El periodista Joselo Riedel propone un recorrido por las más de 75 celebraciones de la provincia para revelar cómo estas expresiones, nacidas de lo colectivo, tejen la trama cultural, económica y social de una comunidad que se resiste a perder su esencia. Desde la pantalla de Plural, un viaje a la identidad local a través de sus encuentros populares.


Viernes 24 de octubre de 2025. Misiones mantiene y defiende su identidad, aún cuando la globalización amenaza con homogenizar costumbres, lenguajes y gustos. El periodista Joselo Riedel propone desde las columnas de Plural, la defensa de la identidad local como un acto de resistencia y de reafirmación. En este contexto, por ejemplo, las fiestas populares emergen como espacios de esparcimiento con la temperatura de lo propio y que se irán mostrando a través de un mapa vivo de Misiones, con esas celebraciones, con las historias de los pueblos y desde las curiosidades de la tierra colorada.
Para Riedel, la verdadera esencia misionera está en sus paisajes icónicos y en la rica y multifacética trama de expresiones que brotan “en cada pueblito, en cada localidad”. Según el columnista, son estas historias, cuando se entrelazan, las que dan vida a festivales, actividades parroquiales y acontecimientos que, con el tiempo, escalan de lo local a lo provincial, nacional e incluso internacional.
En un sistema capitalista que a menudo relega la cultura a la categoría de “gasto”, Riedel levanta la bandera de su valor intrínseco. “La cultura es todo lo que necesita una comunidad para estar bien”, afirma, citando al cantautor León Gieco y su tema icónico “La cultura es la sonrisa”. En épocas de una “situación económica agobiante”, estos espacios comunitarios se convierten en un bálsamo. “Se olvidan muchas veces las penas para encontrarse, disfrutar y cuidar eso”, explica. La fiesta, entonces, se transforma en un ciclo de esperanza: cuando termina una, ya se está pensando en la siguiente.
La provincia es un mosaico con cerca de 80 municipios que tienen un hervidero de celebraciones. Riedel detalla que hoy existen 75 fiestas oficiales distribuidas en categorías internacionales, nacionales y provinciales. Desde la colosal Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, de La Floy y de La Orquídea, como la de los Inmigrantes, hasta las incontables fiestas municipales que surgen del puro deseo de una comunidad: “Nosotros también queremos tener nuestra fiesta”. Este fenómeno genera una agenda tan nutrida que, como señala el columnista, a menudo se superponen, dejando a los asistentes con la sensación de que “se me pasó”. Esta abundancia es un síntoma de salud cultural.
Riedel, oriundo de la zona centro de Misiones, destaca el legado de esta región. Allí, fiestas como la del Inmigrante, de la Madera o del Té no son solo celebración sino la verdadera confluencia de identidad y economía. «Donde hay un evento de esa magnitud hay movimiento económico de todos los actores que participan”, subraya. Deja de ser una simple “pachanga” para convertirse en una vitrina del poder productivo y cultural de la región.
Un fenómeno particular que crece “de manera impresionante” en la última década es el de las fiestas relacionadas con las celebraciones de fin de año, tanto en Capioví como en Leandro N. Alem. “Los vecinos se fueron apropiando y sintiéndose orgullosos de lo que va pasando en esos lugares”, comenta Riedel. Es un orgullo que se siente en el ambiente y que demuestra una apropiación genuina, no forzada.
En una provincia construida por oleadas de inmigrantes, la identidad se forja “en cada casa”. Las fiestas de las comunidades de inmigrantes son el corazón de esta misioneridad. “No es algo forzado”, insiste Riedel. “Hay un movimiento real, una energía que crece desde abajo”. Esta pasión, según explica, nace de la necesidad humana de conectar, de olvidar los desafíos cotidianos y de encontrar alegría en la música y el encuentro.
En este ecosistema festivo, los músicos locales también desempeñan su papel vital. Joselo los define como “una forma de resistencia”. En un contexto donde contratar un artista suele ser lo último en lo que se piensa, lograr espacios para tocar es complicado. Sin embargo, la escena no decae. “Y van creciendo año a año”, celebra. “Vas a un lugar y no tenés espacio. Es como que hay una apropiación cultural que se nota”.
El desafío, concluye Riedel, es mantener vivas estas expresiones lo más auténticas posible. En un mundo que invita a adoptar costumbres ajenas, rescatar las propias historias y encuentros es el compromiso que determinará la fuerza de Misiones para “defender lo suyo”. A través de sus fiestas, la provincia no solo se divierte; se reconoce, se valora y se proyecta hacia el futuro, con la sonrisa como bandera, a través de la pantalla de Plural, un espacio periodístico que rescata la impronta local de la política, la cultura y la identidad, atravesadas por otros cientos de temas de la agenda regional.

Joselo Riedel en Plural


-Bienvenido Joselo Riedel, con uno de los temas que más nos convoca a los misioneros: nuestra identidad.
–Gracias por el espacio. La idea es justamente poder intercambiar, contar y que podamos conocer un poco más de las tantas expresiones que tenemos en nuestra provincia, que van más allá de lo que por ahí conocemos de manera masiva. En cada pueblito, en cada localidad, tenemos historias que, cuando se van juntando, pueden llegar a conformar un festival, una actividad parroquial, un evento que luego, en muchos casos, se fueron transformando en fiestas que escalaron a niveles provinciales, nacionales e internacionales. Todo eso va formando la identidad de nuestro pueblo.

–Eso te iba a preguntar. Este rescate de esas historias, de esas fiestas, de esas celebraciones, habla de nuestra identidad indefectiblemente.
–Justamente, y con tantos matices. Porque cada lugar tiene su propia variante. Por ahí, en algunos aspectos, se pueden mezclar, pero hay particularidades muy interesantes en cada una de ellas. A veces, determinada fiesta o festival dura dos o tres días, todo pasa rápido y quizás no se puede detener uno a pensar en eso. Pero desde la historia también podemos buscar y encontrar esas riquezas.

–¿Te gustan esos temas?
–Sí, siempre me gustaron la cultura y el turismo. Justamente, las fiestas o las expresiones de cada localidad unen esos dos aspectos tan importantes para que las personas puedan estar bien. Porque, en muchos casos, en este sistema capitalista desmedido, donde no se piensa la cultura como un bien, muchas veces se llegó a decir que la cultura es un gasto. La cultura es todo lo que necesita una comunidad para estar bien. La cultura es la sonrisa —decía León Gieco en una de sus canciones—, y eso creo que es el termómetro que va marcando si un pueblo está bien o está mal. En muchos casos, está mal, como estamos viendo ahora, en una situación económica agobiante, pero donde, cuando van encontrando esos espacios comunitarios entre vecinos y se organizan, se olvidan muchas veces las penas para encontrarse, disfrutar y cuidar eso. En muchos casos, termina una fiesta o un evento y ya están pensando en el siguiente. Y así.

–La herencia de la inmigración también… te estoy escuchando y me voy acordando de pueblos, regiones… desde la religión, desde la producción, desde lo cultural se va amalgamando todo. Y “dale fiesta”.
-La fiesta nuclea justamente y esa expresión creo que es un desafío y un compromiso mantenerlas lo más vivas posible, porque eso va a determinar la fuerza que va a tener una sociedad —en este caso Misiones— para defender lo suyo. Hoy, con la globalización, es muy fácil adoptar costumbres ajenas. No pasa solo con las festividades, sino con la música que escuchamos, con las cosas que nos gustan, con nuestra forma de hablar. Y eso también es parte del mismo desafío. Rescatar esas historias y esos encuentros creo que va a ser un desafío nuestro.

-Casi 80 comunas, casi 80 pueblos en la provincia, para contar la historia de los pueblos, las fiestas que se desarrollan ahí adentro. La gran mayoría relacionadas con la productividad.
–Sí, son muchísimos municipios. Hoy oficialmente tenemos en la provincia 75 fiestas que están distribuidas entre las internacionales —como la fiesta nacional e internacional de la Yerba Mate, que se avecina ahora en noviembre—, las nacionales y muchísimas provinciales que se van sumando año a año. Porque también ahí aparecen las ganas: “Nosotros también queremos tener nuestra fiesta”. Y ahí surgen expresiones nuevas que se van mostrando: fiestas provinciales y muchas municipales, exclusivas, que también van tomando forma. Entonces, imaginate, tenemos muchísimo. A veces pasa con las agendas. Nosotros en los medios lo vemos: se superponen. Y decís: “Uh, pero mirá, estaba lindo para ir, pero se me pasó”. Eso pasa mucho porque hay mucho para ver.

–Vos venís de la zona centro, que es donde hay varias fiestas acá en Misiones. Bueno, la principal, la Fiesta del Inmigrante, pero hay un montón de otras: de la madera, del té, del docente… Todas con el mismo espíritu, todas de celebrar, recordar, convocar, homenajear y rescatar…
-Por ejemplo, la de la Madera, que también se viene en noviembre: rescatar el valor de la producción. Y ahí ya confluye un aspecto económico. Porque donde hay un evento de esa magnitud hay movimiento económico de todos los actores que participan. Entonces deja de ser una fiesta “pachanga”, una fiesta de recordatorio, para pasar también a ser una muestra de todo lo que existe alrededor de esa cuestión en particular.

–No te olvides también de la Fiesta Nacional del Litoral, porque como está en Posadas la vamos a dejar de lado como siempre pasa.
–Sí, claro. Queda para diciembre, y siempre tiene esa suerte porque también en esa época aparecen otras fiestas más universales, como la Navidad o el Año Nuevo, que van dejando muchas recepciones, actividades y celebraciones que ocupan gran parte de la agenda.

–La de Capioví y la de Alem compiten sin competir, por ejemplo…
–Sí, sí. Es un fenómeno que se fue dando en los últimos diez años, me parece, y que fue creciendo de manera impresionante. Antes por ahí no se hablaba tanto, y fueron tomando una forma realmente interesante. Los vecinos se fueron apropiando y sintiéndose orgullosos de lo que va pasando en esos lugares. Eso se nota en lo que se ve. Vas a una o a la otra —no quiero decir una u otra, porque las dos comparten lo mismo— y realmente se siente ese espíritu. Y creo que en todas se logra lo mismo. Conocer un poco más todo eso me parece importante.

–Y hay un legado ahí, Joselo, en la zona centro de Misiones, para el resto de la provincia. Estoy pensando, mientras te escucho, en las fiestas de los inmigrantes. No solamente la Fiesta del Inmigrante, sino las fiestas de las familias de inmigrantes, que van marcando esa cuestión identitaria de Misiones. Por zonita, por región. En una provincia tan chica.
-Claro, en cada casa podríamos decir que hay una historia. Porque cuando se hace un festejo y luego los vecinos se suman, los que comparten identidades van formando eso, y se va dando de manera genuina. No es algo forzado. No es que alguien viene y dice “vamos a organizar algo” y lo deja atado; hay un movimiento real, una energía que crece desde abajo, y eso es lo positivo de todo esto.

–¿Y por qué hay tanta pasión en esas fiestas?
–Creo que tiene que ver con muchas cosas que iremos conociendo, pero sobre todo con la necesidad de olvidarse un poco de los desafíos de la vida cotidiana. Estar en esos espacios, organizar, rescatar la cultura… eso genera alegría. La música también es fundamental para que podamos ser un poco más felices como sociedad. Eso genera pasión, gusto, desafíos, sentimientos que se contagian. Cuando un pueblo adopta una fiesta como representativa, impacta en todos los sectores de esa sociedad. Muchas veces se menosprecia: “¿Van a hacer una fiesta de tal cosa? ¿Para qué?” Pero para ese pueblo, para esa localidad, para ese municipio, es muy importante, porque va más allá de la cuestión festiva.

–Sí, también genera un movimiento económico. Hay gente que viaja, se venden comidas, trajes, artesanías, alojamiento… Genera un movimiento económico fuerte.
-Y los artistas, ni hablar. En esta época de mucha crisis, la música es una forma de resistencia. Los músicos hoy resisten muchísimo. Porque, ¿qué es lo último que uno piensa cuando hay crisis en casa? Ir a un evento. Y menos aún, contratar un músico. Poder lograr espacios para tocar se vuelve muy complicado, pero se sigue intentando.

–No decaen.
–No. Y van creciendo año a año. Eso está muy bueno, ¿no? Vas a un lugar y no tenés espacio. Es como que hay una apropiación cultural que se nota. En algunos lugares más, en otros menos, pero está. Y hay otras que van mutando necesariamente. A veces yo digo: es una lástima que vaya pasando eso, porque hay fiestas que se transforman en nacionales o internacionales y por ahí dejan un poquito de lado al vecino. Están apuntadas a un público de afuera, pero bueno, la magnitud así lo requiere también.

–Pero el vecino se divierte igual.
–Sí, exacto.

–Bueno, Joselo, vas a hacer un rescate entonces de nuestra identidad regional a través de fiestas, celebraciones, historia de los pueblos, y algo de historia de la misioneridad va a ir apareciendo ahí.
–Sin dudas. Sí, porque todo está, todo marca todo. No hay nada muy impuesto. Mucho nace desde lo colectivo y desde abajo, de los propios vecinos.

-En esta provincia de inmigrantes… no hay fiesta de los jesuitas; lo estoy pensando también.
–Sí. Ya no hay más jesuitas prácticamente. En ese sentido, por ahí se transformó también. Pero así hay muchísimas temáticas. Y ahí hay un aspecto religioso que tocas, que tiene que ver con las fiestas patronales, que están vigentes. En cada barrio, en cada pueblito, se organizan los vecinos para construir comunidad a partir de ese evento.