Frente a la crisis económica que profundiza el hambre en los barrios, un grupo de productores misioneros organizados en el movimiento Tierra, Techo y Trabajo destina una parte de su cosecha fresca a comedores comunitarios. Con gestos concretos, transforman la producción en solidaridad y cuestionan la lógica puramente mercantil de los alimentos, mientras a nivel nacional se judicializa la entrega de asistencia estancada en el Ministerio de Capital Humano.

Martes 20 de enero de 2026 (Prensa de TTT). En medio de la crisis social que golpea con fuerza a los barrios habitados por familias de trabajadores, algunas experiencias en Misiones vuelven a poner en primer plano la solidaridad de nuestro pueblo, con una idea simple y poderosa: lo que se produce en la chacra no es sólo mercancía; también es alimento.
Así lo demuestran los productores de Cerro Romero, Santo Pipó, Otto Kuhn y Esteban González, de Corpus, quienes organizados en el espacio Tierra, Techo y Trabajo, donan parte de su cosecha: productos frescos como cebollas, batatas, lechugas y zapallos, entre otros, a comedores populares y comunitarios. El objetivo es reforzar la alimentación de muchas familias que atraviesan una situación económica y alimentaria cada vez más crítica.
Y no se trata de «sobrantes» ni de gestos aislados, sino de una decisión consciente. Otto y Esteban continúan vendiendo su producción —porque de eso viven—, pero también entienden que, en momentos de tanta necesidad, parte de lo que producen puede transformarse en ayuda directa para quienes más lo requieren. Y ahí la solidaridad no aparece como un relato, sino como un hecho: verduras de estación que, muchas veces, son inaccesibles para las familias más golpeadas por la caída del consumo.
«Es una alegría que, en tiempos donde crece la pobreza y se genera una urgencia cotidiana, esta experiencia ponga en evidencia una verdad que suele quedar fuera de las discusiones económicas: la producción de alimentos tiene valor de mercado, pero también tiene valor social», expresó el dirigente Martín Sereno, quien acompaña estas articulaciones territoriales con el apoyo del Instituto de Macroeconomía Circular. Junto con Carla Pipke, militante de TTT, colaboraron con la organización y la logística para que los alimentos lleguen a los comedores populares de Posadas.
Agregó que, a partir de esa primera entrega, otros productores y productoras de la agricultura familiar campesina que se enteraron de la iniciativa se comunicaron para sumarse con el mismo objetivo. «Es decir que la solidaridad se contagia», resumió Sereno.
En ese marco, destacó el sentido profundo de esta tarea colectiva: «Estos compañeros comercializan su producción, pero también son conscientes de que lo que se produce no es sólo un número, es alimento. Y cuando, en las ciudades, en los barrios de trabajadores y trabajadoras, compartir una parte no es una pérdida, es una respuesta en comunidad, pensando en el bien común», reiteró.

Total contraste con la postura de Nación
Mientras estas redes solidarias se sostienen «desde abajo», a nivel nacional continúa la polémica por el reparto de alimentos a comedores populares.
En los últimos años, la Justicia ordenó e intimó en varias oportunidades al Ministerio de Capital Humano, conducido por Sandra Pettovello, a avanzar con la distribución de alimentos almacenados y a incluir comedores en el esquema de entrega, pero aún no cumple.
La tensión se profundiza porque, para miles de familias, los comedores populares que proveen alimentos en los barrios no son una consigna, sino el plato de cada día. En ese marco, la decisión de productores misioneros de compartir parte de su cosecha adquiere el doble peso de aliviar la urgencia y, al mismo tiempo, mostrar que la salida no es individual, sino comunitaria.
Los productores Otto y Esteban representan a una Misiones productiva que no se encierra en el «sálvese quien pueda». Así como donan, también sostienen el mensaje profundo de que producir alimentos implica responsabilidad social y que, en una crisis como la que sufre el país, la comida no puede quedar en un depósito ni perderse en discusiones administrativas.
«Está claro que en las chacras, cuando se organizan con la comunidad, no sólo piensan en producir para vender, sino también para alimentar, como en este caso, a quienes más lo necesitan», remarcó el dirigente territorial.