Julio Cobos no se baja de la precandidatura presidencial. Ayer recibió el apoyo de diputados provinciales misioneros que se suman a los radicales que se niegan a cualquier alianza con las derechas. A pesar de las presiones del poder hegemónico Cobos no se rinde, pero Gualguaychú puede convertirse en la antesala de la disolución de “lo radical” en la vida política y cultural de la Argentina.

 Los diputados provinciales María Losada y Hugo Escalada se pronunciaron ayer en contra de cualquier alianza con las derechas  Estuvieron reunidos con Julio Cobos que sigue firme en su tesitura de preservar la identidad de la Unión Cívica Radical. El mendocino  se niega a formalizar alianzas con las derechas. “Ni  con Macri ni con Massa” podría  ser la consigna.  No meramente electoral o coyuntural. La cuestión central es la custodia de la identidad partidaria, cívica, en tanto se nutre y expresa desde el ciudadano como sujeto histórico y radical en tanto no admite términos medios en su pretensión de reformar el orden socio-económico y moral.

Desde su conformación en la vida política argentina, la Unión Cívica Radical registró cismas los que, dialécticamente, fueron reforzando y redefiniendo su  identidad en permanente transformación. Pero en cien años creó doctrina y hasta un estilo que permanecen e identifican “lo radical” en la Argentina como algo distintivo a los radicalismos europeos.  Las batallas memorables con los concurrencistas en los 30, los unionistas en los 40 y los intransigentes en los 50, eran batallas que se trasferían desde la sociedad al interior del partido, donde se libraban las batallas teóricas y políticas de las contradicciones de todos los argentinos.  Lo de hoy, digamos es más berreta.  El debate, impuesto en el escenario nacional es muy reduccionista, cegado por el poder de los medios hegemónicos. La conducción del partido se ha vuelto totalmente permeable a los caprichos de las derechas.  No tienen el coraje de enfrentar a las corporaciones que en sus manifestaciones niegan, precisamente, la esencia del civismo radicalizado.  Los Sanz, Aguad, Morales y compañía, no están viendo el huevo de la serpiente en las alianzas con las derechas.  Un eventual triunfo de Macri, se los llevará inexorablemente puestos, no a ellos, sino a la más profunda significación del ucerreísmo.

Lo de Cobos y radicales que advierten este abrazo del oso, es cierto que suman adhesiones a lo largo y ancho del país, pero las presiones del poder real sobre la dirigencia es tan eficiente, que la Convención de Gualeguaychú puede convertirse en la antesala de la disolución de “lo radical” en la vida política y cultural argentina.