En este artículo, el autor reflexiona sobre la evolución, desafíos y perspectiva del turismo pospandemia, sustentado en conceptos de turismo responsable y sostenible.

Primera parte: Ecoturismo y turismo responsable

Por Oscar Alejandro Degiusti, licenciado en Turismo

Parte 2: El Covid19: el turismo como víctima y victimario

Viernes 13 de diciembre de 2024. El proceso de turistificación global desde el 2008 hasta la crisis del Covid-19 significó el aumento de la construcción de alojamientos turísticos y la saturación de zonas y áreas turísticas. De manera simultánea, crecía el capitalismo de plataformas con Airbnb y las GAFAM (Google –Alphabet-, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) mediante las cuales se introdujeron unos cuatro millones de viviendas al circuito de producción turística en 191 países (Oskam; 2019).
La sostenibilidad como una dimensión de cambio ya aparecía en los discursos de la OMT, que en el 2015 adhiere a la “Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible”. Previamente, en ese mismo año se presenta la “Encíclica Laudato Si. El cuidado de nuestra casa común” del Papa Francisco que relaciona el lugar en el que vivimos con la problemática ambiental y la espiritualidad. La encíclica explica que los esfuerzos para abordar el cambio climático fueron inadecuados debido a que “Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas” (Christopher Rice, 2022).
No obstante el turismo siguió creciendo y desde 2017 comienzan a visibilizarse acciones en contra del turismo, mediante diferentes movimientos antiturismo o actitudes de turismofobia. Y cuando nadie lo esperaba, llegó el Covid y la Pandemia mundial que inmovilizó el planeta sin distinción de clases, razas y geografías.
El turismo se convirtió simultáneamente en víctima y victimario. Víctima porque al desaparecer la línea de flotación que es la movilidad, eliminó el desplazamiento, núcleo central del mismo, y ya no hubo turismo. Pero no se dice que la movilidad del turismo fue clave en la propagación del virus.
Y ante las distintas posiciones que auguraban un cambio del actual sistema capitalista, como de la actitud de los turistas ante una naturaleza que necesitaba seguir recuperándose, el filósofo coreano Byung-Chul Han (2020) afirmaba que “después de la pandemia, el capitalismo continuará con aún más vigor y los turistas continuarán pisoteando el planeta”.
El Covid (2020) paralizó la industria del turismo global y obligó a reflexionar desde dos perspectivas. Desde adentro, la OMT y otras organizaciones internacionales llevando adelante campañas de estímulo para viajar cuando termine la pandemia, y para lo cual ponía énfasis en dos conceptos para cuando se reinicie la actividad: digitalización y sostenibilidad. La digitalización como herramienta que garantiza la distancia social y posteriormente como medio de competitividad para las empresas de turismo. La sostenibilidad, como estrategia transversal a la actividad y como una necesidad de toda la cadena del turismo para la preservación del negocio.
Desde afuera los análisis fluctuaban entre una crisis de pérdida de biodiversidad ante un capitalismo que priorizaba la reproducción del capital a costa de los territorios, y otros que auguraban un cambio de actitud y modificación de las modalidades de producción y consumo para cuando se regrese a la normalidad.
Al final, el interrogante que no podemos soslayar es si el turismo ¿puede desprenderse de las lógicas de acumulación del sistema capitalista neoliberal actual? Atrás quedaron aquellas voces que se imaginaron un turismo con mayores niveles de empatía con el ambiente para cuando finalizara la pandemia.
Volvamos a encausar la reflexión respecto al concepto del turismo responsable y su aplicabilidad en los nuevos contextos del turismo postcovid, cuyas principales criticas al concepto, donde “la idea de responsabilidad sigue interpelando más a la individualidad que al colectivo”, es decir que la voluntad del turista o del prestador es lo que prima. Además “el turismo responsable se vio cruzado y solapado por otros términos como sostenible, consciente, solidario, regenerativo, etcétera” que sólo causan confusiones semánticas y convierten en difusa su aplicabilidad, y que se incluya a la sostenibilidad como una moda y práctica discursiva, sin posibilidad de ponerla en acción.
En definitiva el concepto terminó cayendo en las redes de mercantilización del sistema capitalista, “reduciéndolo a una simple enumeración de ‘buenas acciones’ para buenos turistas y empresas”, a través de la Responsabilidad Social Corporativa.

¿Hacia dónde vamos?
A medida que las restricciones del Covid disminuían, una primera respuesta fue el tiempo de los ‘viajes de cercanía’ y preferentemente a espacios de naturaleza que garantizaran el no contacto y la distancia social. Posteriormente, el turismo se instituye como un bien de consumo prioritario, y la gente siguió viajando; posteriormente regresaron los cruceros, e incluso ni la inflación, ni la guerra de Ucrania con Rusia, lograron frenar el movimiento y las ansias de viajar.
Pronto, el inusitado crecimiento se vio sorprendido por manifestaciones anti turismo en algunos destinos que poseían claros síntomas de masificación. La Agenda 2030 y el cambio climático se volvían a reinstalar en los diferentes discursos y discusiones de los distintos actores turísticos, para justificar o para alertar ante el aumento de los viajes. La ecuación era sencilla: más turismo, mayor crisis climática, más impactos negativos y por ende un debilitamiento de los destinos.
En un encuentro sobre sostenibilidad en 2022, el filósofo Gilles Lipovetsky opinaba que “el turismo no va a desaparecer. Habrá que buscar soluciones a su impacto (porque) tiene impacto positivo en la economía de muchos países que no tienen otra forma de vida. Tenemos una responsabilidad también con ellos. Debemos pensar en el pasado porque hemos actuado muy mal. Construir una economía descarbonizada desde cada individuo es una utopía. La pasión por viajar no va a detenerse, no seamos ilusos. La buena voluntad individual no alcanza, hay que modificar el desarrollo productivo”. Justamente pensar en transformar la matriz productiva, significa adentrarse en las lógicas del capitalismo y más específicamente dentro del capitalismo neoliberal.
Volvamos al sobreturismo de algunos destinos, y a la responsabilidad del turismo en el calentamiento global. Desde los sectores académicos y científicos se están planteando un escenario conocido como “poscrecimiento” o “decrecimiento”, que afirma que el mundo debe abandonar la idea de que las economías deben seguir creciendo, porque el propio crecimiento es perjudicial. Otros, sugieren que avanzar en la sostenibilidad del turismo exige transformar los actuales modelos de producción y consumo turístico
Desde el sector privado, y con posturas diametralmente opuestas, siguiendo el pensamiento del capitalismo neoliberal, proponen un «más para menos», donde se necesita más crecimiento para que el capitalismo y la tecnología puedan salvara el planeta.
Larry Dwyer lo explica siguiendo a Pollock (2012) que la expansión territorial del turismo en busca de nuevos destinos conduce inexorablemente a rendimientos decrecientes para los productores de servicios y también para las comunidades receptoras, atrapados en un círculo vicioso en el que el crecimiento trata de compensar la caída del rendimiento.
Indefectiblemente, hay resistencia a frenar el crecimiento, la estructura global es demasiado desigual. El capital no admite reducir sus rentas. y una parte importante de la población no parece estar dispuesta a disminuir su consumo o, al menos, su forma de consumir.
La sostenibilidad turística se volvió un concepto atrayente e itinerante: fue mutando: ecoturismo, turismo responsable, turismo ecológico, turismo verde, turismo sostenible, turismo regenerativo y que muchas veces se han equiparado o confundido con tipologías y productos turísticos (Pulido y Pulido, 2015).
El 22 de septiembre de 2024 en Nueva York se reúne “La Cumbre del Futuro”, instancia de dónde nace el Pacto para el Futuro y la agenda 2045 de la ONU, una nueva hoja de ruta no vinculante a partir del cual se extienden los plazos de la Agenda al 2045, en un reconocimiento explícito a la imposibilidad de alcanzar los objetivos propuestos al plazo temporal propuesto inicialmente. Recordemos que la Argentina votó en contra justificando que la Agenda y el cambio climático son temas impuestos por el socialismo o progresismo internacional, en palabras del presidente Javier Milei.

La nueva política internacional y el turismo
Finalizada la pandemia, irrumpe en el contexto político de occidente, un fenómeno que es la aparición en el escenario político internacional de la extrema derecha en diferentes países del globo terráqueo como España, Francia, Italia, Polonia, Alemania y Argentina entre otros. Y ello va a tener consecuencias en el turismo, y en la responsabilidad del mismo con el cambio climático, y la agenda 2030, hoy ya Pacto del futuro – Agenda 2045.
Comentarios como basta de “histeria irracional del CO2 que está destruyendo de manera estructural nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestros estilos de vida” sintetizan el pensamiento. Las “extremas derechas” reivindican y defienden precisamente un “estilo de vida” resumido en “una casa, un césped, una barbacoa, dos autos, vacaciones”. Para completar la idea, el presidente argentino Javier Milei, escribía en X (10/06/2024) «Las nuevas derechas han arrasado en las elecciones europeas y le han puesto un freno a todos aquellos que empujan la Agenda 2030, una agenda inhumana diseñada por burócratas, para beneficio de burócratas».
Por lógica, los turistas como sujetos que viven en un determinado tiempo, también han ido modificando sus opiniones y actitudes ante las diferentes problemáticas ligadas al ambiente. De aquellos viajeros a inicios del turismo alternativo, que expresaban una mayor preocupación por el ambiente y la huella de menor impacto que se prometían dejar, al actual donde descree un tanto de la gravedad del cambio climático. En consecuencia, es un comportamiento similar al que siguieron los conceptos afines al turismo sostenible: ambos fueron mutando con el tiempo.
Una explicación al respecto de este comportamiento, podríamos encontrarla en lo que se conoce como “la paradoja de Giddens”, según la cual, como los peligros del calentamiento global no son tangibles, inmediatos o visibles en la vida cotidiana, la mayoría de la gente no hará absolutamente nada, ya que son los menos, los que estarían dispuestos a cambiar sus hábitos y rutinas.
El martes 5 de noviembre, Donal Trump, del Partido Republicano ganó las elecciones en EEUU y es muy posible que su gobierno reforzará esta idea en contra de una visión preocupante y de alerta del cambio climático (simplemente recordemos que el 4 de noviembre de 2019, durante su primer gobierno, se retiró oficialmente del Acuerdo de París, el tratado internacional histórico en contra del Cambio climático y a favor de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero).
¿Este contexto internacional es un indicador del fin de la sostenibilidad en el turismo? No necesariamente, pero si va a tener consecuencias que se verán reflejados en los costos de los productos turísticos y en las empresas y fondos financieros que se decidan por la sostenibilidad.
Pongamos por caso algún ejemplo, como las aerolíneas, sector donde el 1% de la población mundial es la que causa el 50% de las emisiones en vuelos comerciales, frente a un 80% de la población que nunca ha subido a un avión.
Hace pocos meses en la asamblea anual de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), se discutieron los desafíos de la descarbonización del sector y, entre las medidas, la producción e incorporación de combustible sostenible de aviación -SAF- pero este es escaso y muy caro, expresando desde las aerolíneas que “nada sale gratis, tampoco la sostenibilidad”.
El período posterior al covid, como después de todas las crisis de impacto económico, produjo un proceso de concentración hotelera por parte de muchos fondos financieros multinacionales, al comprar hoteles a precios muy bajos, y además con el impulso que adquirió el turismo en el mundo, asistimos a un corrimiento y expansión de las fronteras turísticas, es decir territorios que no se encontraban en el centro de la oferta mundial, se fueron incorporando como nuevos destinos del Turismo de Lujo. Según los cálculos de las consultoras, aproximadamente el 80% de las inversiones en hotelería corresponde a categorías de 4 y 5 estrellas.
En este contexto, el turismo de lujo se incorpora como fundamento de un segmento de alto poder adquisitivo que demanda una oferta exclusiva, que se transforma en “la formula redentora de las catástrofes” (Blazquez, Macia, 2023) fruto de la insostenibilidad. La estrategia de muchos destinos llevan el objetivo de apuntar a clientes más selectos y descartar los de menor capacidad de compra.
Este cambio de modelo, de acuerdo a Macia Blazquez se asienta en una estrategia, a partir de dos componentes: por un lado la reconversión de la oferta hacia categorías de lujo, y por otro lado la penalización del llamado turismo de excesos en los destinos de sol y playa. Como observamos la idea es desalentar al turismo low coast o gasolero, realzando el turismo más exclusivo y oneroso.
Estos componentes se materializan, como lo estamos observando actualmente, en la creación de tasas turísticas al ingreso o a la pernoctación, y por otro lado, en otros destinos más económicos, el objetivo es reconvertir el destino para los viajeros premiun. El resultado es un discurso sostenible a partir del encarecimiento de la oferta para la instauración de un turismo de élite exclusivo junto a un proceso de gentrificación, que termina expulsando habitantes a las periferias.
El turismo de lujo revalida el acaparamiento que caracteriza al capitalismo, pero ahora vestido de verde mediante giros retóricos (más “sostenible”, “circular”, “accesible”, “desestacional”…) para enmascarar el clasismo bajo el discurso de la calidad. Así, la exclusión derivada del aumento del precio se presenta como solución verde para rebajar la presión demográfica sobre el entorno. (Blázquez, Macià; 2023).

Bakú y el regreso discursivo del Turismo Responsable
La Conferencia Mundial sobre el Clima (COP29), que se celebró en Bakú (Azerbaiyán) del 11 al 22 de noviembre, por primera vez, en 29 cumbres incorporó al turismo en el centro de la acción climática. Recordemos, que según estadísticas es responsable del 8,8% de las emisiones de GEI en el planeta. Y la hoja de ruta marcada para la descarbonización del sector indica que se debe reducir las emisiones en un 41% para 2030.
El día que le tocó al turismo exponer y debatir su problemática, y propuestas, dieron lugar a iniciativas y declaraciones como la Declaración de Bakú sobre la intensificación de la acción climática en el turismo que reafirma la Declaración de Glasgow, sobre la Acción Climática en el Turismo, lanzada en la COP26 (2021). Declaración que fue apoyada por 50 países y 8 organizaciones internacionales con el objetivo de integrar estrategias para llevar a cabo la acción climática, innovar y utilizar la tecnología para asegurar la resiliencia del sector.
También el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) presentó la segunda edición de la hoja de ruta Net Zero que impulsa una acción climática con mayores compromisos y menores emisiones a nivel mundial. Y hubo otras mesas donde se debatieron y expusieron diferentes temas afines a los objetivos de perseguir la sostenibilidad y descarbonización del sector.
Dentro de los discursos de las corporaciones empresariales como la WTTC, a modo de un ‘deja vu’ regresaba el turismo responsable al expresar de “la importancia de educar a los turistas sobre elecciones conscientes al viajar. Promover un turismo que valore la autenticidad y la sostenibilidad permite a los viajeros conectar de manera más profunda con los destinos que visitan. La responsabilidad del viajero se convierte así en un pilar esencial para la preservación de nuestros recursos naturales y culturales”. Incluso con datos que demostrarían, según las Organización, que actualmente “los viajes y el turismo representaron el 6,5% de las emisiones mundiales en 2023, frente al máximo del 7,8% de 2019, lo que representa una reducción del 10,2% en la intensidad de gases de efecto invernadero del sector, lo que muestra los importantes avances del sector hacia el desacoplamiento del crecimiento de las emisiones”.
Desde algunas de las organizaciones que nuclea a los agentes de viajes en Europa, al momento de oponerse a la propuesta de encarecer los pasajes aéreos para financiar las acciones climáticas en países vulnerables, argumentaron que “los medios para un aumento necesario del apoyo financiero a los países en desarrollo especialmente afectados por el cambio climático deben estar disponibles a través de otros recursos” y que “encarecer los viajes aéreos y los cruceros es claramente un enfoque equivocado». Seguidamente, apelaron a los argumentos de asignarles responsabilidades a los turistas, al decir que «encarecer los viajes no es buena idea, hay que buscar fórmulas que contribuyan a que los turistas colaboren con la sostenibilidad sin crear una brecha social» (asociación de agencias de Alemania).
Es importante resaltar que no es casualidad que en el presente contexto internacional, donde hay una predominancia del mercado sobre un Estado que aparece disminuido en su alcance y funciones, comience a aparecer el discurso del “turismo responsable” como fundamento de un proceso urgente de descarbonización que se el exige actualmente al turístico.
El discurso del “turismo responsable” a 22 años de su conceptualización, vuelve a hacerse presente en la COP 29 en la voz de los representantes de las corporaciones empresariales globales. Parecía que había sido remplazado definitivamente por la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible, como brújula para el camino hacia la sostenibilidad en el turismo. Posteriormente vimos como el concepto fue solapado por algunas confusiones semánticas con términos como consciente, solidario, regenerativo, etcétera.
La realidad nos muestra que el turismo no dejó de crecer (en viajeros movilizándose y en nuevos destinos que se incorporan a la oferta), y que el nuevo contexto del neoliberalismo, y de los avances de las derechas, van a moldear las economías mundiales de los próximos años. Y el turismo, como apéndice y vector del sistema capitalista no será ajeno. La pregunta entonces es, si las empresas turísticas estarán dispuestas a sacrificar márgenes de ganancia para invertir en acciones contra el cambio climático, o vamos a apostar a la voluntad individual de los turistas como generadores del cambo. No lo sé, pero esta historia continúa.