La ruptura con los mandatos de Buenos Aires es constitutiva de la renovación como movimiento político. El candidato Hugo Passalacqua lo viene destacando cuando sostiene que la expresión del misionerismo estaba vacante hasta 2003. Nadie duda que la representación de ese espacio constituya uno de los  capitales políticos irrebatibles de la renovación. Sin embargo, Ramón Puerta lanzó el desafío de negarlo y lo pone en el centro del debate político y en la campaña 2015.

 “La renovación es un proyecto que acompaña absolutamente al modelo kirchnerista, que es anti-federal y anti-misionero. Si queremos ver una gestión más adversa para la provincia, es la del kirchnerismo”, dijo Puerta en un balance del 2014 que se difundió desde sus propios medios de comunicación.  Es incuestionable entonces, que existe la intención de poner la cuestión del federalismo y la relación Nación-Provincias en el centro del debate político y como tema de campaña para las elecciones generales de octubre.

En ese sentido rescata los 90 al señalar que con la gestión de la renovación, en más de 10 años, gran parte de los aserraderos que estaban en la provincia, se han trasladado a otras regiones.  Taxativamente señaló que “antes, desde Apóstoles –en el sur de Misiones- hasta Garupá, había un aserradero al lado del otro. La ruta 12 era la ruta de la madera. Estos [por el gobierno provincial], llenaron de impuestos y los aserraderos se fueron”.

Con el mismo propósito ridiculizó la ley de envasado en origen. Aseguró que “toda la yerba sin aditamentos es envasada en Corrientes y Misiones –la zona productora-, por lo que, la norma no traerá beneficios concretos. Asimismo, la actividad de envasado no generaría gran cantidad de puestos de trabajo. Pero además, la ley colisiona con la Constitución Nacional, que eliminó las aduanas internas, justamente, para que no existan conflictos entre las provincias”.

Son dos ejemplos que pone Puerta para discutir la viabilidad del federalismo.  Olvida sin embargo que la cuestión federal, que tiene que ver con la organización nacional, es en el fondo una pulseada por la toma de decisiones. Sobre el qué hacer y cómo hacerlo. Y en esto, Puerta, como gobernador en los años del neoliberalismo tiene mucho que explicar. En un punto cuestiona la política fiscal de la renovación, pero omite recordar que en los años de Menem y Cavallo, cuando él gobernaba, el poder central lo presionó a firmar los famosos pactos fiscales que obligaban a renunciar a la aplicación de los ingresos brutos. Con una firma cedió el poder en la toma de decisiones.  Olvida también que Cavallo lo arrinconó desde el manejo de los recursos para que privatice el Banco de la Provincia y después Papel Misionero. Olvida que Emsa estaba lista y empaquetada pero que fue la resistencia de los trabajadores misioneros la que impidió su venta. Olvida que Cavallo le nombró un ministro de Economía, un tal García, que fue un virtual interventor en la Administración de los recursos provinciales

Un debate que sirva, que aporte al enriquecimiento de las conciencias, tiene elementos concretos para el contraste de modelos, pero no debe olvidar el contexto. Puerta asumió su primer mandato cuando la caída del muro de Berlín libraba todo el salvajismo del capital financiero internacional. No era moverse en esos años. ¿Se podía haber evitado las privatizaciones? ¿Había otra salida al endeudamiento? Son preguntas que llevan a la elaboración de hipótesis. Pero mientras lLas suposiciones son subjetivas, los hechos que son sagrados. Hay elementos suficientes para comprar modelos y concluir en cuál es más beneficioso para ampliar la autonomía de los misioneros en la toma de decisiones.