realidad tiene un recipiente al que hay que acomodarse”. Ese recipiente, que recupera certezas y seguridades, es la doctrina humanista de la Renovación, el otro, es un gobierno nacional de signo diferente.
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