Por Carlos A. D´Onofrio
Hablar de política es hablar del poder, de su ejercicio y la forma de construcción de soberanía popular. Paradójicamente, aunque esta idea de política como disciplina del poder se impuso en la academia y en la práctica electoral, vemos que predominantemente los discursos de la dirigencia y los periodistas se desentienden de ese objeto: el poder, y se centran en una estúpida dicotomía entre el bien y el mal. Lo que define tener poder político es la fuerza de imponer ideas y voluntades. Las razones sin fuerza no son nada. Para que haya igualdad de derechos tiene que haber igualdad de poder. Así debe ser la democracia. Y de esto se trata el debate electoral.
Con Puerta hay que debatir sobre los 90 y sus razones. Terminar con las demonizaciones. Preguntarle los por qué. Indagarlo políticamente y no judicialmente. Será más útil al votante conocer los obstáculos que tuvo su gestión, a qué fuerzas del neoliberalismo más desatado enfrentó y a cuáles se sumó por convicción. Esto no quiere decir que se avale la trata o el trabajo esclavo. Lejos de ese propósito promover el debate político es también apuntar a las causas y no quedarse en la superficie de los problemas. La citación de la Procuraduría no debería ganar el centro de la escena política. Hay otras cuentas que rendir, y quién dice podrían terminar en reivindicaciones. Lo cierto es que Puerta expresa la verdadera oposición de modelos en la provincia.

Deja un comentario