Myriam Duarte analizó la creciente interrelación entre Latinoamérica y China en su columna de plural TV. Destacó la influencia de la filosofía china en los proyectos de infraestructura y el desarrollo económico regional.
Jueves 19 de septiembre de 2024. En el contexto de los proyectos de infraestructura global que China viene impulsando, se celebró recientemente en La Plata un congreso latinoamericano de estudios chinos. Myriam Duarte, que participó del encuentro, destacó la profundidad y relevancia de los conocimientos compartidos, subrayando la importancia de estas interrelaciones tanto para Latinoamérica como para China.
Este encuentro reunió a especialistas de diversas partes del mundo, incluyendo a académicos de universidades chinas, quienes participaron de manera remota. Duarte explicó en su columna de Plural, programa periodístico de Canal 4 Posadas, que los estudios chinos abarcan dos ejes principales: filosofía y cultura, y política y economía. Estos ejes, aunque distintos, están profundamente entrelazados en el pensamiento chino, que no ve estas áreas como separadas, sino como parte de un todo unificado bajo conceptos clave.
Un concepto central en la filosofía china es el de «destino compartido». A diferencia de la noción occidental de futuro, que es incierta y abstracta, el destino compartido se construye colectivamente, partiendo de la idea de que «somos todos uno bajo el cielo». Este enfoque promueve la armonía en lugar de la hegemonía, permitiendo que cada pueblo se desarrolle según su propia identidad y en paz.
Esta filosofía choca con el individualismo y el control hegemónico, promoviendo en cambio un intercambio permanente y abierto. Duarte menciona el proyecto de La Franja y la Ruta, iniciado en 2013, como un ejemplo de cómo China busca desarrollar infraestructura globalmente para fomentar el desarrollo económico y social de manera inclusiva.
Además, Duarte opuso en relieve la manera en que China integró sus corrientes filosóficas en políticas de Estado, algo sin precedentes en su historia moderna. La filosofía de Confucio, que aboga por la armonía y el cuidado mutuo, es fundamental para el abordaje que hace China en su interacción con el mundo. Este enfoque se refleja en sus proyectos internacionales y en su política interna, donde priorizan el bienestar común y el desarrollo integral de su población.
En el ámbito político y económico, Duarte hace un paralelismo entre la filosofía china y el peronismo argentino, ambos centrados en el bienestar del pueblo y en la noción de que el desarrollo individual debe contribuir al bien común. La iniciativa de La Franja y la Ruta, dice, busca desarrollar infraestructura y a la par, mejorar la salud y la educación en los países asociados, promoviendo un crecimiento sostenido y armónico.
Sobre el final, Duarte abordó el escepticismo que puede surgir en Latinoamérica frente a la creciente influencia china. Sin embargo, destaca que la historia de China, marcada por periodos de colonización y humillación que forjó una política exterior que busca evitar la imposición y promover la cooperación. En contraste con otras potencias, China propone un modelo de desarrollo que no impone restricciones comerciales ni políticas, sino que se basa en acuerdos estatales y en el respeto mutuo.
La colaboración entre Latinoamérica y China, fundamentada en estos principios filosóficos y prácticos, propone un futuro de desarrollo compartido, armonioso y sostenible, que respeta las identidades y necesidades de cada región.
Myriam Duarte en Plural TV (en dos videos)
-¿Con qué tema venís hoy Myriam?
-Vengo con un tema que tiene que ver con las interrelaciones entre Latinoamérica y China en el marco de los proyectos de infraestructura que viene desarrollando China de manera internacional. Hace pocas semanas se llevó adelante en la ciudad de La Plata un congreso latinoamericano de estudios chinos, del que participé. La verdad es que me parece que el bagaje de formación y de conocimiento que apareció no solamente fue larguísimo para participar, sino también necesario de ser compartido.
-¿Estudios chinos en qué sentido?
-Tiene que ver con una línea de trabajo que vienen llevando adelante organizaciones, instituciones, universidades de Latinoamérica en relación con China y también sobre China desde hace alrededor de 20 años. Involucra tanto el trabajo con, como el trabajo sobre cuestiones relativas a China. Participaron especialistas de distintos lugares del mundo, de manera presencial o remota, con una importante cantidad de presentación de trabajos, investigaciones y proyectos en distintas líneas. Me pareció interesante separar esto en dos ejes fundamentales: por un lado, lo que tiene que ver con la filosofía y la cultura; y por otro lado, lo que tiene que ver con política y economía. Aunque para el pensamiento chino en todas sus corrientes –porque son varias–, no hay una línea unívoca de pensamiento, en lo que implica la filosofía del pensamiento chino todas estas cuestiones están estrechamente interrelacionadas en un par de conceptos clave que se entrecruzan todo el tiempo. Me parece que para entender con claridad primero debemos ver cómo se unifican estos temas y por qué es tan importante la filosofía. Los mismos chinos en este momento están viviendo, desde hace un poco más de 20 años, a pesar de haber tenido siempre como parte de la idiosincrasia los aportes de las distintas corrientes filosóficas que tienen: Confucio por un lado, Lao-Tse y un tercero, que no me acuerdo ahora; son tres; a uno no había escuchado nunca que lo estuve leyendo para tratar de informarlos, son tres líneas fundamentales de la filosofía. Estas corrientes filosóficas fueron parte de la idiosincrasia, pero es la primera vez en la historia política de lo que se denomina la República China, en esta última etapa de la historia de un imperio tan milenario, en que estas corrientes filosóficas se convierten en política de Estado. Hay detrás una serie de conceptos fuerza, que son los que rigen la forma en que se trabaja, no solamente la política y la economía en China, sino cómo además ellos interactúan con otros lugares del mundo y qué tipo de proyectos y acciones en los territorios acompañan, que tienen que ir estrictamente ligados a esas miradas del mundo. Un concepto fundamental, me parece a mí, es que no usan la noción de futuro, sino la de destino compartido, partiendo de la base de que somos todos uno solo bajo el cielo. Esto es: la humanidad es una sola, así es que se habla de buscar la armonía y no la unicidad, la unificación, sino la armonía. Que todos los pueblos puedan desarrollarse libre y firmemente sin que existan hegemonías, con su propia impronta; para eso, esa impronta tiene que desarrollarse de manera interna, por supuesto. Y también habla de que ese cielo que nos cobija a todos es el único que tenemos, por lo tanto, esto, desde el pensamiento de Confucio, nos obliga a cuidar esto que tenemos, que es lo único y es de todos. Es un pensamiento milenario porque estamos hablando de miles de años antes de la era común, de la era cristiana, que nosotros entendemos como parte de nuestra historia cultural. Esto ya 3000 años antes venía trabajándose como concepto fuerza. Pensar en el destino compartido nos remite ya a sacar el concepto de futuro de una abstracción a la que no sabemos si vamos a llegar o no, o no sabemos quiénes van a llegar o no, a la del destino compartido, que es una cosa que se construye de manera colectiva.
-¿Con qué choca el concepto de destino compartido?
-Básicamente choca contra toda forma de individualismo, contra toda forma de control hegemónico y fundamentalmente con la noción de la guerra. Ellos dicen, y yo pensaba, esto es algo que voy a decir yo, pero no lo dice un libro, ningún documento, ni ninguna institución china, pero pensando en esta aspiración del capitalismo de desarrollar un mercado libre, sabemos que por lo menos para lo que conocemos como Occidente, el mercado libre en general son acuerdos entre países que se condicionan mutuamente: qué es lo que pueden hacer, qué es lo que no pueden hacer, con quiénes pueden negociar y comerciar, con quiénes no pueden tener relaciones internacionales, muy por el contrario del pensamiento chino. Lo que vemos acá en el Mercosur, que de libertad le va quedando poquito. Ellos plantean que el intercambio tiene que ser permanente, fluido y abierto, por eso hablan de la necesidad de desarrollar infraestructura. Cuando empiezan, a partir del año 2013, a establecer el proyecto de La Franja y la Ruta, que tiene que ver con el desarrollo económico, se plantea también que en esta mirada en la que, para que haya armonía, todas las personas tienen que poder desarrollarse libre y plenamente y deben ser cuidadas con amor. Parece muy fuerte, pero la filosofía china habla en estos términos. Define, por ejemplo, el concepto de la ciudad en términos de lo que la filosofía en ese momento planteaba: la ciudad amurallada, el concepto ciudad tiene que ver con esa muralla que externamente protege a los que están adentro y hacia adentro los cuida, separando los conceptos: proteger del afuera y cuidar hacia adentro. Vemos ahí también que, dentro de esa misma filosofía, la noción de cuidados es la que sostiene el entramado social. Se habla específicamente, por ejemplo, de que las personas desvalidas, las personas con padecimientos de salud, los viudos y viudas, personas adultas que no hayan tenido hijos, personas enfermas, huérfanos, deben ser especial y dedicadamente cuidadas. Estamos hablando de una estructura de pensamiento que difiere grandemente de la cultura de la que somos parte, en la que, sobre todo últimamente, se hace mucho hincapié en…
-“Arreglate solo”…
-No solamente eso, sino que si te va mal y si las cosas salen mal “es por responsabilidad tuya, por culpa tuya, porque no hiciste lo suficiente, porque no te dedicaste lo suficiente o porque aún no lo deseaste lo suficiente”. Lo que dicen los chinos es que para obtener los objetivos que son para el bien común, cada realización personal debe sumar a un bien común. La realización personal individual por sí sola “es para los seres menores”; “los seres con más altura”, “los hombres superiores”, dicen, tienen que desarrollar todas sus capacidades en función de, por un lado, la sinceridad, que tiene que aparecer en todos los órdenes de la vida, no como un anhelo, no como una búsqueda, sino como un compromiso, y tiene que verse en lo cotidiano. Por eso, por ejemplo, en lo que para nosotros son los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por las Naciones Unidas para 2030, ellos plantean que eso es parte de su filosofía, no de objetivos burocráticos. Todos esos objetivos que aparecen, como la erradicación de la pobreza, por ejemplo, la disminución de las brechas de género, el cuidado ambiental, lo que la agenda occidental propone como objetivos de hace pocos años, para ellos es parte de su filosofía, con una diferencia: lo que ellos plantean es que Occidente desarrolla una serie de normas que luego utiliza para sancionar a quienes no las cumplen, pero a su vez, no las cumplen los propios países que las promueven. Son normas burocráticas, pero no lo son en la práctica, son ideales, pero no aplicables, porque están planteadas como objetivos sueltos, como si no tuvieran relación con otros hechos, por ejemplo, lo que mencioné que tiene que ver con la guerra. Para ellos, el arte de la guerra es evitar la confrontación. El arte de la guerra es primero política, no llegar al conflicto. Dice claramente Confucio: en el conflicto físico, ya sea material en términos humanos o en términos de armas, porque incluso el país agresor, el país que invade o que ataca sufre y padece las consecuencias de la guerra, no solamente el país que pierde, sino también el que «gana» esa guerra. Después hay otra cuestión, que es que para que vos puedas tener un pueblo que armónicamente pueda vivir en paz, tenés que darle ciertas condiciones a ese otro pueblo al que supuestamente le ganaste. Tenés que aportarle condiciones para desarrollarse plenamente, para que no pierda derechos, para que los gane y los sostenga, no para someterlos. Hay un concepto que se llama Gang Rou que tiene que ver con la armonía entre lo duro, lo fuerte y la delicadeza, la suavidad y la ternura, que ellos incluyen esto incluso en el tratamiento de los casos penales. La ley tiene que ser lo suficientemente dura y rígida, estricta, como para que nadie pueda pensar que puede escapar a ella, pero a su vez, tiene que ser lo suficientemente benevolente para que la persona aprenda de eso. Es una mirada realmente que difiere en un montón de cuestiones a nuestra práctica, a nuestra cultura, a nuestra idiosincrasia, y a veces resulta hasta muy romántica. Pero viendo el desarrollo de China en los últimos años y cómo ha avanzado en una cantidad de regiones del mundo, la verdad es que evidentemente tiene objetivos alcanzables.
-Eso te iba a preguntar, ¿dónde prende esta filosofía, en qué regiones del mundo, y por qué Latinoamérica o por qué Argentina?
-Argentina es uno de los países que más afuera está, todavía, de los acuerdos con China. Los acuerdos que hay son todavía de particulares. Para el desarrollo chino toda empresa, toda organización, toda actividad tiene que estar aprobada por el Estado, vos no podés poner una fábrica de cualquier cosa en China. Cuando querés poner una fábrica tenés que demostrar de qué manera esa fábrica va a contribuir a los objetivos comunes para tener autorización. De hecho, China tiene desarrollo automotriz recién desde 2009. Nunca antes había tenido una fábrica de automóviles, sin embargo, hoy está liderando el mercado. Y los lugares donde entró más rápido, en realidad, tienen que ver con las cercanías, el entorno: Pakistán y algunos países pequeños de Asia y prácticamente todos los países de África, hay solo dos países del continente africano que no ingresaron en los acuerdos, y en los que se está desarrollando una cantidad de infraestructura. El caso de los africanos es un ingreso que arrancó con el trabajo en medicina, en desarrollo médico, el desarrollo de medicamentos en un continente muy castigado por problemas de infraestructura, de salud, por múltiples epidemias; y que como sabemos, también ha sido campo de ensayo de algunas multinacionales, tanto en relación al estudio de la evolución de ciertas enfermedades, como también en el ensayo clínico de ciertos medicamentos.
-¿Hay una imposición de la filosofía y de la cultura china con esto, o es una expansión nada más? Porque siento que hay una cuestión de colonización, aunque no sea, por esa sensación típica nuestra de desconfianza…
-Esa sensación viene fogoneada también; no es casual que pase eso, no es genuino. Ellos lo saben, por eso hacen un hincapié especial en trabajar desde el punto de vista cultural para romper los estigmas que hay, para que haya una mayor interacción cultural para que puedan verse estas cuestiones. De hecho, una de las líneas de investigación que hubo en el congreso tenía que ver con filosofía, donde hay varios lineamientos que tiene esta noción del buen vivir, por ejemplo, que es muy latinoamericana, muy de los pueblos originarios latinoamericanos, también está presente en la filosofía china; hay muchísimos puntos de conexión. Sin embargo, como en nuestra cultura se priorizó siempre la filosofía eurocéntrica, todas las demás quedaron como cuestiones de menor valor, de menor calidad, de menores condiciones intelectuales incluso. Y recién ahora que se están revalidando estos saberes, se están poniendo en discusión y también viendo que cada lugar del mundo fue desarrollando la filosofía que necesitaba para su propia evolución y para su propia convivencia pacífica.
Política y economía en clave china
-Ahora hablemos un poco de política y economía…
-Recién te preguntaste si los chinos nos están colonizando, y la verdad es que China no es un país que tenga una historia colonial, de hecho fue colonia de otros países. Hay un periodo en la historia china que se conoce como el «periodo de la era de la humillación», que cuando Gran Bretaña utiliza a China como colonia, y no solamente eso, sino como zona productora de sustancias, que después ahí está esta contradicción de Occidente de sancionar leyes para castigar ciertas cosas, pero ocuparse de su producción después, que tiene que ver con la guerra del opio. Esto de la producción de amapolas para el opio en el territorio chino, que fue para ellos como, yo le encuentro mucha similitud también con lo que pasó en Latinoamérica con la llegada de los primeros europeos, donde se esperaba de alguna manera que algo positivo pasara, porque estaba escrito que eso debía ocurrir. Entonces, pensando en que el otro tiene una cosmovisión compartida no podés esperar que vengan a destruir tu país, a matar a tu gente, a producir sustancias que son nocivas para tu propio pueblo. El resurgimiento de China en las últimas décadas tiene que ver con esto de recuperar su propio orgullo nacional, su orgullo imperial. Hay que recordar que China siempre tuvo un sistema de gobierno dividido por áreas geográficas, y en ese desarrollo siempre se mantuvieron las fronteras seguras. Es decir, no hay un área que entre en conflicto con la otra, siguen teniendo básicamente, en términos de historia cultural, la misma estructura, y siempre los riesgos de invasión vinieron de afuera, pero nunca salieron de ahí. Ellos entienden que, para que haya un desarrollo económico que beneficie al pueblo hay que partir de una noción que es la del amor al pueblo. Para eso, el amor al pueblo implica que todo desarrollo económico lleve al pueblo a la felicidad. Yo le encuentro muchísimos paralelismos también con el peronismo. Para mí los chinos son peronistas, por lo menos en lo filosófico, al beneficiar al pueblo y permitirle vivir y trabajar en paz, libre de sufrimiento y vulneraciones injustificadas. Hay que otorgar derechos y no sacárselos, permitirle a la gente desarrollarse y trabajar en paz; pero el ciudadano tiene que poner su mejor esfuerzo, hacer su mejor trabajo. También tienen la noción de que uno no se puede desarrollar y crecer si no lo hacen los demás, como somos todos uno bajo el sol, bajo el cielo, tiene que desarrollarse la humanidad para que todo vaya bien. A partir de ahí es que resucitan esta noción de la Ruta de la Seda, que en su momento implicaba Asia, África y Europa, que es una zona históricamente muy conectada por el comercio. Nuestro continente americano está geográficamente recortado, está aislado del resto del mundo, todo ese resto del mundo siempre estuvo comunicado a través del comercio, nuestro continente no. Esa ruta de la seda original es la que incluye todos estos tres continentes y que, a partir de los últimos 20 años, cuando se retoma el concepto ya con otra noción, que es la Franja y la Ruta, se incorpora también a Latinoamérica, encontrando a su vez estos paralelismos desde el punto de vista cultural, filosófico y demás que acompañan a los pueblos de Latinoamérica, si bien los pueblos latinoamericanos ya no son solo los pueblos originarios. Así que esto lleva a promover el desarrollo económico, empiezan con el desarrollo de infraestructura y acá me parece importante recalcar, en este miedo de la colonización de los chinos, que Estados Unidos estuvo 20 años en Afganistán y lo que dejó fue tierra arrasada cuando se fue, ni un puente hicieron. Además de la cantidad de vidas destruidas, de abusos a los derechos humanos, todo tipo de contradicciones de Occidente estuvieron presentes en esa ocupación de 20 años de un país en otro, donde no dejó nada positivo. Lo que hace China es empezar a proponer planes de infraestructura y, al empezar a entrar en determinados territorios, a trabajar con las autoridades locales y regionales se encuentran con que el trabajo no es solamente en infraestructura, tienen que incluir otros órdenes de la vida, por ejemplo, la salud, la educación. Entonces, empiezan a tratar con distintos gobiernos en este sentido, la propuesta de la Franja y la Ruta es una propuesta que sí o sí involucra a los países, a los Estados; tiene que haber acuerdos de Estados, es decir, yo como particular no puedo entrar en ese acuerdo si mi país no lo ha hecho. Ahora, esos acuerdos implican el trabajo con la modalidad con la que llevan adelante los chinos, que de ninguna manera implica la prohibición de interactuar o de comerciar con ningún otro país. Los condicionamientos tienen que ver con otra lógica de pensamiento y, sobre todo, de ocupación económica. Acá no se trata de una cuestión de préstamos económicos, se trata de una cuestión de desarrollo de infraestructura, que esto tiene que ver con el desarrollo de la producción del acero, por ejemplo, o de los materiales que sean necesarios en el lugar con intervención de los especialistas chinos.
-¿Crees que vamos a avanzar en eso? ¿Es posible en la región, en el país?
-En Latinoamérica hay varios países que están trabajando muy fuertemente en lo que tiene que ver con la interacción con China, que son Brasil, Perú y especialmente Chile. Chile, que es famoso en nuestra región por ser uno de los países más neoliberales y que más ha aplicado el capitalismo a ultranza y, sin embargo, tiene un acuerdo con China muy fuerte. De hecho, por ejemplo, en la venta de frutas frescas que vendía Chile hasta antes de entrar en la Franja y la Ruta, el comercio con lo que denominamos Occidente hacía que todo el tiempo el precio estuviera a la baja. Entonces, los trabajadores del sector agrario, los peones rurales y demás, tenían siempre conflictos de ingresos salariales porque siempre los precios iban a la baja. Desde que están en la Franja y la Ruta, en un año aumentó un 30 por ciento la revalorización de la fruta fresca. Chile también incorporó el sistema chino en el desarrollo de su sistema de transporte público, que es el país que mejor lo ha hecho -lo dicen los chinos también- y, además, ha incorporado el chino mandarín ya en sus escuelas primarias. Se ve que es una interacción que no va a parar y que, además, viene resultando sumamente beneficiosa para el país. Por eso me parece que es importante entender que la intervención o la interacción de China no tiene nada que ver con cuestiones ideológicas. no plantean un posicionamiento ideológico o una exigencia de orden ideológico. No desplaza a ningún otro sector del mundo en absoluto. De hecho, con su posicionamiento en el mundo, Chile pudo hacer lo que está haciendo y lo han hecho prácticamente todos los países de África, que en cultura, ideología, idioma, historia, lo que vos quieras, no tienen absolutamente ningún punto de comparación con Chile, sin embargo, la modalidad de trabajo es la misma.
-¿Por qué estamos hablando de esto?
-Fundamentalmente porque nuestro país tiene una de las condiciones mayores a nivel internacional para la producción de bienes, servicios y, sobre todo, de alimentos. Y son condiciones que hoy estamos desperdiciando por no poder trabajar de una manera, si se quiere, desapasionada desde el punto de vista ideológico, y pasarlo de ese punto a un lugar completamente práctico que tenga que ver con la mejoría en las condiciones de vida del pueblo argentino. Este es un potencial que la Franja y la Ruta y el trabajo de los chinos están promoviendo en todo el mundo.
