El posadeño Gonzalo «Lalo» Costa de Arguibel, descendiente de Rosas, judicializó el traslado del símbolo sanmartiniano. Javier Milei ordenó mover el sable del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballos, es decir, del ámbito público al área castrense, sin acceso de la población.

Viernes 6 de febrero de 2026. El sable corvo de José Francisco de San Martín debe permanecer en el Museo Histórico Nacional, con acceso a toda la población, y no al ámbito cerrado (cuasi privado) como es el Regimiento de Granaderos a Caballo, donde quedará solo con acceso castrense. En los últimos días, el presidente Javier Milei ordenó que el sable que San Martín legó a Juan Manuel de Rosas se traslade y quede a resguardo de los Granaderos, lo que impide su exhibición pública y que motivó una ola generalizada de rechazos.
En Posadas, el abogado «Lalo» Costa de Arguibel, familiar de Juan Manuel de Rosas, interpuso un amparo para frenar el decreto presidencial que mueve el arma histórica del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo. Esgrime derechos colectivos sobre el patrimonio y apelando a la voluntad original de su donación, plantea una batalla legal cargada de simbolismo político e histórico.
La polémica decisión del presidente Javier Milei de trasladar el sable corvo del General José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo, además de disparar el debate público, desembocó en una pulseada judicial. El martes, el Poder Ejecutivo Nacional firmó el decreto, argumentando una suerte de “repatriación” del símbolo a su “hogar” militar. Sin embargo, para el misionero Lalo Costa de Arguibel, y otros descendientes de Rosa, esta medida representa una distorsión histórica, una vulneración de derechos colectivos y una “banalización” del patrimonio nacional.
Costa de Arguibel se presentó como descendiente de Juan Manuel de Rosas y de su esposa, Encarnación Ezcurra, y detalló los fundamentos del recurso de amparo con medida cautelar que presentó ante la justicia federal para impedir el traslado.

El legado histórico y la “donación coleccionada”
El argumento central del querellante se remonta a la cadena de custodia del sable. “El sable fue legado por San Martín a Juan Manuel de Rosas, en función de su satisfacción con el resguardo de la soberanía”, explicó Costa de Arguibel en una entrevista con Canal 4 Posadas. Tras la muerte de Rosas, el arma pasó a su hija, Manuela “Manuelita” Rosas de Terrero. Fue ella quien, entre 1896 y 1897, “termina donando el sable, junto con otros artículos del general” San Martín, al entonces flamante Museo Histórico Nacional, por gestiones de su primer director, Adolfo Carranza.
“Y es una donación coleccionada”, subraya el entrevistado, utilizando un término legal, “solicitando concretamente que se resguarde allí y que esté abierto a la ciudadanía, que sea un patrimonio, donándolo al Estado Nacional como patrimonio histórico”. Para Costa de Arguibel, este acto define “claramente” su destino: “El Museo Histórico Nacional, una esfera civil abierta a la ciudadanía”.
Pero Javier Milei, en su permanente ataque al pueblo argentino, altera de manera radical ese status. “Cambia de la esfera civil a la esfera discrecional militar, en donde se cambia el resguardo”. El abogado, en cambio, desestima la idea de que el sable deba estar en el Regimiento: “Es una falacia… el Regimiento es quien resguarda el sable corvo durante las 24 horas… pero hasta por cuestiones museológicas, el lugar propicio y correspondiente, la propia donación, es el Museo Histórico Nacional”. En el Museo, los granaderos resguardan el sable. No hay necesidad de traslados ni de sacarlo de la esfera pública, que es a dónde pertenece porque fue una donación «con cargo», es decir, con el mandato de que permanezca en el Museo.

“Payasada teatralizada”
Más allá de los argumentos histórico-jurídicos, Costa de Arguibel no elude la lectura política del acto. “Esto tiene como una chicana política más que nada”, opina, y carga con dureza contra la figura del Presidente. “Se plantea hacer, digamos, una payasada de teatralización, tengo entendido, vestirse él de granadero… que tengamos un payaso Presidente no implica la seriedad del caso”.
“No es un instrumento para ir al teatro a cantar con Fátima o a darse un beso”, añade, en una clara referencia a eventos públicos del mandatario. “Son cuestiones que hacen al patrimonio cultural… lo que pasa es que este tipo, al ser tan payasesco, banaliza todo”.
Consultado sobre su vínculo familiar, Costa de Arguibel aclara: “El parentesco viene, en realidad, tanto con Rosas como con Encarnación, más directo con Encarnación… ya que eran primos entre sí”. Explica que su padre era “biznieto” de Encarnación Ezcurra y Arguibel (de ahí su apellido), y que siempre reconstruyó con orgullo la escala genealógica.
Sin embargo, fundamenta su acción no solo en el parentesco. “Como ciudadano argentino me siento lesionado en un derecho fundamental y colectivo, como es el derecho al resguardo del patrimonio cultural”, sostiene. Lo equipara a los “derechos de tercera generación, como los derechos ambientales”. “Si no es un patrimonio cultural de lo más importante que tenemos, el sable corvo de San Martín”, remata.

El camino legal
El recurso fue presentado de urgencia, anticipándose a la publicación oficial del decreto, movido por las noticias sobre su inminencia. “El amparo, concretamente… es contra el decreto presidencial de traslado… y la medida cautelar es solicitando que se impida efectivizar el decreto, hasta tanto se resuelva”. Ahora, el camino es “esperar” a que la justicia federal se expida, con la esperanza de que lo haga con celeridad, ante la posibilidad de que el acto de traslado se concrete este fin de semana.
Mientras el gobierno prepara una puesta en escena con aires de reivindicación histórica, un descendiente de quienes custodiaron el símbolo apela a la Justicia para que el sable de San Martín permanezca donde, según la historia y la ley, siempre debió estar: en un museo, abierto a todos. La disputa por el corvo ya no es solo simbólica; es legal.