La crisis de la comunidad internacional, que ha perdido toda capacidad de regulación ante el poder del Dinero y el poder militar que arrasan con las soberanías de los Estados, es un hecho en la globalización financiera. La humanización que pregona el Papa Francisco, el reconocimiento del Otro y la brújula simbólica de los valores judeo-cristianos quedan sepultados en la destrucción de los pueblos con bombas y drones o la influencia de los fondos buitres. La esperanza de una globalización más humana se ha derrumbado también en América del Sur. Es el contexto en el que la tarea del Parlasur logra una significación política asociada a la recuperación de la política.
