La intensificación del calor global amenaza la habitabilidad tanto de adultos jóvenes como mayores. El calor más frecuente y extremo, causado por el cambio climático, limita cada vez más la capacidad de las personas para vivir y trabajar.

Miércoles 11 de marzo de 2026 (Con material de Periodistas por el Planeta). El avance del calentamiento global está modificando una de las condiciones básicas de la vida humana: la posibilidad de vivir, trabajar y realizar actividades cotidianas sin poner en riesgo la salud. Un nuevo estudio internacional publicado en la revista científica Environmental Research: Health advierte que el aumento sostenido de la temperatura y la humedad está reduciendo cada vez más el tiempo en el que las personas pueden desenvolverse con seguridad al aire libre.
La investigación, liderada por científicos de The Nature Conservancy, analiza más de siete décadas de datos climáticos globales —entre 1950 y 2024— combinados con un modelo fisiológico que simula cómo responde el cuerpo humano al calor según la edad. El trabajo concluye que el calor extremo ya está generando lo que los especialistas denominan “graves limitaciones de habitabilidad”, es decir, condiciones en las que la combinación de temperatura y humedad vuelve riesgosa incluso una actividad física mínima.
En esos escenarios, cualquier esfuerzo mayor que una tarea ligera —como barrer el piso a la sombra o caminar lentamente— puede provocar un aumento peligroso de la temperatura corporal. Esto significa que, en determinadas regiones y momentos del año, el calor deja de ser solo incómodo y pasa a representar una amenaza directa para la salud.

Más calor, menos tiempo para vivir con normalidad
Los datos muestran que estas restricciones se han expandido de manera clara en las últimas décadas, en paralelo con el aumento de las temperaturas globales impulsado por el uso de combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas.
Durante la década de 1950, los adultos jóvenes —entre 18 y 40 años— estaban expuestos en promedio a unas 25 horas al año de condiciones que limitaban severamente la habitabilidad. Desde 2014, esa cifra se duplicó hasta alrededor de 50 horas anuales.
La situación es aún más crítica para los adultos mayores. Las personas de más de 65 años, cuyo organismo pierde progresivamente capacidad para regular el calor, experimentaban en promedio 600 horas al año de condiciones de riesgo en la década de 1950. En la última década, esa exposición trepó hasta unas 900 horas anuales, lo que equivale a cerca del 10% de todas las horas del año.
Estas restricciones dificultan tareas básicas de la vida cotidiana y vuelven extremadamente peligrosos el ejercicio físico o el trabajo manual fuera de ambientes climatizados.
El fenómeno también se refleja en la población global expuesta. En 2024 —el año más caluroso jamás registrado en el planeta—, más del 43% de los adultos jóvenes y casi el 80% de los adultos mayores atravesaron al menos algunos períodos en los que el calor y la humedad limitaron gravemente la habitabilidad. En 1950, esas proporciones eran aproximadamente 27% y 70%, respectivamente.

Cómo se mide cuándo el calor supera los límites humanos
Para evaluar el impacto del calor sobre el cuerpo humano, los investigadores aplicaron el modelo fisiológico conocido como HEAT-Lim, que calcula el equilibrio térmico entre el organismo y el ambiente.
El sistema combina información climática de alta resolución —incluyendo datos horarios del reanálisis ERA5-Land— con variables fisiológicas que determinan cuándo la temperatura corporal comienza a aumentar de manera incontrolable. A partir de ese punto, la actividad física debe reducirse a niveles muy leves para evitar riesgos de salud.
El estudio analiza las condiciones en personas sanas, parcialmente aclimatadas al calor y ubicadas a la sombra, lo que permite dimensionar el impacto incluso en situaciones relativamente favorables. En los momentos más extremos del año, los investigadores detectaron lugares donde se alcanzan condiciones directamente “inhabitables”, es decir, situaciones en las que el cuerpo humano no puede compensar el estrés térmico ambiental ni siquiera en reposo.

El calor golpea con fuerza en regiones vulnerables
A escala global, las limitaciones de habitabilidad asociadas al calor son más intensas en regiones con mayor vulnerabilidad social y climática. Las restricciones más severas para los adultos jóvenes se concentran en países del sur y suroeste de Asia, mientras que para los adultos mayores se extienden ampliamente por el sudeste asiático tropical, el sur de Asia y gran parte del África subsahariana.
Sin embargo, el fenómeno también se expande en América Latina.
En la región, varios países registran hoy niveles muy altos de exposición al calor extremo entre los adultos mayores. Según el estudio, Belice alcanza unas 1.177 horas al año bajo condiciones de graves limitaciones de habitabilidad. Le siguen Cuba con 1.037 horas, Paraguay con 854 horas y Guayana con 774 horas en el período más reciente analizado (1995–2024).
En otros países el deterioro ha sido más rápido. Panamá, por ejemplo, prácticamente duplicó sus horas de riesgo, al pasar de 275 a 552 horas anuales. En Guayana, el incremento supera el 120%, mientras que en República Dominicana la exposición subió de 217 a 486 horas, un aumento del 124%. Incluso en países con valores absolutos más bajos, como Ecuador, el cambio es notable: las horas de riesgo se triplicaron, pasando de 16 a 54.

Un fenómeno que seguirá en expansión
Los investigadores advierten que estos resultados reflejan un mundo que ya se ha calentado algo más de 1 °C respecto de los niveles preindustriales. Si la tendencia continúa, las restricciones a la habitabilidad podrían ampliarse aún más en las próximas décadas, especialmente a medida que la población mundial envejece.
“A menos que dejemos de quemar petróleo, carbón y gas, las limitaciones a la habitabilidad causadas por el calor extremo solo se volverán más comunes y generalizadas, especialmente a medida que la población mundial envejece”, advirtió el climatólogo Luke Parsons, autor principal del estudio.
El trabajo también señala que existen medidas de adaptación que pueden reducir los riesgos: desde sistemas de alerta temprana y espacios públicos climatizados hasta cambios en los horarios laborales durante las olas de calor. Sin embargo, los científicos subrayan que la capacidad de adaptación tiene límites.
La conclusión es clara: el calor extremo ya está redefiniendo las condiciones de habitabilidad del planeta, y sin reducciones significativas de las emisiones de gases de efecto invernadero, cada vez más regiones del mundo enfrentarán restricciones severas para la vida cotidiana.