El territorio, como la identidad, también se construye desde la memoria. En Misiones, esa memoria tiene un punto de origen nítido, determinante y profundamente arraigado: la Batalla de Mbororé. En el inicio de la nueva temporada de Plural, programa de Canal 4 Posadas, el guardaparque y escritor Miguel Azarmendia desplegó una lectura precisa, documentada y sensible de ese acontecimiento que marcó el rumbo histórico de la región.

Miércoles 18 de marzo de 2026. Mbororé representa un punto de inflexión en el siglo XVII. En ese tiempo, las coronas de España y Portugal disputaban el control del territorio sudamericano. Desde San Pablo, los bandeirantes avanzaban hacia el oeste con un objetivo concreto: capturar indígenas para abastecer de mano de obra esclava a los sistemas productivos del Brasil colonial.
El impacto sobre las reducciones jesuíticas resultó inmediato. Esos espacios, donde convivían miles de guaraníes organizados en comunidad, se transformaron en blancos directos de las incursiones. Las capturas masivas derivaban en marchas forzadas hacia San Pablo, atravesando selvas sin infraestructura, con niveles de supervivencia mínimos según los registros históricos.
Ese escenario empujó a las reducciones a concentrarse en el actual territorio de Misiones y Corrientes. Allí se consolidó el sistema de los treinta pueblos: una estructura social, política y cultural única en América. Con el avance bandeirante sobre ese núcleo, la respuesta tomó forma: organización, estrategia y defensa.
Azarmendia describe con precisión ese momento. Los jesuitas, con formación militar en varios casos, estructuraron un ejército guaraní de unos 4.200 hombres. El armamento combinaba unos 300 arcabuces con lanzas, flechas, macanas y machetes. A esa base material se sumó un factor decisivo: el conocimiento del territorio y la convicción de defender la propia forma de vida.
El 11 de marzo de 1641, sobre el río Río Uruguay, se desarrolló la batalla central. La estrategia fluvial permitió a las fuerzas guaraní-jesuíticas imponerse con contundencia. La persecución posterior en la selva consolidó la victoria y desarticuló la capacidad operativa de los bandeirantes en la región.
Las consecuencias se proyectaron de manera inmediata. El avance esclavista se detuvo, las reducciones consolidaron su estabilidad y la corona española dimensionó el valor estratégico del territorio, destinando recursos para su defensa. En ese proceso se afirmó una experiencia colectiva que integró territorio, organización y pertenencia.
En ese núcleo se gestan rasgos que atraviesan a Misiones hasta hoy. Miguel Azarmendia los define con pasión y claridad: una identidad en formación, alimentada por la matriz guaranítica, atravesada por influencias paraguayas, brasileñas y europeas. Un cruce de culturas que se expresa en la lengua, en la música, en la relación con la tierra y en la manera de habitar el espacio.
Su propio vínculo con el Cerro Mbororé condensa esa dimensión. Como guardaparque del área protegida creada en 2018 y como escritor que trabajó el tema desde la literatura, su experiencia se articula entre la historia y el paisaje. El cerro se presenta como un punto de contacto entre memoria y territorio, donde cada elemento remite a la gesta que definió el rumbo regional.

Serenata a Mbororé: identidad en movimiento


En ese mismo escenario, la historia encuentra una expresión contemporánea a través de la Serenata a Mbororé, realizada el sábado 14 de marzo en Panambí. La propuesta reunió música, poesía y danza en un formato que integra comunidad, paisaje y memoria.
La iniciativa surgió desde la observación directa del lugar y la necesidad de darle una dimensión cultural activa. Con la participación de la Secretaría de Cultura, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables y el municipio, el encuentro convertido en serenata se va consolidó como un espacio de encuentro. La de este sábado fue el segundo, esta vez, con la presencia del gobernador Hugo Passalacqua y el secretario de Estado de Cultural, José Martín Schuap, acompañados por el intendente de Panambí, Rosendo Fuchs.
Esta segunda edición reunió a artistas, vecinos, docentes y estudiantes. Entre los momentos destacados, la participación de Teresa Cuenca, la viuda de Ramón Ayala, aportó un vínculo directo con una de las figuras centrales del cancionero regional.
La serenata activa un proceso clave: transforma la historia en experiencia compartida. La música, la palabra y el cuerpo en escena construyen un lenguaje que acerca el pasado a la vida cotidiana. En ese movimiento, la identidad misionera adquiere forma, se expresa y se proyecta.
El Cerro Mbororé se integra así a un circuito cultural, educativo y turístico en crecimiento, describe otra vez con pasión Miguel Azarmendia. El acceso al lugar, proveniente desde Oberá hacia el Peñón, transcurre por la ruta Provincial 105 hasta Panambí, y desde allí por la ruta costera 2, permite llegar a un espacio que combina valor histórico y riqueza natural. La infraestructura en desarrollo suma condiciones para recibir visitantes y fortalecer su proyección.
Azarmendia sintetiza esa invitación con una idea central: conocer el territorio fortalece el vínculo con la identidad. Mbororé ofrece una experiencia concreta de ese proceso. En ese punto del mapa, la historia, el paisaje y la cultura se integran y proyectan el sentido profundo de Misiones, ese que llena de orgullo y abraza con pertenencia.