El discurso de Javier Milei en Davos 2026 fue un manifiesto integral y sin concesiones de su ideología. Lejos de buscar construir puentes en un foro dedicado al diálogo, redobló su apuesta por una guerra cultural y económica sin matices. Cada declaración, desde la más filosófica hasta la más anecdótica, estuvo al servicio de un relato único: la lucha maniquea entre la libertad (encarnada en su proyecto y sus aliados) y un socialismo omnipresente que incluye a todos sus críticos. «Maquiavelo ha muerto», he’i («dijo», utilizado en guaraní cuando se pone en duda el valor de lo dicho, una expresión muy popular en las provincias argentinas limítrofes con Paraguay), pero su proclama parece menos un análisis político sofisticado y más el grito de batalla de una cruzada ideológica -en soledad- que no admite términos medios. Acusó al presidente (hoy secuestrado por EEUU) Nicolás Maduro de encabezar una “narcodictadura sangrienta» y con violencia linguística hablo de paz.

Miércoles 21 de enero de 2026. (Agencias y Misiones Plural). El presidente Javier Milei afirmó hoy que “el capitalismo de libre comercio es el único sistema justo”, al brindar su discurso ante el Foro Económico de Davos, oportunidad en que además le hizo un guiño a su par estadounidense, Donald Trump, con la frase “Make America great again”. “Esto es ´Make Argentina great again’”, dijo al destacar las “13.500 reformas estructurales” de su Gobierno y que, según Milei, “permitieron el crecimiento de Argentina” porque “regular mata el rendimiento” y “merma el crecimiento”.
En su exposición, Milei se posicionó nuevamente contra la agenda “woke”, el populismo y los “parásitos socialistas”, además de remarcar los logros de su gestión, como también lo había hecho en las dos ediciones anteriores del foro.
Por un lado, remarcó que la crisis en la que está sumergido Occidente es “fruto del socialismo” y dio como ejemplo “los daños aberrantes en Venezuela” con la “narcodictadura sangrienta” del presidente secuestrado por Estados Unidos Nicolás Maduro.
Asimismo, sostuvo que es de suma importancia “retomar los valores judeocristianos para salvar Occidente” (SIC), por lo que “los políticos tienen que dejar de molestar a quienes están trabajando para lograr un mundo mejor” (SIC).
De esa forma se colocó en la figura de outsider que pretende consolidar desde el comienzo de su gestión, y no como parte de “la vieja política”.

El predecible presidente argentino
En un discurso que buscó posicionarse como una declaración filosófica de alcance global, el presidente argentino Javier Milei proclamó hoy ante el Foro Económico Mundial que «Maquiavelo ha muerto y es hora de enterrarlo». Esta frase, rimbombante y de dudosa utilidad operativa en el complejo tablero geopolítico, sirvió como pórtico para una exposición de 30 minutos donde el mandatario argentino amalgamó dogmas libertarios, una defensa moral del capitalismo, ataques frontales al socialismo y el «wokismo», y una autopromoción de su gestión doméstica, todo ante un auditorio notablemente mermado tras el extenso discurso de su aliado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Un análisis integral de sus declaraciones, ordenadas por su importancia estratégica y carga conceptual, revela los siguientes ejes:

  1. La tesis central: Una defensa ética y moral del capitalismo como sistema único.
    La declaración más importante y repetida fue la que elevó al capitalismo de libre empresa de un sistema económico a un imperativo moral: «El capitalismo de libre comercio es el único sistema justo». Milei argumentó que su defensa ya no debe basarse solo en su superioridad productiva, sino en que es el único compatible con derechos fundamentales como la vida, la libertad y la propiedad privada, derivados del «principio de no agresión». Esta fundamentación, citando a economistas de la escuela austriaca como Jesús Huerta de Soto y Hans-Hermann Hoppe, busca otorgar una base filosófica absoluta a su programa de desregulación total.
  2. La dicotomía irreconciliable: La condena total al socialismo y al «wokismo».
    En segundo orden de importancia, y como contracara necesaria de su tesis, situó su ataque feroz y sin matices a toda alternativa. Declaró que «el socialismo suena lindo, pero termina mal, horriblemente mal», atribuyendo a este la crisis de Occidente y ejemplificando con lo que llamó la «narcodictadura sangrienta» de Nicolás Maduro en Venezuela. De forma significativa, expandió el concepto para incluir al movimiento «woke», al que tildó de la «versión más hipócrita» del socialismo, y agrupó a socialistas, conservadores, comunistas y progresistas como «el cáncer de la civilización occidental».
  3. La autopromoción de la gestión: Las «13.500 reformas» y el «Make Argentina Great Again».
    El tercer pilar fue la utilización del foro internacional como vidriera de su gestión. Destacó obsesivamente la cifra de «13.500 reformas estructurales» llevadas a cabo por el Ministerio de Desregulación que comanda Federico Sturzenegger, afirmando que «regular mata el rendimiento». En un guiño explícito y calculado a Donald Trump, empaquetó estos logros bajo el lema «Make Argentina Great Again», consolidando visualmente su alineamiento con el bloque ideológico que representa el mandatario estadounidense. También elogió el trabajo de Sandra Pettovello en Capital Humano, usando la metáfora de «enseñar a pescar» y hasta a fundar una «empresa pesquera».
  4. La geopolítica de la civilización: Occidente en peligro y América como faro.
    Milei planteó un relato geopolítico maniqueo: Occidente (Europa) está en decadencia ética y moral, habiendo «dado la espalda a la libertad». Frente a esto, proclamó que «América será el faro de luz que vuelva a encender a todo Occidente», pagando una «deuda civilizatoria» con la filosofía griega, el derecho romano y «los valores judeocristianos». Este eje sitúa a su gobierno y al de Trump como salvadores de una civilización traicionada por sus élites tradicionales.
  5. La definición del rol del Estado: «Dejar de fastidiar» al empresario.
    Operativamente, derivó de su filosofía un mandato concreto para la acción estatal: «Los políticos tienen que dejar de molestar a quienes están trabajando para lograr un mundo mejor» y «los Estados deben dejar de fastidiar a quienes están creando un mundo mejor». Esto no es una mera consigna, sino la justificación última de su proyecto de desregulación y minimización estatal extrema.
  6. La declaración/proclama final: «Maquiavelo ha muerto. Viva la libertad, carajo».
    La frase inicial, con la que también cerró su discurso, funciona como un eslogan destinado a marcar un quiebre epistemológico. Al declarar muerto a Maquiavelo, Milei rechaza la realpolitik y la disociación entre ética y eficacia política. Propone en su lugar que solo la adhesión inquebrantable a sus principios libertarios (la «libertad») garantiza tanto la justicia como el éxito. El «carajo» final, un exabrupto característico, busca reforzar su imagen de outsider disruptivo, incluso en el solemne contexto de Davos.

Análisis de forma y contexto
El discurso no estuvo exento de elementos formales significativos y un contexto revelador. Milei optó por utilizar frases en inglés («Make Argentina Great Again») en un ámbito donde la norma diplomática suele ser el uso de la lengua materna con traducción simultánea. Esta elección, más común en mandatarios de derecha populista o disruptiva, busca una identificación directa y mediática con un eslogan político globalizado y su audiencia target ideológica.
El contexto logístico fue adverso. Su intervención, programada tras la de Trump, se realizó ante una sala semivacía, luego de que el presidente estadounidense extendiera su discurso por más de 90 minutos. Esto redujo el impacto presencial inmediato, aunque la estrategia de Milei estaba claramente orientada a la difusión mediática y a la consolidación de su nicho ideológico global, más que a persuadir a una audiencia multilateral escéptica.

El manifiesto sin diálogo ni construcciones

El discurso de Javier Milei en Davos 2026 fue un manifiesto integral y sin concesiones de su ideología. Lejos de buscar construir puentes en un foro dedicado al diálogo, redobló su apuesta por una guerra cultural y económica sin matices. Cada declaración, desde la más filosófica hasta la más anecdótica, estuvo al servicio de un relato único: la lucha maniquea entre la libertad (encarnada en su proyecto y sus aliados) y un socialismo omnipresente que incluye a todos sus críticos. «Maquiavelo ha muerto», he’i, (dijo) pero su proclama parece menos un análisis político sofisticado y más el grito de batalla de una cruzada ideológica que no admite términos medios.

RP – Misiones Plural