Fernando Stanich y Santiago O’Donnell advierten que la confrontación del Gobierno con la prensa, la desconfianza creciente de la sociedad y la infiltración de operaciones de desinformación configuran un escenario crítico que expone las debilidades estructurales del sistema informativo.

Martes 7 de abril de 2026. El periodismo argentino atraviesa una de sus crisis más profundas: enfrenta un poder político que lo confronta de manera directa, una caída sostenida de la confianza pública y la irrupción de operaciones de desinformación que logran filtrarse en medios locales. En ese escenario, Fernando Stanich y Santiago O’Donnell, en entrevistas publicadas por Perfil en Modo Fontevecchia, exponen un diagnóstico convergente sobre las fallas internas del oficio y las debilidades estructurales que hoy condicionan la calidad del sistema informativo.
Desde enfoques distintos, ambos describieron un ecosistema informativo condicionado por la polarización, la precarización estructural y la irrupción de actores externos que buscan incidir en la agenda pública.
Fernando Stanich, presidente del Foro de Periodismo Argentino (Fopea), definió el contexto actual como “inédito” por el nivel de confrontación entre el Gobierno y la prensa. En declaraciones recogidas por Perfil, sostuvo que existe una dinámica sistemática orientada a “deslegitimar el trabajo de los periodistas” y erosionar la credibilidad social de los medios. Según su diagnóstico, la hostilidad discursiva desde el poder se articula con una desconfianza creciente de las audiencias, lo que configura un doble frente de crisis para el periodismo.

Fernando Stanich


En ese marco, Stanich planteó una autocrítica directa hacia la profesión: “No tengo dudas” de que la grieta en el periodismo “fue funcional” a la llegada de Javier Milei a la presidencia. Señaló que parte del oficio derivó hacia formatos de confrontación, con lógicas de espectáculo y simplificación que privilegiaron el impacto inmediato por sobre el análisis y la contextualización. “Es mucho más sencillo pararse en una dialéctica que funciona para el rating, pero no para el fortalecimiento del debate público”, afirmó.
El titular de Fopea también advirtió sobre las consecuencias de esa dinámica en el vínculo con la sociedad. Describió a una audiencia “aturdida” por la confrontación de relatos y cada vez más alejada del consumo informativo. Citó datos del Instituto Reuters que reflejan una caída sostenida en la confianza hacia los medios y sostuvo que, en comunidades del interior, la crisis económica del sector redujo la diversidad de voces, lo que profundiza la desconexión con la agenda informativa. Frente a ese escenario, propuso recuperar “rigurosidad, datos y contextualización” como eje para reconstruir legitimidad.
Desde otra dimensión del problema, el periodista y escritor Santiago O’Donnell expuso una investigación sobre operaciones de desinformación vinculadas a intereses rusos que habrían buscado incidir en la política argentina entre junio y octubre de 2024. Según detalló en Perfil, documentos filtrados revelan la actividad de una red conocida como “La Compañía”, asociada al grupo Wagner, que habría logrado insertar contenidos falsos en medios digitales locales.
O’Donnell explicó que la investigación se desarrolló en colaboración con un consorcio internacional encabezado por Forbidden Stories y Open Democracy, a partir de filtraciones verificadas por múltiples organizaciones periodísticas. En ese contexto, subrayó que el valor central no reside en los documentos en sí, sino en la posibilidad de corroborar la información: “Lo importante es lo que se puede comprobar”, afirmó, en referencia a la validación de datos mediante registros, llamadas o evidencias independientes.

Santiago O’Donnell


El periodista advirtió que estas operaciones buscan “sembrar caos, confusión y desconfianza hacia las instituciones” y consideró que el caso detectado en Argentina representa “la punta del iceberg”. Señaló que la penetración de contenidos falsos en medios no responde únicamente a una lógica ideológica, sino a condiciones estructurales del sistema informativo, como la necesidad de producir grandes volúmenes de noticias y la presión por captar audiencia.
En esa línea, O’Donnell vinculó la vulnerabilidad de los medios con la precarización del trabajo periodístico y la transformación tecnológica del sector. Describió un proceso en el que se redujeron instancias de control editorial —como la edición múltiple o la verificación exhaustiva— y se impuso una dinámica de circulación acelerada de contenidos. “Hoy es mucho más difícil chequear información y hay mucha más información dando vueltas”, sostuvo, al tiempo que remarcó que el rol del periodista se desplazó hacia la curaduría de datos generados en entornos digitales.
Ambos diagnósticos convergen en un punto crítico: la fragilidad del sistema informativo frente a presiones políticas, económicas y tecnológicas. Mientras Stanich enfatiza la necesidad de reconstruir estándares profesionales para recuperar la confianza social, O’Donnell expone cómo las debilidades estructurales del sector pueden ser explotadas por actores externos para intervenir en la agenda pública.
En conjunto, las advertencias delinean un escenario donde la calidad informativa y la credibilidad del periodismo se juegan en múltiples frentes simultáneos. La recuperación de prácticas basadas en verificación, análisis y responsabilidad editorial aparece como una condición central para sostener el rol del periodismo como garante del debate público en un contexto de alta conflictividad y creciente circulación de desinformación.