Citibank Argentina inició su retirada del país con el despido de 1.500 empleados de los 2.700 que tenía en 71 sucursales radicadas en 15 ciudades del territorio nacional. No hizo falta comunicado alguno para comprobar la veracidad de la información deslizada por la agencia Bloomberg y replicada aquí por Perfil y Página 12, ante el silencio de la red de medios que protege al gobierno de la Alianza Pro. El dato de los despidos fue develado por uno de los perjudicados por la medida a misionesplural.net . Subyace en la decisión del grupo neoyorkino el desinterés por el mercado interno y los planes de desarrollo económico. Se queda sólo para los negocios de la deuda, sin riesgo alguno.
La información del Bloomberg se limita a dar cuenta del cierre de la entidad en lo referido al negocio minorista, de la misma forma que sucederá en Brasil y Colombia. Directivos del Citi en Nueva York habían adelantado la intención de vender operaciones de banca de consumo en los tres países. Las empresas, que incluyen operaciones bancarias y tarjetas de crédito minoristas, serán transferidas de Citicorp en Citi Holdings y la caretera minorista será vendida a mejor postor.
EL ESTADO LO SALVÓ LA QUIEBRA EN 2008: Es cierto que la salida del banco responde a una estrategia de reducción de su presencia en el orden mundial ya que el Citibank viene retirándose de la operatoria minorista alrededor del mundo desde 2014, pero mantiene su operatoria corporativa: comercio exterior, colocación de bonos y grandes empresas. El Citi fue uno de los bancos que hizo temblar al sistema en la crisis financiera del 2008 que salió a la luz con la quiebra del Lehman Brother´s, por la gran pérdida de valor en los activos relacionados a las hipotecas «subprime». Entonces, el Citibank obtuvo un rescate económico por el gobierno de los Estados Unidos, por valor de 25 mil millones de dólares, adicionales a los $25 mil millones del apoyo inicial. Crisis que el poder hizo pagar a los ciudadanos norteamericanos. Antecedente suficiente para estar prevenidos. No les temblará el pulso para hacer lo mismo con argentinos y brasileños. En Misiones se recuerda la funesta participación del Citi en la compra de la mayor planta celulosa de la provincia en los 90. La imagen del gobernador Ramón Puerta con Richard Handley acompañándolo en las caravanas de la campaña electoral, fue un símbolo categórico de la década del neoliberalismo. Tuvo su propia AFJP, Siembra, que fue denunciada y sentenciada por malversar los fondos de los jubilados. Como reveló Página/12 el Citibank estuvo involucrado en casos de sobornos, evasión, vaciamiento de empresas y bancos, fuga de dinero ilegal, tráfico de influencias entre otras modalidades violatorias de la ley y como si fuera poco, involucrado en el boicot de los buitres contra la Argentina.
INTERNA ENTRE BANCOS Y EL CÍRCULO ROJO: De una primera impresión, parecería paradójico que el Citi se vaya justo cuando el gobierno de Macri inicia un desaforado proceso de liberalización y desregulación en toda la economía. Pero una lectura atenta al contexto, revela que el Grupo del imperio está demostrando su desinterés por el desarrollo argentino y sólo se queda para los negocios más grandes y sin riesgos. Entiende que el ciclo de expansión de la demanda está agotado por lo que no habrá inversiones. No es difícil darse cuenta que el gobierno de la Alianza Pro representa a los capitales más concentrados del país, cuyo primer objetivo, como subraya Horacio Rovelli, “es reconvertir la economía Argentina para beneficiar a los sectores exportadores (quienes se beneficiaron con una devaluación que a mediados de enero de 2016 alcanza al 50%, y con la quita y /o reducción de las retenciones o derechos de exportación) y al sector financiero internacional, que está enquistado en el Ministerio de Hacienda y Finanzas y en el BCRA, principales resorte de la economía corto placista y supeditada a la tasa de interés compuesto”. Pero como el mismo economista señala, hay una contracción entre estos dos grupos, que afirma “no va a ser fácil de salvar y que va a provocar crisis en la administración. Es lo que el mismo Macri definió como el “Círculo Rojo”, círculo compuesto por los grandes comercializadores y acopiadores de grano, y algunas empresas puntuales con sesgo exportador como son los casos de Techint, Aluar, Arcor, más las aceiteras y las extractivas (pero estas últimas muy disminuidas por la caída del precio de los minerales y de los combustibles), por un lado, y los bancos internacionales deseosos de repetir la “bicicleta financiera” de mediados de los setenta y los noventa, que trataron de instrumentar al principio cuando fijaron el valor del dólar por debajo de los $ 14.- y el tipo de cambio futuro a diciembre de 2016 en $ 17,45 (tras una devaluación inicial del 40%, querían una depreciación cambiaria en torno al 25% para el año, por lo que la tasa de interés de los depósitos de los bancos y de rendimiento de los títulos públicos en pesos en tono al 30% permitía el ingreso de dólares financieros –capitales golondrinas- convertirse en pesos, para después volver en un año a dólares ganando una tasa del 5% o más en moneda dura). Esa “bicicleta” es la que está jaqueada por el “círculo rojo” que pretende la mayor devaluación posible para que le den más pesos por cada dólar de sus exportaciones.

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