Ramón Puerta no termina de ajustar discurso de campaña con su propia significación política.  En un balance del 2014 que realizó en su canal de tv no aparecen lineamientos programáticos ni filosóficos que sustenten una proyección de futuro.  Ambiguo como el mismísimo Sergio Massa se limita a cascotear a la renovación y queda lejos  de contribuir a identificar los problemas nuevos que surgen en cualquier proceso social.

 Puerta debería saber que no puede cambiar desde los medios el sentido del personaje que construyó desde antes y durante sus ocho años de gobierno. En las notas que publica, no reniega de su trayectoria, pero hace un esfuerzo para recrearse desde la no historia.  Si decidiera recuperar, para defender, su obra de gobierno inserta en un contexto determinista, el aporte a la construcción del relato histórico de los misioneros sería invalorable.  En treinta años de ejercicio pleno de las instituciones republicanas y de gobiernos representativos de la voluntad popular, los misioneros, como los argentinos, fuimos haciendo camino al andar. Contrastar modelos, su aplicación y resultados desde un enfoque prioritariamente social y humanista, es posible. Constituye la riqueza generada en estos años, en los cuales como nunca en la vida nacional y provincial hubo continuidad democrática.  Continuidad que habilita el contraste en base a cuestiones concretas, menos verseadas o,  si se quiere, menos académica.

Sería útil para un debate que pretenda buscar verdades en las argumentaciones y contra-argumentaciones, aprovechar lo aprendido –por la sociedad más que por los dirigentes-  y ganar en certezas y en consecuencia en consensos plurales que respeten y armonicen la diversidad y los diferentes intereses de clases y sectores sociales.

Desde este enfoque, el balance de Puerta no es alentador.  Por lo pronto se suma a las consignas que muestran indignaciones por la corrupción.  Toda la dirigencia, sabe que constituye una de las herramientas clásicas de la anti-política y de los factores económicos corporativos para debilitar la credibilidad de los gobiernos constitucionales, no de ahora, sino desde siempre, contra Yrigoyen, Perón, Frondizi, y hasta Illia y Raúl Alfonsín. Ni qué decir sobre Menem y el propio Puerta, que todavía está asociado a sospechas de grandes negociados, como la venta irregular de los bonos Junior y Senior, que según las denuncias de época habría dejado un “retorno” de 18 millones de dólares.  Por eso Puerta denunciando corrupciones no es creíble y se asemeja demasiado a los radicales cuando se rasgan las vestiduras por la inflación.

Sin embargo, en el balance político que hace Puerta, compra una pelea de fondo.  Dice: “el de la Renovación, “es un proyecto que acompaña absolutamente al modelo kirchnerista, que es anti-federal y anti-misionero. Si queremos ver una gestión más adversa para la provincia, es la del kirchnerismo”.  Pone así en la agenda política la cuestión de las autonomías provinciales y la relación Nación-Provincias. (ver nota aparte)