En cientos de chacras misioneras, productores y productoras conservan, intercambian y multiplican sus propias semillas como acto de resistencia y soberanía. Frente al retiro del Estado y la disolución de organismos de apoyo, esta red crece desde el territorio para garantizar la biodiversidad, bajar costos y sostener la vida rural.

Miércoles 4 de febrero de 2026. En distintas chacras de Misiones, cientos de productores y productoras practican desde hace años algo tan simple como decisivo: guardar semillas de una cosecha para volver a sembrar al año siguiente. Esta práctica —extendida en muchas localidades— busca ahora dar un paso más al conectarse en red, para que las semillas circulen de colonia en colonia, se multipliquen y lleguen a todos quienes las necesitan.
La propuesta, una bandera histórica del espacio político Tierra, Techo y Trabajo y con el apoyo del Instituto de Macroeconomía Circular (IMaC), busca ampliar las redes para hacerlas más efectivas. No se trata solo de intercambio, sino de autonomía productiva: bajar costos, evitar la dependencia de los “paquetes tecnológicos” y sostener la vida en las chacras con mayor resiliencia frente a los vaivenes del clima y de la economía.
En lugares como San Antonio, San Pedro, San Vicente, El Soberbio, Mártires, San Ignacio, Bonpland, Puerto Piray, Corpus, Gobernador Roca y Campo Viera, entre tantas otras comunidades, la red ya aparece como una respuesta concreta: soberanía alimentaria en movimiento.
Las familias productoras coinciden en que conservar semillas es también conservar saberes ancestrales: selección, secado, guarda, tiempos de siembra, manejo del suelo e intercambio solidario. “Es una memoria viva que ordena el presente y proyecta futuro”, destacan. Por eso sostienen que la semilla no es un insumo más, sino un bien común ligado a la biodiversidad y a la permanencia en el territorio.
La iniciativa también surge como reacción a un contexto adverso. Durante 2024, el Estado nacional recortó las políticas de acompañamiento técnico a la agricultura familiar. El Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI) fue intervenido en abril de ese año y, según denuncias y coberturas periodísticas, su cierre dejó territorios sin asistencia técnica desde marzo. Posteriormente, el Decreto 462/2025 formalizó la disolución del organismo, lo que para las organizaciones y productores no fue solo un trámite burocrático, sino que se tradujo en menos programas, técnicos y herramientas para sostener la producción de alimentos en el interior del país.

Compartir e intercambiar semillas para sembrar autonomía
“Desde la banca de diputados conquistamos las leyes de Semillas Nativas y Criollas, de Soberanía Alimentaria, de Fomento a la Fruticultura y de Arraigo Rural. Y esas leyes no son marcos teóricos abstractos; son la mirada construida en el territorio, el camino hacia un sueño colectivo”, afirmó Sereno, referente del espacio Tierra, Techo y Trabajo. Agregó que “la permanencia territorial y la defensa de nuestra biodiversidad es defensa de la vida: el futuro depende de nosotros, nosotras y de nuestras actitudes”.
Explicó que la Red de Semillas no busca reemplazar todo de un día para el otro, sino organizar lo que ya existe, conectar experiencias, registrar qué funciona en cada zona y fortalecer el trabajo colectivo. En tiempos de incertidumbre, la apuesta es guardar y conservar semillas propias, con chacras autónomas, biodiversidad protegida y esperanza organizada.
Ya comenzaron con la distribución y el intercambio junto a productores de la provincia, y con esa intención esperan poner en marcha un programa específico. La propuesta es simple y poderosa: que las familias productoras guarden las semillas y las comparta, construyendo una red que crezca año tras año.
Consideran que, a través de la organización, en poco tiempo no tendrán que depender de la compra de semillas, ya que circularán en un intercambio virtuoso de territorio en territorio, fortaleciendo el trabajo colectivo y la soberanía productiva. “Es una idea sencilla, pero profundamente transformadora”, manifestaron quienes pusieron en marcha esta red con la esperanza en movimiento desde el territorio.