El gobernador riojano confirmó que no competirá por la Presidencia y llamó a respaldar a Axel Kicillof como principal figura para enfrentar a Javier Milei. Reivindicó el rol de Cristina Kirchner, pidió internas “con reglas claras” y planteó que el desafío es construir una alternativa económica que rompa la actual polarización.

Lunes 6 de abril de 2026. Con una definición política explícita y sin margen para ambigüedades, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, se alineó detrás de Axel Kicillof como potencial candidato presidencial para 2027 y descartó, en los hechos, su propia proyección nacional. “El compañero mejor posicionado es Axel. Hay que ayudarlo, acompañarlo y fortalecerlo”, sintetizó, en una señal de ordenamiento interno dentro del peronismo.
La toma de posición es fuerte: Quintela explicita una estrategia de acumulación temprana en torno a Kicillof en un escenario todavía abierto, pero atravesado por la necesidad de reconstrucción opositora. En ese marco, planteó que el peronismo debe dejar de limitarse a la confrontación y avanzar en una oferta política consistente. “Más que oposición, tenemos que proponer una alternativa. El objetivo es desplazar este modelo económico”, afirmó, en referencia directa al gobierno de Javier Milei.
El mandatario riojano combinó respaldo político con una caracterización técnica del perfil de Kicillof: lo definió como “un buen administrador” con “un programa claro”, atributos que, según su mirada, lo posicionan como una opción competitiva para encabezar una etapa de “reestructuración del país”. Sin embargo, introdujo un matiz relevante: evitó consagrarlo como líder absoluto del espacio en el corto plazo y planteó que ese proceso “vendrá con el tiempo”, en función de la consolidación política y electoral.
En paralelo, Quintela buscó desactivar uno de los ejes de tensión internos: el rol de Cristina Fernández de Kirchner. Lejos de ubicarla como un obstáculo, la reivindicó como una figura con capacidad de articulación dentro del peronismo. “No va a ser un obstáculo”, sostuvo, aunque marcó diferencias en estilos y métodos. En esa línea, deslizó una definición estratégica: considera que no debería ser candidata en 2027 y que el espacio necesita “otro interlocutor” capaz de ampliar la base política y salir de la lógica de polarización.
Esa lectura se inscribe en un diagnóstico más amplio sobre la dinámica política actual. Para Quintela, la confrontación directa entre Cristina Kirchner y Milei tiende a reforzar al oficialismo, por lo que propone construir una figura alternativa que reordene el tablero opositor. En ese esquema, Kicillof aparece como una síntesis posible entre continuidad identitaria y renovación discursiva.
El planteo incluye también una apertura al juego interno. El gobernador defendió la realización de internas dentro del peronismo, aunque bajo condiciones institucionales claras. “No hay que temerle al proceso interno, pero con pautas preestablecidas que den claridad”, remarcó, en una señal hacia la necesidad de evitar fragmentaciones desordenadas en la definición de candidaturas.
El trasfondo de estas definiciones es un escenario electoral en gestación. Sondeos recientes ubican a Kicillof como uno de los principales opositores a Milei, en un contexto de creciente desgaste en la imagen del Gobierno nacional. Por primera vez desde el inicio de la gestión libertaria, la evaluación negativa supera a la positiva, mientras que el oficialismo comienza a ser más señalado que la herencia kirchnerista como responsable de la situación económica.
En ese marco, la jugada de Quintela no sólo ordena posiciones dentro del peronismo, sino que anticipa una disputa estratégica: construir una alternativa competitiva que combine renovación, volumen político y capacidad de gestión, sin romper con los liderazgos históricos. La incógnita, hacia adelante, no es sólo quién encabece, sino si el peronismo logra sintetizar esas tensiones en una oferta electoral coherente.