Un fenómeno identitario emergente, arraigado en la autopercepción y potenciado por las comunidades digitales, desafía los conceptos tradicionales de la psicología y la sociedad. Comprender a los therians no significa necesariamente adherir a su visión, sino reconocer que la experiencia humana de la identidad es más vasta, diversa y compleja de lo que nuestros esquemas tradicionales están preparados para abarcar. En esa brecha entre lo establecido y lo emergente es donde, hoy, una persona puede encontrarse a sí misma sintiendo, en lo más profundo, que lleva dentro el espíritu de un lobo, un felino o un ave.
Lunes 9 de febrero de 2026. La comunidad therian llegó a las plazas de distintas localidades de Misiones de manera visible. Lejos de ser una moda pasajera o un performance superficial, se trata de individuos —en su mayoría adolescentes y adultos jóvenes— que reportan una identificación interna, espiritual o psicológica persistente con un animal no humano. No es un juego de roles ni un hobby; es, para quienes lo vivencian, un aspecto fundamental de su ser. Este fenómeno emerge en un mundo donde las categorías identitarias se expanden y complejizan y vienen incluso a interpelar las bases mismas de cómo se define la sociedad, en un momento del vale todo y de la falta de acompañamiento de las familias a sus hijos.
En este marco, la psicóloga Cecilia Jacquet aportó un marco profesional para entender este movimiento: “Hablamos de personas que tienen una autopercepción y una identificación interna subjetiva con un animal. Esa es la cuestión”. Esta distinción es vital para separarlo de la subcultura furry, que –explica– se centra más en el arte, lo social y el disfraz, sin conllevar necesariamente esa identificación profunda. La profesional dejó estos y varios conceptos durante una entrevista para “InfoVerano” de Canal 4 Posadas.
Si algo queda claro al analizar el fenómeno therian es el papel indispensable de la comunidad. Las redes sociales y plataformas como TikTok, Reddit, Discord (Discord es una plataforma de comunicación de chat y voz para jugadores. Permite a los usuarios crear comunidades en línea donde los usuarios pueden chatear, compartir archivos y realizar llamadas de voz o videollamadas. Reddit es una plataforma social de noticias y debate) y foros especializados funcionan como un catalizador, transformando lo que antes eran experiencias aisladas y potencialmente angustiosas en identidades colectivas validadas.
“Lo que estamos analizando los psicólogos”, señala Jacquet, “es que estas personas… tienen un grupo, una comunidad que los entiende. Que quizás el resto de la sociedad no lo hace”. En estos espacios digitales, comparten terminología (“theriotipo” para referirse al animal con el que se identifican), experiencias (“cambios mentales” o “shifts”), y encuentran un refugio ante el rechazo y la incomprensión del mundo “exterior”. Es la construcción de un microcosmos donde la norma es lo que afuera se considera excepcional.
¿Crisis de identidad o identidad consolidada?
Jacquet introduce un matiz psicológico esencial al vincularlo con las crisis identitarias propias de la adolescencia, etapas donde la pregunta “¿quién soy?” se vuelve central. “Hay muchas crisis esperables que atraviesan los adolescentes… Tratan de armar un nuevo concepto”, explica. Esto no significa patologizar la experiencia therian, sino ubicarla en un contexto de búsqueda identitaria.
Sin embargo, muchos therians adultos sostienen que esta identificación no es una fase, sino un descubrimiento permanente sobre sí mismos. El desafío para la psicología, como apunta Jacquet, es acompañar sin prejuicios: “Para las familias… poder escucharlo de manera base. Siempre primero la escucha”. La profesional es enfática en no patologizar de entrada: “Para llegar a una patología, los profesionales de la salud realizamos muchas evaluaciones”.
El tratamiento mediático y social suele oscilar entre la burla y el morbo. La psicóloga Cecilia Jacquet critica este enfoque: “Los medios (de comunicación) reflejan mucho lo que pasa en la calle, que toma estos temas para la burla y eso no está nada bien porque no ayuda a construir”.
La conversación deriva entonces hacia los límites prácticos de esta identificación. «¿Un therian que se identifica como lobo va al veterinario si se enferma? ¿Renuncia a conducir un auto? Porque el carnet de conducir se otorga solamente a los seres humanos», preguntan los periodistas. La propia Jacquet y los conductores del programa especulan: “Termina ese encuentro en la comunidad autoconstruida y cada uno vive su vida dentro de la sociedad constituida. Van a la escuela, a la universidad, al supermercado”. Esto revela una negociación constante entre la autopercepción interna y las exigencias de un mundo material y social estructurado para cuerpos humanos, plantea. La identidad therian parece operar, en muchos casos, en un plano espiritual, interno o comunitario específico, sin implicar necesariamente un rechazo total a la biología o a todas las convenciones humanas.
Un espejo para la sociedad
El fenómeno therian funciona como un espejo aumentado de procesos sociales más amplios. Jacquet lo enlaza con otras tribus urbanas: “Se da mucho con los chicos que consumen anime… Uno tiene que entender ese mundo, ese idioma”. En un mundo hiperconectado pero a menudo alienante, la formación de comunidades de afinidad electivas se vuelve un mecanismo fundamental de supervivencia psicológica y social.
“La sociedad está evolucionando. Va cambiando”, concluye Jacquet. “No somos quienes para decir si está bien o si está mal. Sino que está bueno acompañar”. El llamado final de la especialista es a la escucha activa y a la suspensión del juicio rápido. Comprender a los therians no significa necesariamente adherir a su visión, sino reconocer que la experiencia humana de la identidad es más vasta, diversa y compleja de lo que nuestros esquemas tradicionales están preparados para abarcar. En esa brecha entre lo establecido y lo emergente es donde, hoy, una persona puede encontrarse a sí misma sintiendo, en lo más profundo, que lleva dentro el espíritu de un lobo, un felino o un ave.
La reunión en Posadas
Fue una convocatoria importante la de la plaza 9 de Julio de Posadas, que el calor sofocante no disipó. cientos de jóvenes se congregaron este jueves en el centro de la capital de Misiones en el primer encuentro masivo local de la comunidad therian local.
La convocatoria, difundida a través de redes sociales, logró un alto alcance y atrajo a participantes de distintos puntos de la ciudad, así como a amigos, familiares y curiosos. El fenómeno, que mostró a la comunidad integrada en su gran mayoría por jóvenes de entre 15 y 20 años de edad, algunos identificados con los therians y otros que admitieron solo su afinidad.
Glosario:
Therian/Terrian: Persona que se identifica internamente con un animal no humano.
Furry: Persona interesada en la cultura del arte antropomórfico animal, que puede incluir el uso de fursuits (disfraces). No implica necesariamente una identificación interna como animal.
Theriotipo: El animal específico con el que un therian se identifica.
Shift (Cambio): Experiencia interna (mental, espiritual) donde la identificación animal se siente más intensamente presente.
La identidad animal, un espejo humano
En un parque de alguna ciudad argentina, un grupo de adolescentes se reúne los sábados por la tarde. Comparten dibujos, conversan y, a veces, practican movimientos ágiles que recuerdan a felinos o caninos. No es un juego de rol ni una performance artística. Para ellos, es la expresión de una identidad interna: se identifican como therians o teriantropos, personas que experimentan una conexión psicológica, emocional o espiritual profunda con un animal no humano. Lejos de los mitos de la licantropía o la creencia en una transformación física, este fenómeno global, con arraigo en Argentina, ilumina las complejas formas en que las nuevas generaciones construyen su identidad en la intersección entre lo digital, lo social y lo personal.
Pero, ¿Qué es un therian? “No creo que sea un lobo. Sé que hay una parte de mí, en mi mente y mi forma de sentir el mundo, que es lobuna”, explica Alex (18), estudiante de La Plata, quien prefirió usar un seudónimo en una entrevista para un medio de esa capital bonaerense. Como él, miles de jóvenes aclaran un punto fundamental: su identidad no implica un delirio o una confusión sobre su cuerpo humano. En cambio, describen una identidad no humana interna que se manifiesta de diversas maneras. «Siento una conexión profunda con el lobo que va más allá de lo metafórico. Es parte de quién soy, de cómo pienso y siento el mundo, pero sé que tengo cuerpo humano», completa una joven de 21 años de Mendoza, que se expresa a través de redes sociales, de manera anónima, para evitar el estigma.
Los llamados “shifts” (cambios) son experiencias comunes: desde shifts mentales (pensar o reaccionar como lo haría su animal), hasta shifts fantasma (la sensación vívida de tener una cola, orejas puntiagudas o garras). Para la mayoría, es una vivencia interna y privada; para algunos, se expresa en conductas como el “quadrobics” (moverse a cuatro patas) o en la creación de arte y escritura relacionada con su “theriotype” (el animal con el que se identifican, siendo lobos, felinos grandes, zorros y aves de rapiña los más comunes).
Desde la psicología (según las lecturas realizadas desde Misiones Plural para esta nota) el fenómeno se analiza con matices, donde los profesionales aconsejan no patologizar automáticamente una experiencia identitaria no normativa. Además, el DSM-5, el manual diagnóstico de referencia, no considera la identidad therian como un trastorno y advierten que solo se volvería un problema si causa un malestar clínico significativo o deterioro funcional, algo que en la mayoría de los casos no ocurre.
Por el contrario, para muchos adolescentes, esta identificación cumple una función adaptativa y se presenta como una forma de exploración del yo, especialmente en un momento del desarrollo donde la pregunta ‘¿quién soy?’ es central.
Esa respuesta puede servir como recurso simbólico para la regulación emocional; como forma de conexión con la naturaleza en contextos urbanizados; como estrategia para encontrar comunidades de pertenencia cuando se experimenta marginación en otros ámbitos; como intersección con otras identidades. En este caso, advierten que las observaciones de comunidades online muestran una sobrerrepresentación de personas neurodivergentes (con autismo, TDAH) y del colectivo LGBTQ+. Esto sugiere que la identidad therian a menudo se entrelaza con otras experiencias de diversidad.
El contexto argentino
En Argentina, la comunidad therian comenzó a organizarse en foros alrededor del 2010 y experimentó un crecimiento exponencial durante la pandemia, impulsado por TikTok. Se estima que existen entre 2.000 y 3.000 personas que participan de manera activa en grupos locales, principalmente adolescentes y adultos jóvenes. El fenómeno saltó a la televisión abierta en 2021 en un segmento del programa «PH: Podemos hablar», que de manera irresponsable utilizó un enfoque sensacionalista, generando después episodios de bullying escolar hacia jóvenes que se identificaban como therians.
Como respuesta, surgieron cuentas educativas (@therians.ar, @therian.arg) dedicadas a explicar la identidad con seriedad y combatir la desinformación. También se organizan encuentros presenciales esporádicos en espacios públicos, donde los therians pueden compartir experiencias cara a cara.
Pero qué dice este fenómeno sobre este tiempo? El crecimiento de identidades como la therian puede leerse como síntoma de transformaciones sociales más amplias, como la fluidez identitaria contemporánea, ya que vivimos en una época donde las categorías identitarias son cada vez más múltiples, flexibles y auto-determinadas. Lo que antes podía quedar confinado al diario íntimo, hoy se compresa y valida en comunidades globales online; o una respuesta a la desconexión ecológica, ya que en un mundo de crisis ambiental y vida urbana, la identificación con animales puede representar una búsqueda de reconexión con lo natural, una forma de recuperar simbólicamente un vínculo perdido. Y las redes, como espacio de subjetivación, donde las nuevas generaciones no construyen la identidad solo en la familia o la escuela sino también en ecosistemas digitales donde se encuentran narrativas alternativas y comunidades de afinidad.
Ni burla ni patologización
Especialistas coinciden en que el abordaje más adecuado frente a jóvenes que exploran estas identidades es la curiosidad respetuosa. Proponen evitar la patologización automática y no asumir que es un trastorno sin evaluar el bienestar general de las personas; escuchar sin prejuicios, para entender qué función cumple esa identidad en su vida cotidiana; diferenciar entre diversidad y patología para reconocer que la experiencia humana incluye variaciones identitarias que no encajan en normas sociales tradicionales pero que no por ello son enfermizas.
Los especialistas insisten con que los therians argentinos, como sus pares globales, no son una moda superficial ni un trastorno colectivo. Son personas, principalmente jóvenes, que encontraron en el lenguaje de lo animal una forma de nombrar experiencias internas complejas que no encajan fácilmente en categorías convencionales.
«Al final, no se trata de escapar de lo humano», reflexiona un therian de 19 años de Buenos Aires. «Se trata de encontrar dentro de lo humano espacios que la cultura ha olvidado: la conexión instintiva, la sabiduría corporal, el sentido de manada. En un mundo que a menudo nos hace sentir solos y fragmentados, encontrar esa parte animal dentro de uno puede ser, irónicamente, una forma profundamente humana de sanar».
Como toda identidad emergente, el camino implica navegar entre la autoafirmación y el prejuicio social. La tarea para el resto de la sociedad es simple en principio aunque compleja en la práctica: informarse, escuchar sin burla y recordar que el vasto espectro de la experiencia humana siempre encontrará nuevas formas, a veces sorprendentes, de expresar su necesidad fundamental de conexión y significado.
