La empresa textil histórica despidió a 460 trabajadores en Goya y Villa Ángela y aplicará el artículo 247 que reduce al 50% las compensaciones. Mientras los empleados cortan rutas y preparan demandas, el ministro de Economía aseguró que «nunca» compró ropa en el país porque los precios eran «un robo» y sugirió que los operarios pueden reconvertirse a otras actividades.
Martes 17 de febrero de 2026. La histórica empresa textil Emilio Alal SACIFI profundizó la crisis laboral en Corrientes y Chaco al confirmar que abonará solamente la mitad de las indemnizaciones a los 460 trabajadores despedidos tras el cierre definitivo de sus plantas, decisión que anticipa un escenario de judicialización masiva.
La firma comenzó a responder las cartas documento enviadas por los empleados cesanteados y ratificó la aplicación del artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que habilita el pago reducido cuando el despido se produce por fuerza mayor o falta de trabajo no imputable al empleador. En su respuesta, la compañía rechazó los reclamos «en todos sus términos» y sostuvo que las desvinculaciones obedecen a causas económicas y financieras comprobables, negando que corresponda el pago completo previsto en los artículos 232, 233 y 245 de la normativa laboral.
Cierre de plantas y despidos masivos
El 25 de enero, la empresa anunció el cierre definitivo de sus plantas productivas, decisión que impactó en 260 empleados de Goya (Corrientes) y 200 trabajadores de Villa Ángela (Chaco). Días después, la compañía formalizó su ingreso al Concurso Preventivo de Crisis, lo que agravó aún más la situación laboral.
La firma, fundada en 1914, argumentó que en el contexto actual se volvió «inviable la continuidad de sus operaciones» y apuntó contra la apertura de las importaciones y la caída del consumo como factores determinantes.
«Nos dieron la espalda» a los trabajadores
Alberto Vallejos, trabajador con 23 años de antigüedad en la empresa, describió el desolador panorama que atraviesan los empleados. «Es un bajón emocional, un golpe muy duro para toda nuestra familia. De golpe y porrazo nos desayunamos con un telegrama de despidos que decía que no pertenecíamos más a la empresa», relató.
El operario advirtió sobre las escasas posibilidades de reinserción laboral en la región: «Acá está todo muerto. Yo estoy hace 23 años en la fábrica. Ya es cuesta arriba conseguir trabajo en el rubro. Acá no quedan otras textiles donde pueda decir, salgo de acá y voy para allá».
Pero lo que más lamentó Vallejos tiene que ver con el trato recibido por parte de la patronal: «Lo triste es que nosotros cumplimos con responsabilidad. Nos pusimos siempre la camiseta de la empresa. Y ahora nos dan la espalda de esta forma y nos quieren pagar solo el 50 por ciento de la indemnización. Yo tengo tres chicos y ahora tengo que explicarles la situación y que puedan entender».
Tras los despidos, los trabajadores iniciaron movilizaciones y cortes de ruta para exigir el pago total de las indemnizaciones. Ante la falta de acuerdo, el conflicto se encamina a la presentación de demandas laborales individuales, donde la Justicia deberá determinar si corresponde la aplicación del artículo 247 o el pago completo.
«Acá el abogado nos dice que el despido ya está hecho. No hay vuelta atrás. Ahora salieron políticos de todos los colores diciendo que están informados de la situación, que pretenden solucionar, colaborar. Queremos que esto se sepa, que no estamos exentos de las políticas y que estamos totalmente perjudicados. Somos 260 empleados con las familias a cuestas», concluyó Vallejos.
El deterioro del sector textil
Desde el sector sindical advierten que el caso se inscribe en un deterioro más amplio de la industria. El secretario adjunto de la Asociación Obrera Textil (AOT), Isaac Solís, había señalado meses atrás que la apertura de importaciones impacta de lleno en el sector, al tiempo que cuestionó el deterioro salarial y los regímenes de suspensión en plantas textiles de la región, señalando que muchos operarios aceptan retiros voluntarios ante la falta de empleo.
Las estadísticas respaldan estas preocupaciones. Según un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), en octubre de 2025 la actividad textil registró una caída interanual del 24%, una contracción significativamente superior a la observada en la industria en su conjunto, que retrocedió 2,9%.
El informe precisa que en septiembre los sectores textil, confección, cuero y calzado contabilizaron 105.000 puestos de trabajo formales, es decir, 2.000 menos que en agosto y 8.000 menos que un año atrás. Desde diciembre de 2023, la pérdida acumulada supera los 16.000 empleos.
El conflicto en Emilio Alal se convierte así en un símbolo de la crisis que atraviesa una industria histórica, mientras los trabajadores despedidos aguardan definiciones judiciales en medio de un panorama laboral cada vez más adverso.
Caputo dijo que nunca compró ropa en Argentina
En medio de la crisis textil que dejó a 460 trabajadores despedidos, el ministro de Economía, Luis Caputo, defendió la política económica del gobierno de Javier Milei y cuestionó los altos precios del sector, al afirmar que nunca compró ropa en la Argentina porque «era un robo».
En declaraciones a Radio Mitre, hace un par de semanas, el funcionario sostuvo que quienes tenían la posibilidad de viajar solían adquirir prendas en el exterior debido a los valores del mercado local. Además, lanzó críticas hacia los empresarios del rubro: «Los conozco a la mayoría, excelente gente, los quiero mucho, y el que no viaja en primera no es porque viaja en económica, es porque tiene avión privado».
Caputo calificó al sector textil como un caso «emblemático» de actividad protegida durante años y cuestionó el argumento de que esa política se sostuvo por las «150 mil familias» vinculadas a la industria. Según afirmó, durante décadas los consumidores argentinos pagaron prendas y calzado a precios entre dos y hasta diez veces más caros que en otros países, una intervención estatal que calificó como «una medida zonza» porque terminó perjudicando «al que menos tiene».
El ministro consideró que la Argentina puede competir en la producción de hilados, pero señaló que la confección presenta mayores dificultades frente a mercados como Bangladesh o Indonesia, donde los costos laborales son significativamente más bajos. «Otros van a competir por diseño, pero en líneas generales nosotros venimos a defender a los 47 millones y medio de argentinos», afirmó.
Sobre el futuro laboral de los trabajadores del sector, Caputo sostuvo que quienes se desempeñan en la industria textil pueden reconvertirse hacia otras actividades y se refirió a «los famosos mitos que han empobrecido a todos los argentinos con el cuento de que el que se queda sin trabajo». Y completó: «Tenemos que generar trabajo para que el que se quede sin trabajo, consiga. Ese es el punto. Ocurre en todos los países. El problema no es ese, es si no consigue».
