Más turistas, pero menos ingresos: el último fin de semana largo en Argentina confirmó una tendencia que inquieta al sector. Aunque el flujo de viajeros creció casi 50% interanual, el gasto real cayó, las estadías se acortaron y la rentabilidad se deteriora, configurando un modelo turístico cada vez más masivo, pero económicamente más débil.

Por Jorge Posdeley, magister en Turismo

Lunes 30 de marzo de 2026. El último feriado extra largo por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia 2026 dejó un dato más que interesante en el sector turístico. Más allá del optimismo oficial, esta vez —y nuevamente— se confirma lo que muchos especialistas venimos anticipando desde hace tiempo: el turismo interno en Argentina se está “transformando en un fenómeno de movilidad social recreativa de cercanías”, pero, al mismo tiempo, está dejando de ser una actividad de exportación de servicios internos rentable.
Las cifras del último fin de semana largo toman notoriedad por ser consideradas como un testeo en la antesala del próximo feriado extra largo de Semana Santa. El feriado de la Memoria muestra un crecimiento significativo en la cantidad de viajeros que se movilizan en todo el país. Sin embargo, sumar gente no es sumar éxito: lo venimos diciendo desde hace rato. Detrás del aumento del 48,8% comparado con el feriado de 2025 aparece una realidad más compleja y preocupante: el gasto diario promedio continúa cayendo en términos reales, mientras las estadías se vuelven cada vez más cortas. Esta combinación genera un escenario donde el movimiento turístico crece en número de visitantes, pero la rentabilidad del sector se reduce. Podríamos, entonces, acuñar un término para asociarnos a tantas frases que se escuchan a diario para justificar el rumbo económico actual: en la actividad turística nacional estamos frente a una situación extrema de “inflación de personas”, pero con “deflación de consumo”.
En este contexto emerge lo que podemos denominar la trampa de las estadísticas de volumen. Más turistas circulando no necesariamente significa más desarrollo económico. El turista actual viaja más cerca, permanece menos tiempo, reduce su gasto y prioriza experiencias de bajo costo o gratuitas. Esto genera una mayor presión sobre la infraestructura pública, pero con menor impacto económico en la cadena de valor privada.
Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), el feriado nacional por el Día de la Memoria —que recuerda el golpe de Estado de 1976— registró un movimiento total de 1.012.000 turistas que recorrieron los principales destinos del país, lo que representa un crecimiento del 48,8% respecto al mismo feriado de 2025. El impacto económico directo fue de $231.084 millones, con un gasto diario promedio de $103.793. Este monto, por sí solo, ya resulta preocupante de cara a lo que se viene, ya que representa una caída real del 1,6% en comparación con el año anterior y una baja del 7% respecto al último feriado de Carnaval, apenas 25 días atrás. Finalmente, la estadía promedio no mejora: por el contrario, se redujo a 2,2 noches. A pesar de ser un fin de semana de cuatro días para muchos, el comportamiento fue el de un “mini break” de tres días.
Esta cantidad de visitantes representa un incremento nominal en el flujo de personas. Sin embargo, detrás de la cifra de volumen se esconde una degradación sistemática de los indicadores de calidad turística, manifestada en el consumo de servicios: caída del gasto real, reducción crítica del pernocte y una ineficiencia recaudatoria que pone en riesgo la sostenibilidad de los servicios en primera instancia y de los destinos en segundo término.
El resultado es un fenómeno que comienza a repetirse en distintos destinos del país: más movimiento, mayor ocupación territorial y más demanda de servicios básicos, pero menos ingresos para prestadores, alojamientos, gastronomía y actividades de ocio. En otras palabras: más turismo, pero menos rentabilidad; una ecuación claramente desfavorable.
Este escenario no solo impacta en el presente. Si no se revierte la caída del gasto diario y la brevedad de las estadías, el sector turístico podría enfrentar un proceso de descapitalización aún más profundo del que ya viene atravesando. Menor rentabilidad implica menor inversión, menor calidad, menor innovación y, en consecuencia, menor competitividad de los destinos.
El desafío ya no es solamente atraer más visitantes, sino atraer menos visitantes que gasten más. No se trata únicamente de volumen, sino de valor. No se trata de cantidad, sino de sostenibilidad económica del sistema turístico, de cara a un modelo más regenerativo y responsable con los destinos.
Este nuevo escenario obliga a repensar la planificación, la estrategia de productos, la segmentación y, sobre todo, el modelo de desarrollo turístico. Porque cuando el turismo crece sin rentabilidad, el riesgo ya no es la falta de turistas, sino la pérdida de calidad, inversión y futuro.
Este fenómeno se viene señalando desde hace tiempo, pero ahora los reclamos se hacen más visibles y en un contexto más crítico. Las demandas surgieron con fuerza en la 175ª Asamblea del Consejo Federal de Turismo (CFT), realizada en la ciudad de Rosario, Santa Fe, pocos días después del último fin de semana largo. Esta primera asamblea del año contó con la presencia del gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro; del secretario de Turismo y Ambiente de la Nación y presidente del INPROTUR, Daniel Scioli; y del presidente del CFT y del Ente de Turismo de Buenos Aires, Valentín Díaz Gilligan.

Entre los principales planteos se destacaron:

  • Ruptura estadística y falta de rigor: el punto de mayor fricción fue la decisión de discontinuar las encuestas oficiales (ETI y EOH) realizadas por el INDEC. Representantes provinciales cuestionaron que la Secretaría de Turismo base sus anuncios en “estimaciones propias” sin respaldo técnico independiente, lo que consideran una distorsión de los resultados.
  • Cuestionamiento al éxito por volumen: durante el encuentro se advirtió que los récords de movimiento no se traducen en una mejora real del sector, y que el modelo actual promueve menor gasto y mayor fragilidad económica.
  • Desprotección del turismo interno: se denunció que la política nacional favorece el turismo emisivo mediante la reducción de impuestos, mientras los destinos locales enfrentan altos costos y caída del consumo real.

Conclusión del encuentro: la primera reunión del año del CFT dejó en claro que las provincias ya no aceptan la lógica de las cantidades como única métrica de éxito. El malestar apunta a que, sin datos confiables y sin una política orientada al gasto y la estadía, la sustentabilidad del sector turístico argentino se encuentra en riesgo.
El malestar en el CFT confirma que las provincias ya no aceptan el “eslogan” como indicador de gestión, mientras sus destinos sufren la presión de un volumen creciente de visitantes que no genera valor agregado.
Consejo Federal de Turismo (CFT): considerado institucionalmente el principal espacio de decisión turística en Argentina.

Fuente de datos: Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), argentina.gob.ar, argentina.ladevi.info.

Buenos Aires.