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Franco junto a Recalde (foto: Internet)

“Se van a llevar puesta a la política”, alertó Jorge Franco al observar críticamente el escenario público ganado por la acción psicológica desplegada por los medios hegemónicos. El diputado renovador sostiene que la prédica de la anti-política, centrada en la lucha contra la corrupción, fragmenta la realidad y oculta las cuestiones de fondo que son los efectos sociales de las medidas económicas. “Si seguimos así –pronostica- la sociedad volverá a reclamar que se vayan todos”. La percepción de Franco, que fue compartida en la Casa Rosada, no es caprichosa, justamente este fin de semana, editoriales de Ignacio Fidanza y Claudio Scaletta, advierten sobre el riesgo que corre el gobierno de Mauricio Macri de ceder ante los poderes que, inversamente, se fortalecen con el debilitamiento de la política.

POSADAS (lunes 11 de abril). El diputado nacional Jorge Franco denunció hoy, aquí en declaraciones a nuestros periodistas, que los medios hegemónicos vienen ocultando los problemas sociales originados en las medidas económicas del gobierno nacional y con ese propósito agitan denuncias y centralizan los títulos en la lucha contra la corrupción. Militante de la política desde sus año universitarios, Franco percibe, se puede decir olfatea, que la ofensiva puede “llevarse puesta a la política”. Observa que los agentes de la “anti-política” se encuentran detrás de las denuncias y las operaciones judiciales con el propósito de debilitar la representación de la política, única alternativa de expresión que tiene la soberanía popular para defender derechos ante el poder del dinero.
Franco sostiene que el debate de la política debería centrarse en los efectos sociales de las medidas económicas tomadas por la Alianza PRO Cambiemos y en las relaciones institucionales que ya dieron respuestas en los acuerdos alcanzados desde el Congreso con el Ejecutivo.
“Creía que sólo estaba sucediendo en Cerro Azul, pero me informan que está sucediendo en todo el país, la gente sin recursos está volviendo a los comedores comunitarios para alimentarse”, reveló, para subrayar que estos son los temas que se deberían debatir. Los ejes de la economía de los últimos doce años, eran la distribución de la renta para sostener el ingreso popular y el consumo, los subsidios a los pequeños industriales y un Estado capaz de sostener la Educación y la Salud pública. Del otro lado dirán que se dilapidaron doce años y no se pudo trasformar la estructura económica del país que sigue dependiendo de la agroindustria, que se debía corregir el déficit fiscal y que la concentración del poder Ejecutivo nacional perjudicó a las provincias o que no teníamos acceso al crédito. “Hay mucho para discutir, como la inflación y sus causas”, agregó Franco, pero todo queda debajo de la alfombra de la corrupción.
Reveló Franco que esta inquietud fue considerada en la Casa Rosada en reuniones con el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y el ministro político de Macri, Rogelio Frigerio.

Percepción generalizada
La advertencia, digamos la percepción, del diputado que representa a la Renovación en el Congreso de la nación, no casualmente fue compartida este fin de semana por analistas de signo ideológico diferente, como Ignacio Fidanza de lapoliticonline.com y Claudio Scaletta en Página 12.
Dice Fidanza en una nota que titula: “Mani Pulite: Macri danza con el Diablo”, que “tenemos un ala de la coalición del oficialismo que viene con una agenda de lucha contra la corrupción como eje central, una idea ajena a Macri, que está centrado en el reordenamiento económico y que la Argentina vuelva a crecer, un anhelo mayoritario por otro lado. Ahí está Brasil para recordarnos que las crisis políticas no son neutras: El año pasado su economía tuvo una histórica contracción del 4 por ciento que podría repetirse este año. Como sea, el honestismo como idea política es la posición que visibiliza Lilita Carrió, pero que la excede y que incluye a factores de poder real –esos que se fortalecen con un sistema político débil- y tal vez algún interés geoestratégico. ¿Está equivocada entonces Carrió? No. La corrupción es una lacra muy extendida en la Argentina, que ha lastrado buena parte de los procesos mejor encaminados de nuestra historia. No hay respuestas fáciles para la situación actual. Por eso, Macri puede hacer casi todo menos una cosa: No tener una idea clara sobre cómo se entra y como se sale de este proceso. Hoy lo que se ve, como entonces, son contradicciones. Entre un ala que agita el Mani Pulite y otra que busca atemperarlo. Pero sin coordinación. Esto envía mensajes confusos a la política, que puede ingresar en un peligroso círculo de paranoia y vale todo. Estamos en la puerta de una situación estilo tiroteo en la cantina, donde todos les tiran a todos y al final sólo se salva el cantinero. ¿Quién será el próximo cantinero?
Scaletta, en una nota que titula Búmeran, hace referencia a la difusión de los Panamá Papers, dónde fueron a buscar a los K y encontraron a Macri. Destaca que “ninguna de las promesas del equipo económico fue alcanzada. No entran capitales, no se consigue crédito externo más barato y no se recupera ninguno de los componentes de la demanda agregada, ni siquiera las exportaciones; afectadas duramente por su verdadero determinante: la demanda externa. O sea, ni los costos internos, ni el tipo de cambio competitivo, ni ninguna de esas creaciones imaginarias destinadas a transferir recursos sociales a los exportadores. Para peor, frente al déficit contable creado como consecuencia de la eliminación de ingresos y la caída del PIB, la administración macrista optó por reducir el gasto afectando especialmente a los sectores que destinan la mayor parte de sus ingresos al consumo, como por ejemplo los jubilados, a quienes se les recortó cobertura…Como todo sale mal, pero la cobertura mediática no presenta fisuras — la derogación por decreto de la ley de medios fue convalidada por un Congreso oficialista — se desató un festival informativo sobre presuntos casos de corrupción del gobierno anterior con especial énfasis en el lavado de activos. Pero ocurrió con tanta mala suerte, que justo se yuxtapuso al escándalo mundial por la filtración masiva de documentos sobre la creación de empresas offshore, firmas principalmente utilizadas para eludir al fisco y lavar activos; uno de los orígenes de las ingentes masas de dinero negro que cotidianamente alimentan las finanzas globales. Grande debe haber sido la zozobra del “periodismo de investigación”, abocado durante años a la búsqueda de la imaginaria “ruta del dinero K”, al encontrar allí nada menos que a Mauricio Macri y, en cambio, ningún apellido Kirchner
Los funcionarios venales, el piove, governo ladro, existen desde el principio de la historia. Para no recaer en el honestismo desde la vereda de enfrente, o en el doble estándar, resulta útil repasar el surgimiento de la corrupción como eje del discurso político, lo que supone comenzar mucho más acá en el tiempo. El discurso anticorrupción creció luego del fracaso de las políticas neoliberales reseñadas por el Consenso de Washington, primero, y para atacar a gobiernos populares, después. En el primer caso fue explicativo, en el segundo una estrategia de lucha política.
Finalmene cabe recordar que misionesplural.net en una nota reciente hacía mención también a este riesgo promovido por la anti-política. Se mencionó a Martín Caparrós, al que no se lo puede catalogar de kirchnerista, cuando hizo una observación muy aguda en una nota publicada, hace años, en el malogrado diario Crítica y a la que tituló “El “honestismo”. Señalaba que es una postura engañosa e inconducente para el debate política que por un lado, en cualquier fuerza política conviven dirigentes honestos y deshonestos y al mismo tiempo la gestión de un gobierno neoliberal será diferente de uno populista, por más que ambos estén conducidos por “personas de bien o por corruptos”. Se hace notar así, que la concentración del discurso mediático en la corrupción, modifica el eje central de la discusión política. Es cierto que es legítima la preocupación por la corrupción, pero también es cierto que, como único tema, empobrece el debate de fondo por los proyectos de país.