¿Agoniza la fábrica de zapatillas Adidas y Nike de Eldorado? De 1500 empleados en 2010 a unos 230, este lunes de enero. Ahora 43 trabajadores recibieron la carta de despido. Los empleados y el gremio piden previsiones y sinceramiento de la empresa. El año pasado produjeron menos de 700 mil pares de zapatillas mientras Adidas importó más de 12 millones de pares. El delegado sindical denuncia el abandono por parte de las corporaciones globales, que prefieren importar desde Asia, y critica la falta de políticas industriales nacionales que protejan el empleo local.
Lunes 26 de enero de 2026. El delegado gremial de la fábrica de zapatillas Dass, de Eldorado, Gustavo Melgarejo, confirmó el despido de 43 trabajadores de la firma que entre el fin de semana y este lunes recibieron las cartas documentos donde les confirmaron el cese del vínculo laboral. el gremialista espera que en la audiencia entre los representantes locales de la empresa («que también son empleados») y las autoridades provinciales de Trabajo, haya un sinceramiento de parte de la empresa y defina hasta cuánto seguirán, qué producción habrá y con cuántos empleados, expresó durante una entrevista con Info Verano, de Canal 4 Posadas.
Melgarejo describió el lento desangre de la que fue una de las plantas industriales más pujantes del NEA, la fábrica de zapatillas Adidas y Nike dentro de la Argentina, que comenzó a operar en 2010 con unos 1500 empleados y hoy subsisten apenas unos 230. Este viernes, 43 trabajadores recibieron cartas documento de despido, reduciendo la planta.
La noticia de los despidos llegó de golpe. «El viernes y sábado llegaron cartas documento a los compañeros», relata Melgarejo a Canal 4 Posadas. Inmediatamente, convocaron a una asamblea y requirieron la intervención del Ministerio de Trabajo de la provincia, a la espera de una audiencia de conciliación.
Según el Delegado, en una reunión previa la empresa argumentó que tenía producción asegurada hasta junio y que no habría modificaciones. Sin embargo, la promesa se quebró en días. «Éramos 275 y hay que sacar 43 compañeros», afirmó.
Melgarejo apunta directamente a la estrategia global de las marcas. «El problema es que las grandes marcas inundan de calzado importado. Siguen sacando la plata y no invierten en la Argentina», en consonancia con lo que pregona y fomenta la política del Gobierno nacional, sostiene.
Los números que da son contundentes: en los primeros seis meses del año, solo Adidas importó 12 millones de pares de zapatillas terminados al país. En el mismo período, la planta de Eldorado produjo menos de 700 mil. «¿Se imagina si hubieran pedido solo un millón de pares? Habría que tomar gente y no despedir», reflexiono.
«Para las patronales, el empleado es un gasto»
El dirigente explica el mecanismo que hace inviable competir: «Nike y Adidas les conviene traer los modelos de China porque no hay legislación que les impida. Traen sin problemas. Los costos son baratos, triangulan por el Mercosur y meten sin impuestos al país. Les resulta más barato, más rentable». Y agrega con crudeza: «Para las patronales, el empleado es un costo. Es lamentable, pero es así». Aclara que las decisiones no se toman en el ámbito local donde los que dirigen la empresa Dass, en Eldorado, son también meros empleados: «En Eldorado no se toman decisiones sino que vienen del corporativo, de Brasil». Por eso exigen compromisos por escrito sobre el futuro de la planta, que hoy desconcoen.
Melgarejo hace un repaso histórico del declive. En su mejor momento, con una fuerte política de sustitución de importaciones, la fábrica no solo ensamblaba, sino que fabricaba completamente las zapatillas, con un 30% de insumos nacionales. «Hoy se importan suelas y se ensamblan en Eldorado», señala.
La incertidumbre es el mayor enemigo. «Necesitamos saber qué piensan hacer. Si cerrar, cuándo, cuánto tiempo de producción, cuánta gente necesitan. No vamos a atornillarnos en la empresa, pero somos trabajadores, queremos saber la proyección», reclamó.
La dimensión social del problema es amplia. «¿Dónde se insertan los despedidos? Hoy no hay lugar donde trabajar», se pregunta, recordando los más de cien despidos del año pasado. «Veníamos de más de mil compañeros afuera de la empresa y la situación se pone cada vez peor». Desde su perspectiva, esto es consecuencia de un modelo. «El gobierno nacional cree que los trabajadores son descartables», afirma. Y arremete contra el discurso oficial: «Bajó la inflación, pero ¿qué te importa la inflación si no tenés para comer?».
Critica lo que llama un «discurso de autoayuda» del oficialismo nacional y de los propios directivos de Dass que este lunes intentaron explicaciones. «Para ellos, para el Gobierno de Milei, todos son malos menos ellos. Engatusan. Cuando te das cuenta, te quedás sin laburo y no te queda nada», sentenció.
Aunque se define como peronista, Melgarejo hace un planteo que trasciende la pertenencia partidaria: «A mí, si el gobierno nacional cambia la política de industria, bienvenido sea. No tengo que mirar mi partido, sino el rubro que afecta o no afecta a los trabajadores».
Y sobre el cierre de la entrevista, hizo un llamado a la memoria y a la soberanía industrial: «En 2010 no había otra industria creciente, y esa fábrica impulsada por Cristina (Fernández de Kirchner) fue la que nos dio dignidad a los trabajadores… permitió mejorar su situación, ponerse una zapatilla en los pies, adquirir una casa. Todo eso parece que la gente se olvida».
Mientras espera la audiencia en el Ministerio de Trabajo provincial sobre esta situación, la pregunta que flota en el aire de Eldorado es si esta caída libre tendrá un final distinto al cierre definitivo, o si será, como teme Melgarejo, «el final de todo». Recordó que esta situación es similar a la de otras industrias productivas de Misiones, con la madera, y en todo el país, donde, por ejemplo, afectará a la industria automotriz con esa enorme importación de autos de China.
La situación en Dass no es un caso aislado, sino el reflejo de una ejecución en tiempo presente. Melgarejo sitúa estos despidos en el marco de una recesión con inflación donde el sector industrial sufre un goteo constante de puestos de trabajo. Denuncia una ola de cesantías que las empresas suelen disfrazar de «retiros voluntarios» o reestructuraciones necesarias, una práctica que está afectando la estabilidad de familias enteras sin que exista un plan de contingencia estatal.
El delegado señala responsabilidades con precisión: apunta a la patronal por su falta de sensibilidad y al Gobierno nacional por «liberar los precios de la economía mientras pisa los salarios y permite las cesantías». Para Melgarejo, la esencia de la crisis es la deshumanización de la relación laboral. Están echando gente con 15 o 20 años de antigüedad como si fueran un número en una planilla de costos, datos que muestran la crueldad del sistema.
