En diálogo con Plural TV, Nicolás Andorno analiza la complejidad de la sexualidad humana, desmitificando tabúes y revelando cómo la sociedad y la fantasía personal configuran nuestra manera de vivirla, en un contexto donde los mandatos sociales imponen normas y condicionan las identidades sexuales.
Miércoles 28 de agosto de 2024. La sexualidad humana, a menudo percibida a través de categorías como heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y transexualidad, es mucho más compleja de lo que estas etiquetas pueden abarcar, afirmó el licenciado en Psicología, Nicolás Andorno en Plural TV, donde resaltó también que individuo vive su sexualidad de una manera única, influenciada por su historia personal y su mundo de fantasías.
Andorno explicó que, a diferencia del mundo animal donde la sexualidad está regida por el instinto y la reproducción, en los seres humanos el impulso sexual es más difuso y está profundamente arraigado en la búsqueda de placer desde los primeros días de vida. Las zonas erógenas, descubiertas casi al azar durante la crianza, juegan un papel crucial en la formación de la sexualidad, pero es la fantasía la que verdaderamente da forma a la experiencia sexual de cada persona, explicó.
La sexualidad, según Andorno, no viene predefinida genéticamente; más bien, se moldea bajo los regímenes impuestos por la sociedad. La idea de lo que se considera una «sexualidad normal» es, en realidad, el resultado de condicionamientos sociales que comienzan desde la niñez y se consolidan en la adultez. Así, las normas culturales y sociales determinan la forma en que los individuos ejercen su sexualidad, limitando, pero también desbordando, cualquier estructura impuesta.
En cuanto a los mandatos sociales, Andorno señala que vivimos en una sociedad monógama y heteronormativa, donde estas normas fueron impuestas históricamente para estructurar la familia y la sociedad en su conjunto. Sin embargo, estas imposiciones generan tensiones en los individuos, quienes muchas veces reprimen deseos y fantasías para encajar en las expectativas sociales. Esto se refleja, por ejemplo, en la diferencia entre prácticas sexuales consensuadas, como los encuentros swinger, y prácticas ilegales y violentas como el abuso de menores (mal llamada pornografía infantil), que Andorno menciona en referencia a los casos recientes que impactaron en la sociedad misionera.
La represión y la normatividad, concluye Andorno, hacen que la sexualidad siga siendo un tema tabú, especialmente entre los hombres, quienes enfrentan dificultades para expresar sus vulnerabilidades en un mundo que aún busca encajar la complejidad de la sexualidad humana dentro de estructuras rígidas. Esta tensión entre lo socialmente aceptado y la diversidad inherente al ser humano es, todavía, uno de los grandes desafíos a la hora de hablar abiertamente sobre sexualidad.
Nicolás Andorno en Plural

-¿De qué tema vas a hablar hoy Nicolás?
-Vamos a hablar sobre sexualidad humana y su diversidad, sobre todo. En principio es un tema difícil de abordar porque es un tema tabú. A veces se la intenta definir a partir de determinadas categorías como la heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, transexualidad; pero, de alguna manera, esas categorías son pretenciosas porque la diversidad existente desborda cualquier tipo de categoría. Para dar un ejemplo, cualquier persona heterosexual vive su sexualidad de un modo totalmente distinto. Lo que se pone en juego en cada relación sexual de cada sujeto, sin importar su orientación, es algo distinto. Cada uno lo vive de modo distinto porque, de alguna manera, esa sexualidad tiene mucha apoyatura en la fantasía, y esa fantasía depende de la historia de vida del sujeto. Lo que recrea el sujeto durante el ejercicio de su sexualidad es pura y exclusivamente parte del mundo fantástico del sujeto, donde el encuentro con el otro es más que nada una apoyatura para el despliegue de esa sexualidad o de esa fantasía.
-Tengo una pregunta para entender: ¿la sexualidad viene formateada con el ser humano? ¿Se formatea en la sociedad, en la familia; con todo junto?
-Es muy buena pregunta, sobre todo para romper con determinados estigmas o ideas que plantean que hay cuestiones que ya están determinadas genéticamente. Eso se da más que nada en el mundo animal. La sexualidad en el mundo animal está determinada en función de lo instintivo y de la reproducción. En la sexualidad humana no es así. En la sexualidad humana, el impulso sexual imaginario no tiene ninguna forma. El impulso sexual en un bebé recién nacido se propone en función de la búsqueda del placer o de la satisfacción que le dio la estimulación de una zona del cuerpo. Hay determinadas zonas del cuerpo que, al ser estimuladas brindan placer, a esas zonas se las llama erógenas. El bebé se va encontrando esas zonas erógenas casi de casualidad, y eso tiene que ver con los intercambios propios de la crianza. Por ejemplo, el contacto durante la alimentación del niño, el contacto de la boca, de la mucosa oral con el pecho materno implica un placer que va más allá de la alimentación. A partir de ahí, el niño comienza a buscar ese placer encontrado. Entonces, a esa alimentación o a ese impulso alimenticio se le suma el encuentro con el placer oral. De esta manera, se empieza a definir una de las primeras zonas erógenas, que es la boca. Así se van encontrando otras zonas hasta que se llega al desarrollo de la genitalidad, donde los genitales comienzan a tener un primado en relación con lo que tiene que ver con el ejercicio del placer en la estimulación de estas zonas erógenas; y más allá de la estimulación de las zonas erógenas, mucho pasa por la cuestión de la fantasía. La sexualidad humana se va definiendo a partir de determinados regímenes impuestos por la sociedad. Lo que entendemos como una sexualidad normal, en realidad, es el resultado de condicionamientos que ha tenido el individuo a lo largo de su vida, desde que era muy pequeño hasta su vida adulta, y que van dando como resultado una determinada orientación o identidad, que es cómo vivimos la sexualidad los adultos. Entonces, no hay nada prefigurado de antemano. Lo que hay es una sexualidad que se ajusta un poco a lo que la sociedad manda, y lo manda en un determinado momento histórico y en el contexto de una determinada sociedad o cultura. Entonces, es la cultura y la sociedad, con sus cuestiones reinantes, las que van delimitando y definiendo cómo va a darse la sexualidad en el individuo, que nace sin forma, nace como un impulso que busca satisfacerse, y luego va cobrando forma a partir de lo que la sociedad le muestra de cómo tiene que ejercer su sexualidad. Pero la diversidad y la fantasía que se ponen en juego desbordan cualquier tipo de estructura o régimen impuesto.
-¿Ese mandato social incide en un formateo general mayoritario de la sociedad?
-Por supuesto. Esta sociedad es monógama y heteronormativa, esta es, de alguna manera, la idea reinante que se tiene sobre la sexualidad. Si uno se remonta un poquito a la historia de esta tierra colonizada hace 500 años, cuando los jesuitas comenzaron a organizar a los guaraníes, estos eran polígamos, no eran monógamos. Cuando hablamos de monogamia, hablamos de una persona de un sexo determinado con otra persona del sexo contrario, pero uno a uno. En el caso de los guaraníes existía la poligamia; no era uno a uno, era uno en función de un grupo, de una grupalidad. Entonces, si lo entendemos de esta manera, hace 500 años que existe la monogamia en esta tierra, y el hombre es hombre desde hace más de 30 mil años. ¿Qué son 500 años en la historia de la humanidad? Es una colita de historia. Sin embargo, nosotros creemos que esta es la naturaleza. Pero de ninguna manera, la naturaleza humana siempre es cultural, y lo que hoy vemos como «lo normal» es el resultado de cómo la sociedad fue imponiendo sus regímenes sexuales en esta tierra, comenzando por los jesuitas que instauraron ese régimen de monogamia en función, obviamente, de determinados intereses sociales, como es, por ejemplo, la estructuración de la familia. Para definir una célula familiar, una célula social, había que encuadrar la sexualidad y proponerla como monógama y heteronormativa a los fines de crear la familia. Por eso digo, cada sociedad, en función de sus intereses y estructuras, le va imponiendo al individuo un modo determinado de ejercer su sexualidad, y eso se entiende como la sexualidad normal.
-¿Se va poniendo en tensión también con estos mandatos?
-Por supuesto que se va poniendo en tensión porque hay mucho de mi deseo sexual y mi impulso sexual que termino reprimiendo para, de alguna manera, sentirme parte de esta sociedad, y todo eso que voy reprimiendo se va al terreno de la fantasía, y en el acto sexual, esa fantasía logra expresarse, exponerse, a partir del consenso, del acuerdo con otro, y demás cuestiones. Lo que más me motivó a hacer este planteo fueron algunas noticias locales que han conmocionado mucho a la sociedad misionera, y que fueron como disparadores para poner el tema en agenda. Una de estas situaciones tiene que ver con la del diputado imputado por tenencia y reproducción de pornografía infantil, y la otra es la segunda edición de un encuentro swinger que se había planteado. Es como que todo el mundo hablaba de estos temas: uno legal y el otro ilegal porque este diputado es imputado por un crimen, mientras que lo otro, que también espanta un poco, que es el encuentro swinger, de alguna manera se propone en un terreno dentro de la legalidad. Y la diferencia, sobre todo más allá de la legalidad, la encontraría en la cuestión de los acuerdos, de la simetría, del ejercicio del poder y del consenso del otro.
-Simetría en el ejercicio del poder al hablar de adulto-adulto.
-Claro, por ejemplo acá, si nosotros ponemos estos criterios en juego, vamos a ver la diferencia entre un acto y el otro. En las prácticas ligadas a la pornografía infantil —sea por la producción de pornografía, la comercialización o distribución, o por la tenencia de pornografía infantil— se propone como una práctica ilegal, pero también, más allá de esto, se propone como una práctica perversa o morbosa porque, de alguna manera, implica un ejercicio de un poder violento sobre otro. Un adulto y un niño no son simétricos, no están en igualdad de condiciones. Por otro lado, la sexualidad del adulto del cual se genera la cuestión de la pornografía desborda las posibilidades de un niño de pensar su propia sexualidad. Esto va causando determinados síndromes y alteraciones en un desarrollo normal que van a perjudicar absolutamente la sexualidad de ese niño, no es consensuada, es de alguna manera un ejercicio violento porque hay una coacción por parte de un adulto. Por eso también se lo piensa como un acto criminal y morboso. Digo criminal por un lado porque, a veces, la legalidad a lo largo de la historia ha tratado legalmente cuestiones que también eran morbosas y, a veces, propone en terreno de la ilegalidad cuestiones que por ahí no necesariamente tienen que ver con un daño a otro. Y por otro lado, en lo que tiene que ver con los encuentros swinger, se puede ver cómo esto se da en el marco también de determinados cuidados, determinado acceso a información. Y lo que brinda es una posibilidad de que los adultos, con una sexualidad ya definida, puedan acceder a otro tipo de prácticas o ejercicios sexuales, sobre todo, donde lo que reina es el acuerdo; es decir, que el otro está de acuerdo en aceptar esas reglas del juego, se explican las reglas, se consensúan, se acuerdan y se aceptan; no hay imposiciones, y si lo podemos pensar inclusive, desde la cuestión de la clandestinidad, la monogamia muchas veces termina siendo la causa de las infidelidades, porque las infidelidades se proponen justamente cuando la sexualidad desborda a un sujeto, desborda la estructura monógama que le impone la sociedad, y aparecen las infidelidades. En cambio, cuando hablamos, por ejemplo, de un encuentro swinger, ahí hay acuerdo, no hay infidelidad porque hay un acuerdo real entre la pareja. No existe una imposición, y cualquier estructura que vaya a proponer cualquier categoría que la sociedad ponga sobre cómo debe ejercerse la sexualidad siempre va a ser pretenciosa y contraria a la verdadera naturaleza del hombre, que es diversa.
-¿La sexualidad todavía es un tema tabú?
-Seguro que es un tema tabú, por eso conmueve tanto. Es un tema absolutamente tabú porque son cuestiones que no se hablan. Justamente, eso también hace que sea una de las principales causas de consultas en los consultorios psicológicos. Es un tema que es difícil encarar, difícil de hablar, se pone en juego un montón de vulnerabilidades, a veces más para el hombre, porque la masculinidad tiene que ver más con esta cuestión de no mostrar tu vulnerabilidad. Eso también lleva a que, muchas veces, esto no se pueda poner en palabras, no se pueda empatizar ni llegar a acuerdos justamente por lo desbordante que es la propia sexualidad humana cuando se la quiere encajar en una determinada estructura.
