La militante María Itumelia “Mariquita” Torres dejó fuertes crítica al analizar el primer año del Gobierno de Javier Milei. Cuestionó la gestión económica, la influencia de las corporaciones y la situación de los jubilados y sectores vulnerables. También dijo que el campo nacional y popular se debe más autocríticas.

Miércoles 11 de diciembre de 2024. “Es verdad que hay un repunte en la confianza en el gobierno de Javier Milei porque hay un aparato mediático que está puesto al servicio de traccionar, diciendo que la economía va bárbaro… Y la verdad es que no es así; no lo vemos en nuestros bolsillos, en nuestra vida cotidiana,” afirmó María Itumelia “Mariquita” Torres, como parte de un análisis en Plural TV sobre el impacto del primer año de gestión del gobierno de La Libertad Avanza. En ese contexto destacó la importancia de “observar la realidad diaria en lugar de los medios de comunicación”.
Mariquita Torres, periodista y militante del espacio Chacabuco, parte del llamado Campo Nacional y Popular, reflexionó así sobre la percepción positiva que algunos sectores tienen sobre la gestión de Milei, atribuyendo este optimismo a un «aparato mediático» que, según ella, manipula la opinión pública.
Torres, como militante, manifestó preocupación por las políticas económicas y sociales del Gobierno, señalando que afectan de manera negativa a la clase media y a los jubilados. «Estoy convencida de que el ataque a los jubilados tiene características genocidas,» expresó, criticando el recorte de medicamentos y la falta de atención a este grupo vulnerable.
También relacionó la situación actual con políticas históricas y mencionó la desindustrialización y la apertura de importaciones como ejemplos de decisiones perjudiciales para la economía local. “Cuando abren las importaciones escandalosamente y sabemos lo que pasa con nuestras fábricas, con nuestras Pymes… los que no pueden sobrevivir a esa oleada también dejan personal en la calle”, dijo.
La charla abord{o también el tema de la influencia extranjera y el formateo de dirigentes políticos y periodistas por parte de ONGs y fundaciones internacionales. “Yo fui parte fundadora de Fopea… y me fui de un portazo cuando advertí que el propósito de la creación de ese foro era el formateo del periodismo a principios del siglo XXI,” reveló Torres.
Al reflexionar sobre el futuro, Mariquita Torres expresó una mezcla de esperanza y preocupación. “Tengo esperanza, es lo último que se pierde; pero es muy fácil decirlo, cuesta mucho,” comentó, subrayando la necesidad de una militancia activa y la responsabilidad de la dirigencia política.
Sobre el final de la entrevista, habló de la autocrítica de los espacios populares, reconociendo errores y la desconexión de algunos dirigentes con la militancia. “Muchos compañeros, sobre todo aquellos que lograron tener algún escalón de poder, se comportaron de ese modo. Se olvidaron. Y esa es una autocrítica dura que hay que hacer”, dijo, para reflexionar sobre la acción conjunta para enfrentar los desafíos actuales. “De esta vamos a salir. Trabajo de hormiga nuevamente, militando las calles” declaró, instando a la comunidad a mantenerse unida y activa en la lucha por un futuro mejor, “por un futuro inclusivo”.

Mariquita Torres en Plural

-¿Qué análisis hacés del primer año del presidente Javier Milei?
-La verdad es que estamos terminando un año que… uno por ahí se pone a pensar y dice: «Pensar que hay gente que cree que esto va a salir adelante y que nos va a ir bien».

-Te voy a interrumpir. Estuve estos días hablando con muchísima gente de distintas edades y de distintos sectores, y me llamó la atención que hay un repunte en la confianza que le tienen.
-Hay un repunte en la confianza porque hay un aparato, estoy convencida, que hay un aparato mediático que está puesto al servicio de traccionar, diciendo que la economía va bárbaro, que este porcentual mínimo de inflación nos está favoreciendo… Y la verdad es que no es así, no lo vemos en nuestro bolsillo, en nuestra vida cotidiana. Yo, muchas veces, le digo a la gente con la que hablo, porque hablo mucho —yo soy de ir al supermercado—, le digo: «No hay que mirar tanto lo que dice la pantalla (en referencia a la televisión) sino lo que estamos viviendo nosotros. No le crean a los periodistas y miren un poco lo que pasa al costado, porque el problema es que no estamos viendo lo que pasa al costado y lo que nos pasa a nosotros se toma como que ‘me tiene que pasar porque hay que sufrir para salir de esto’. Se logró convencer a una porción de la sociedad que, ojo, es importante el porcentaje, pero no supera el 50%, está más bien para abajo del 50%, lo que no es un aliciente, pero sí quiere decir que hay una franja de la sociedad que está viendo esto. Más allá de los números reales y concretos y del golpe al bolsillo, lo está viendo como un proceso político muy riesgoso para el futuro de todos nosotros, porque no está en riesgo solo lo económico. Yo estoy convencida de que este es un proyecto que tiene que ver con una pretensión global de las grandes corporaciones financieras de los Estados Unidos, que pretende mantener…

-Donde, justamente, Milei está inserto…
-Claro.. casi como un tubo de ensayo, la Argentina, un país que se ha reconocido históricamente —me lo han dicho colegas de otros países, de Colombia, de México; gente amiga con la que suelo intercambiar por alguna información— y me dicen: «No, pero mirá que la Argentina ha sido un ejemplo siempre de potencia, de pelea, de lucha». Yo les digo: «Ojo al piojo». Está bien, es cierto, pasó el primer año. El zamarreo fue muy fuerte, muy potente. Esto no va a remontar. Quienes tenemos algunos años encima —y yo no entiendo mucho de economía, entiendo de ver lo que pasa— digo: «cuando la clase media empieza a preparar las valijas para pasar las vacaciones en Brasil, y Encarnación empieza a ser atractivo… digo: «Ah, momentito». Cuando abren las importaciones escandalosamente y sabemos lo que pasa con nuestras fábricas, con nuestras Pymes… que algunos se reconvierten en compradores de productos importados y los revenden, pero no todos pueden hacer esa reconversión. Quien lo hace está despidiendo gente. Entonces, ¿qué se hace con todo ese personal? Y los que no pueden sobrevivir a esa oleada también dejan personal en la calle. ¿Y qué pasa con los jubilados? Que yo estoy convencida de que el ataque a los jubilados tiene características genocidas. Digo, tiene características de liquidar a aquellos que han pasado su etapa activa en la sociedad y que, para este modelo, significan un gasto. Pero que esa persona haya aportado —ella o no lo haya hecho— aportó su trabajo para la construcción de este tiempo en la sociedad. Ahora, si no se toma nota de eso…

-Y no se toma nota. Evidentemente, con el recorte de los medicamentos a los jubilados, ahora, a través del Pami, y el silencio de todo el mundo…
-¡Es terrible, Raúl! Porque esa es otra cuestión que se repite. El “menemato”, para lograr destruir las bases económicas de nuestra industria, de nuestra educación… porque mandó toda la educación a manos de las provincias. No logró hacerlo con la salud, pero estuvo ahí, y estos tienen la pretensión de hacerlo. ¿A vos te parece que estén desmantelando el Garrahan? Cuando pienso que en el Garrahan se atendió una sobrina mía cuando tenía 5 años, y que la llevábamos a atenderse de la cadera, y que de ahí, por eso, puede hoy caminar. Digo, pienso en las cantidades de chicos que se vieron ahí. Que estén desmantelando el Hospital Roffo (Instituto de Oncología Ángel H. Roffo). Yo tengo una cuñada que zafó del cáncer en el Roffo. Yo visité compañeros que estaban encarcelados en la época de la dictadura, declarados con cáncer, y los trasladaron al Roffo en condición de presos políticos, atados a la cama. Yo lo vi. Pregúntenle a Amelia Báez, que me conoce porque fuimos con ella, y el compañero ya estaba condenado a muerte: y el Roffo lo salvó. No hay reacción, realmente, con lo que está ocurriendo, y no hay reacción porque yo creo que el trabajo tiene mucho tiempo. Yo siempre digo -y ahora le agrego las herramientas tecnológicas-: el periodismo desde hace mucho tiempo pasó a ser lo que, en las décadas del 60 y 70, fueron las armas y las fuerzas armadas con las dictaduras cívico-militares. Ahora no necesitan instalar dictaduras. Alguien decía el otro día: «Qué se van a poner a reprimir más que a los que protestan»…

-¿”Qué se van a poner a reprimir y a desaparecer” cuando el trabajo lo están haciendo otros?
-Tal cual. Porque la tecnología desaparece la realidad. Es terrible, te digo. Como balance de año me parece que estamos terminando, sin ningún lugar a dudas, para mi caso, el peor año que yo recuerde después de la dictadura cívico-militar. El peor año para los 40 de democracia,

-Porque no hubo un ataque desde el Estado hacia el Estado…
-No. Yo creo que también se formateó la dirigencia política. Cuando ves las cantidades de ONGs estadounidenses, o británicas, o francesas que se han instalado en nuestros países… Entre ellas, y yo fui parte fundadora de Fopea (el Foro de Periodismo Argentino), de donde me fui de un portazo cuando advertí que el propósito de la creación de ese foro era el formateo del periodismo a principios del siglo XXI. Formatearnos a nosotros, para que seamos esas “fuerzas armadas” que, desde nuestros medios de comunicación o lugar de trabajo donde estemos, bombardeemos a las democracias nacionales, populares y latinoamericanistas que nacían a principios del siglo XXI.

-Una posición política bien clara tenía Fopea al principio.
-Tal cual. Hasta que uno empieza a ver y a decir «che, pero los congresos los banca la Embajada de Estados Unidos, los banca Clarín, La Nación, tal fundación de Estados Unidos». Todas fundaciones, además, bancadas por el parlamento estadounidense para venir a América Latina como hay otras organizaciones que vienen a hacer trabajo social. Evo Morales los echó a todos de Bolivia.

-¿Qué proyecciones tenés hacia el futuro?
-Tengo esperanza, como decía mi abuela: «Lo último que se pierde es la esperanza». Pero es muy fácil decir: «Lo último que se pierde es la esperanza». Cuesta mucho. Recién ahora estoy empezando a tratar de encontrar ese oxígeno que me permita decir que si me freno, y de alguna manera, entre algunos poquitos, no damos algo de pelea, de lucha, no salimos de esta. De esta vamos a salir. Trabajo de hormiga nuevamente, militando las calles, pidiéndole a la dirigencia que asuma la responsabilidad de que lo que está gobernando este país no es Javier Milei. Él es una herramienta de los poderes nacionales y supranacionales que pretenden hacer de este país cuatro o cinco pequeños países que provean de materia prima al mundo desarrollado y nosotros seamos mano de obra esclava, y los viejos, para eso, están de más. Y los niños sobrevivirán los que tengan un poco más de fuerza, y el resto que se muera. Porque, ¿para qué me sirve uno que crece desnutrido?

-No está en el escenario la típica y tradicional política argentina…
-No, por ese formateo de dirigentes que te digo, así como nos formatearon a muchos periodistas esas ONGs. La que te digo, si abrís las ONGs, hay muchas donde vemos la lista de dirigentes de todo el país, y hay varios misioneros y misioneras que van a cursos y seminarios. Los llevan a los jueces a cursos y seminarios, les pagan todo, y ahí los sientan y les cuentan cómo tiene que ser el mundo. Eso pasó con la dirigencia política también. Yo no tengo duda de eso. Todos estos “light” que no discuten de política… Hace poco venía de Buenos Aires en mi Clío que ya está viejito, tiene unos cuantos años. Entonces bajo a cargar nafta en Santo Tomé. Y como siempre, donde paro digo algo, y le digo al muchacho que atendía la estación de servicio: “Ay, ¿cómo está la nafta? No se puede cargar más nafta”. Y me dice: “Sí, señora, está difícil la cosa”. “¿Y cómo se hace para salir?”, le pregunto. Y me dice el muchacho: “Señora, sabe qué le tengo que decir… -era un muchacho que tendría 30 y pico de años- los que están saliendo son ustedes, es su generación. Nosotros, los jóvenes, estamos paralizados. No se sabe qué pasa, no se quiere saber y los que tenemos alguna idea nos sentimos que somos demasiado pocos, y los vemos a ustedes que están peleando”. Dije: “Ah, la pucha, que estamos complicados”. Bueno, habrá que mover la estantería de esas nuevas generaciones porque ahí están mis hijos y no son indiferentes, y eso me da ilusión.

-¿Qué podés decir de una autocrítica de los espacios populares? Porque cuando preguntás por qué estos cambios, o vas hablando, hay como un hartazgo de lo que estaba, de lo que pasó, y no se escuchan autocríticas.
-Primero, digo, así como dije todo el formateo, también es cierto que se formateó el hartazgo. Cuidado. Dicho esto, creo que el campo nacional y popular dio mucho pasto para ese formateo. Entre nosotros se ejerció ese famoso modelo de casta. Entre nosotros, compañeritos y compañeras que llegaron a cargos, que fueron electos por nuestra militancia y nuestro voto, llegaron ahí y no se acordaron más de la militancia, no se acordaron más de la gente, no consultaron… Hoy hablaba con un compañero militante y me dice: “¿Alguna vez nuestros diputados nacionales o provinciales nos llamaron para consultarnos si teníamos alguna propuesta para llevar al Congreso o a la Legislatura provincial?”. No, señor. Entonces, esa para mí tiene que ser una profunda autocrítica…

-¿Hablás de los últimos años o de los 40 años (de democracia) que pasaron?
-De los últimos años. Pero fue creciendo. Estos últimos años, sobre todo cuando se creyó en la década ganada -2003-2015, que para mí fueron los mejores años de mi vida- que esto no se terminaba más, muchos compañeros, sobre todo aquellos que lograron tener algún escalón de poder, se comportaron de ese modo.

-Se corrieron, se olvidaron.
-Se olvidaron. Y esa es una autocrítica dura que hay que hacer. Lamentablemente, dentro de nuestros propios espacios. Y hoy (el lunes 9) fue un día clave: reunión de Cristina, Axel Kicillof, Sergio Massa, para ver si podemos empezar a reconstruir. Porque de repente nos encontramos que tenemos este monstruo gobernando, que Dios me perdone y todos los que lo votaron. Y entre nuestra propia fila estaba habiendo una limada de piso a un compañero que está haciendo en la Provincia de Buenos Aires lo que quisiéramos todos que se haga en todo el país. Hoy anunció Axel Kicillof que está dispuesto, y está hablando con otros gobernadores, a hacerse cargo de Aerolíneas Argentinas junto con los trabajadores, para que no se remate esa línea aérea de bandera. Si nosotros nos miramos hacia dentro, esas conductas, sobre todo la soberbia, la pretensión de que acá no se discute, se hace lo que alguno dice de arriba, la dedocracia… El dedo fue muy dañino y nosotros acá, en la provincia de Misiones, lo hemos vivido: el envío de delegados o la marcación de delegados que no representan a nadie, pero como era el delegado, nadie le podía discutir nada y eso hizo mucho daño. La oposición progresista en la provincia de Misiones se autodestruyó. No tengo dudas y lo lamento, con mucho dolor lo digo. Yo soy muy crítica de lo que pasa con nuestro espacio, porque lo que se quiere hacer desde estos espacios es demasiado importante y grandioso como para que las miserabilidades de cada uno de nosotros no nos permitan llegar a quienes tienen que escuchar.