La ilusión de las élites económicas de que “la apertura hacia el mundo es el camino correcto” remite a experiencias desindustrializadoras. Ayer en la cumbre del Mercosur Mauricio Macri insistió con la idea, presentada más como un anuncio electoral para reforzar la opción civilización o barbarie hoy con anclaje en la demonización de Venezuela. Lejos de esa simplificación de campaña, es interesante rescatar la opinión del desarrollismo sobre el acuerdo con la Unión Europea que no constituye ni una tragedia ni una panacea, sino que debe abordarse desde un proyecto de desarrollo nacional.
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