Todo hace prever que el voto electrónico será aprobado por el Senado sin el chip. De todos modos, con o sin chip, y más allá de las cuestiones denunciadas por los expertos, constituye un avance de los poderes estamentales de la Argentina sobre la acción política. Deslizamientos en el Senado dejan entrever que no conforma a la Justicia Electoral.
Carlos A. D´Onofrio
Posadas (Miércoles, 2 de noviembre) La reforma electoral que proyecta el gobierno de Mauricio Macri, no casualmente es llamada reforma política. Lo formal del proyecto, presentado como modernización y garantía del pronunciamiento electoral, es la introducción del voto electrónico, pero su núcleo es inconfensable: perpetuarse. Al respecto han opinado expertos de todas las latitudes incluido el fundador de Wikileaks, Julián Assange. Su opinón fue lapidaria: “es un suicidio para elecciones nacionales». El creador de la organización responsable de la mayor filtración de documentos oficiales de la historia, que puso en jaque a los Estados Unidos, consideró que emplear el sistema de voto electrónico en elecciones presidenciales «es una locura absoluta ya que es muy fácil de manipular». «La criptografía es fácilmente modificable», explicó. «La gente que votará en los comicios no puede saber si los controles que supuestamente existen, realmente se establecerán”.
¿De dónde saca la audacia el asesor y amigo del Presidente, José Torello para mostrarse convencido del sistema? Ayer pasó por el Senado para presionar a los senadores. Como producto PRO puro pasó por la sala de periodistas para lanzar la consigna: “si el Senado no aprueba el proyecto de Reforma Política para instaurar el sistema de voto por Boleta Electrónica con chip como quiere el Gobierno y rechaza el peronismo el Poder Legislativo demostrará que no está a la altura de las demandas de la sociedad». Torello, compañero de colegio de Macri e histórico apoderado del PRO, habló en la sala para un título de Clarín. «El chip que se aplicará será inviolable para los hackers informáticos», afirmó y lanzó un ultimatum: «esto no es algo negociable para el Gobierno». Evidentemente estaba nervioso con los tiempos políticos del ministro Rogelio Frigerio que en ese momento exponía en comisión como corresponde en el trato entre partidos políticos y los representantes.
El fraude como excusa
Pero la clave del mensaje de Torello, que es el mensaje de Macri, es vincular a “los que se oponen al chip con un retroceso a la época donde hacían voto en cadena o se robaban las boletas». Precisamente, es el contra argumento de los senadores del amplio arco de las oposiciones en la charla con el ministro del Interior. Sostienen, con documentación abundante, que hackear el recuento electrónico es posible y por eso, los países que habían utilizado este sistema lo están abandonando para volver a la boleta de papel, como es el caso de Alemania y Holanda. Denuncian que con el chip, Macri puede hacer fraude, aunque diga que es patriótico. De todos modos no se oponen al mecanismo electrónico de emisión del voto, sólo que confían, no el chip, sino en el comprobante impreso que luego se deposita en la urna. Frigerio, con más cintura política que el compañero de Mauricio, al parecer se conforma con dar el primer paso y abrió el frente en la Justicia Electoral. Afirmó que no se habló de un tipo de tecnología específico para el conteo de los votos y destacó que la propuesta además debe pasar el filtro de la Justicia Electoral.
Dudas en las Justicia Electoral
Precisamente, de acuerdo con deslizamientos de información en el Senado, los jueces electorales no tendrían una opinión favorable, no sólo con el chip, sino con el sistema electrónico, precisamente por los antecedentes en países como Alemania que lo está dejando en el pasado. En las audiencias convocadas por las comisiones de Asuntos Constitucionales, Justicia y Asuntos Penales y Prespuesto y Hacienda (todas presididas por el FpV-PJ), mañana serán de la partida Alberto Dalla Vía y Santiago Corcuera, los integrantes de la Cámara Nacional Electoral. Según trascendió, tienen posición tomada. Entre las objeciones que presentaron, se contabilizan las coyunturales. Entienden que no se llegaría a tiempo para las parlamentarias de octubre de 2017. También tendrían una opinión crítica al hecho del proveedor del sistema, que no es imparcial por sus relaciones con el presidente Macri. Además, en la Cámara se computa el antecedente de la elección porteña del año pasado cuando distintos técnicos informáticos advirtieron sobre las vulnerabilidades del chip RFID, que se ha demostrado puede ser fácilmente leído a la distancia e incluso modificado y/o dañado para alterar la voluntad del votante. Hay que recordar que las imputaciones le valieron a un programador, Joaquín Sorianello, que fuera detenido y su casa allanada por demostrar las fallas del sistema de la empresa Magic Software Argentina. Si bien fue sobreseído, el antecedente quedó registrado como prueba de la vulnerabilidad del sistema. Los jueces observan asimismo que los partidos políticos no tienen la capacitación suficiente, algo que podría demorarse más de un año largo. Precisamente, en su exposición en la audiencia de ayer, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, fue más cauto que el amigo asesor Torello. Avirtió que todavía «no se habló de un tipo de tecnología específico» para el conteo de votos porque la propuesta, insistió «tendrá que ser validada por la Justicia Electoral».
Enajenación de la política
Pero más allá de estos planteos, digamos técnicos, la introducción del voto electrónico y más con boleta única lleva implícita la desaparición de una de las herramientas de la militancia: la boleta impresa. Por eso el deslizamiento del objetivo del macrismo cuando habla de reforma “política” y no meramente electoral. Se esconde en el proyecto un avance de los poderes estamentales o corporativos de la Argentina sobre el sistema de partidos políticos como indispensables mediadores entre el Estado y la sociedad civil.
Hablamos de enajenación quizá abusando de las categorías marxistas para poner en consideración uno de los efectos probables de la aplicación de una boleta electrónica: la desmovilización. Para Marx, el joven Marx de los Manuscritos, la enajenación es: un Proceso histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y termina siendo hostil contra su creador. Aunque Marx los utiliza como sinónimo a alienación, éste concepto tiene un origen psicológico y “enajenación” económico. Sostiene que es una pérdida, expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del ser humano. Algo está alienado o enajenado cuando ya no nos pertenece. Podemos predecir que el mismo mecanismo podría operar en la psiquis del militante. Sin la boleta, el voto no le pertenece. El aparato electrónico se hace así extraño, ajeno. Un paso a la disociación y la disgregación posmoderna. Una herida a la militancia y por extensión a los partidos populares. El voto electrónico consagra así al dueño de la empresa que también debilita a la Justicia Electoral.
Democracia y corporaciones
Cuando Raúl Alfonsín fue consagrado en 1983, llegó a la Presidencia fuerte en el país de los ciudadanos pero débil en el país de las corporaciones. La violencia institucional, que el pueblo pretendió dejar atrás con el pronunciamiento del 30 de octubre, estaba ligada a un país con predominantes características corporativas. En la Argentina, a diferencia del modelo fascista que subordinaba las corporaciones y la misma Nación a los intereses del Estado, el Estado, en 1983, estaba al servicio de las corporaciones y de los sectores de poder encubiertos por ellas. Estos sectores hegemónicos y de poder incapaces de adaptarse a las reglas democráticas, así como de emprender los riesgos de la gestión empresarial, habían utilizado al Estado argentino para crear y consolidar su proyecto económico. Para ello, para que la apuesta fuera segura y el riesgo cero, no bastaba con controlar los resortes económicos, había que apropiarse del Estado y usarlo para emprender las aventuras económicas que permitieron consolidar su hegemonía y su poder. Con Menem se aproximaron, hoy con Macri, esas elites controlan ya directamente el Estado. Mucho más alertas que la resistencia, saben bien que llegaron en elecciones por una carambola de la historia. Por eso pretenden perpetuarse modificando las reglas. Manejar las elecciones a través de un chip es, en ese sentido, una maniobra táctica de la estrategia de mantenerse en el control del Estado. Como en la transición de los años de Alfonsín, la contradicción fundamental de estos tiempos no puede ser otra que Democracia – Autoritarismo. Autoritarismos que no conceptualizamos desde un marco teórico sino desde su propia práctica. La elite hegemónica, el círculo rojo si se quiere, incapaces de practicar las reglas democráticas, aglutinados en corporaciones cerradas, resisten las políticas distributivas desde el poder financiero sin descuidar la batalla cultural que dieron, como siguen dando, a través de la propiedad de los medios de comunicación. Por eso Torello se cortó ayer a la sala de periodistas. En su imaginario, los cronistas de Clarín y La Nación tienen más gravitación que los senadores que a esa hora estaban en la audiencia con un ministro.
