El último informe del INDEC confirma una estructura de ingresos altamente concentrada. La mejora de algunos indicadores sociales convive con una distribución que no registra cambios.
Martes 7 de abril de 2026. El 10% de la población con mayores ingresos en Argentina percibe 13 veces más que el 10% con menores recursos, según el informe de distribución del ingreso del cuarto trimestre de 2025 publicado por el INDEC. El dato se mantiene en línea con mediciones previas y consolida una relación estable entre los extremos de la pirámide social.
El relevamiento indica que el decil superior concentra el 32,3% del ingreso total, mientras que el decil inferior participa con el 1,8%. En términos técnicos, el coeficiente de Gini se ubicó en 0,427, dentro de un rango que refleja niveles elevados de concentración.
La estructura de ingresos presenta una dispersión significativa. La mitad de la población ocupada percibe menos de $800.000 mensuales. En los extremos, los ingresos promedio se ubican en torno a $392.000 en el segmento más bajo y superan los $2,5 millones en el más alto.
La composición del mercado laboral explica parte de esa distribución. Los trabajadores registrados duplican en ingresos a los no registrados, mientras que persisten diferencias por género. La heterogeneidad de ingresos se asocia, además, a la segmentación del empleo y a la productividad de los distintos sectores de la economía.
En términos interanuales, los ingresos aumentaron en valores nominales, en un contexto de inflación elevada. Ese crecimiento no se tradujo en modificaciones en la estructura distributiva, que se mantiene sin variaciones relevantes.
La estabilidad de la brecha entre los deciles extremos configura un rasgo central del escenario actual. La economía muestra variaciones en niveles de actividad e ingresos, pero la distribución entre segmentos permanece constante.
Este comportamiento implica que las mejoras en ingresos o en indicadores sociales no alteran la relación entre los distintos estratos. En ese marco, la reducción reciente de la pobreza convive con una estructura de ingresos que no modifica su configuración.
La dinámica sugiere que los incrementos de ingresos se distribuyen de manera proporcional entre los distintos segmentos, sin generar convergencia. La distancia entre los extremos se sostiene aun en contextos de recuperación parcial de ingresos.
El mercado de trabajo funciona como uno de los principales determinantes de la distribución. La diferencia entre empleo formal e informal, junto con la dispersión salarial entre sectores, sostiene la brecha de ingresos.
Los sectores de mayor productividad concentran ingresos más altos, mientras que amplios segmentos de trabajadores se ubican en franjas de ingresos bajos o medios bajos. Esta configuración limita la posibilidad de modificar la distribución sin cambios en la estructura productiva y laboral.
A su vez, la participación de los ingresos no laborales en los segmentos superiores refuerza la concentración. Rentas, utilidades y otros ingresos de capital tienen mayor peso en los deciles altos.
La persistencia de una brecha de 13 veces entre los extremos de ingresos establece un escenario de segmentación económica. Los niveles de consumo, acceso a bienes y capacidad de ahorro se distribuyen de manera diferenciada entre los grupos.
Desde el punto de vista macroeconómico, la estabilidad en la distribución indica que los cambios en precios, salarios e ingresos no modifican la estructura relativa. La economía ajusta en niveles, pero no en proporciones.
En términos sociales, la distribución del ingreso condiciona el acceso a oportunidades y la movilidad entre estratos. La continuidad de esta estructura define un marco de funcionamiento para el mercado interno y la dinámica del consumo.
El informe del INDEC consolida un patrón de alta concentración del ingreso y estabilidad en la brecha entre segmentos. La relación entre el 10% más rico y el 10% más pobre se mantiene como uno de los principales indicadores para evaluar la evolución social y económica.
La evolución futura de esta variable dependerá de cambios en el mercado laboral, la estructura productiva y la dinámica de los ingresos. Mientras esos factores no registren modificaciones sustanciales, la distribución tenderá a sostener su configuración actual.
