Los exabruptos de Randazzo y en menor medida de Urribari contra Scioli desnudan las contradicciones internas que sacuden al kirchnerismo y que por dinámica eleccionaria viralizan la violencia en su resolución. Por contraste da la razón al método de la Renovación para postular sus candidatos.
Los exabruptos de Florencio Randazzo contra Daniel Scioli y en menor medida de Sergio Urribarri desnudan las contradicciones internas que están sacudiendo al kirchnerismo como espacio político, organizativo e identitario diferenciado. La pelea no es por la herencia sino por la continuidad del proyecto. Es táctico y no estratégico. Por eso parecieran ser desmesuradas las descalificaciones de Scioli como kirchnerista. Más cuando se supone que un ministro de Cristina no habla sin autorización. Por algo salió Aníbal Fernández a diferenciarse. “No cuenten conmigo” enfatizó para salir al cruce de la campaña que se montó desde el programa 678, donde el ministro y el gobernador de Entre Ríos espiralizaron la violencia de sus declaraciones contra el gobernador de Buenos Aries. En el mismo programa, el Jefe de Gabinete, también precandidato presidencial, afirmó que «la discusión venidera es saber quién va a garantizar el cuidado de los ‘garbanzos’ y explicarle a la sociedad cómo se va a administrar en un gobierno de estas características» como el de la actual presidenta y el anterior de Néstor Kirchner, al tiempo que reclamó: «no nos tiremos piedras».
Las imputaciones que hace Randazzo a Scioli, se corresponden con los hábitos paralizantes de la partidocracia conformada por grupos que se sienten iluminados. Ponen en evidencia también las ambivalencias de la conducción. La elección del candidato es táctica. Si no puede definirse revela que no está definida la estrategia. El desafío del kirchnerismo es constituirse como identidad diferenciada que perdure más allá de una etapa. El interrogante no podrá tener respuesta ni en la dirigencia ni en la academia sino en la articulación de las ideas, que explicitan el proyecto, con la profundidad cultural con que la sociedad se apropie de las transformaciones sustanciales de la política y la economía.
LA MAYORÍA EN EL CONGRESO: Lo que dice Randazzo no es neutro. Por eso no tiene retorno. Si el candidato es el proyecto, como reza una consigna que ganó la plaza pública, el ministro asume que la continuidad es más doctrinaria aún que las etapas de Néstor y Cristina. Diríamos –con el riesgo de caer en la acción psicológica de la derecha- que la continuidad es La Cámpora y menos peronismo. Esta concepción del kirchnerismo no tiene cabida desde un abordaje territorial. Habría que recordarle al progresismo aporteñado que si el kirchnerismo se mantuvo vivo en estos años fue gracias a los diputados y senadores consagrados por sus aliados en las provincias. Las derrotas sufridas por los K en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, en 2009 y 2013, fueron neutralizadas, salvadas se puede decir, por los votos de lo que ellos llaman país periférico. Si el Congreso sostuvo la gobernabilidad fue por el aporte de Rovira en Misiones, de Gildo en Formosa, Alperovich en Tucumán, Urtubey en Salta, y entre otros que no son queridos por los progres, de Fellner en Jujuy.
LA RENOVACIÓN LA TIENE CLARA: En este contexto resalta como prudente la decisión de la Renovación de la Concordia de sostener su propio método en la toma de decisiones. Los candidatos se postulan en función del proyecto. Porque es apropiada la consigna: el candidato es el proyecto. Se hace necesario, desde lo táctico, fortalecer al candidato que garantice la estrategia. La estrategia es continuar sosteniendo un Estado presente en la distribución de la riqueza y desde lo político, manteniendo el camino de las luchas por la autonomía en la toma de decisiones.
Carlos Rovira demuestra que la tiene clara cuando destaca que “estamos en un año electoral que no nos va a distraer la actividad y los compromisos institucionales que tenemos en cuanto a la acción de Gobierno. Por otro lado se abre un rico, y espero, fructífero debate con todos los sectores de la sociedad”. Precisa así que el debate es de cara a la sociedad, contrastando proyectos de provincia, bien lejos de las ambiciones personales que ganan la escena cuando las elecciones internas desplazan las discusiones de fondo. “La gente va a tener desde la renovación esa cuota mayor de coherencia y continuidad de compromiso con todos los misioneros”, subrayó para advertir que “hay dirigentes, propios o extraños, algunos están adentro y otros que no han interpretado. Por ahí se suman a los nuevos vientos liberales”.
También marca la cancha. “El planteo político que se va a imponer de cara a las nuevas necesidades del pueblo está en Misiones y lo llevamos adelante con sacrificio”, dijo a los periodistas cuando junto a Closs inauguraron el ciclo lectivo, para después destacarlo en las redes sociales. Pone en claro también que el desafío es permanente, “se vienen nuevos tiempos y hay que saber interpretarlos”, subrayó.

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