
La Ministra de Derechos Humanos de Misiones, Tiki Marchesini, propone un debate cultural y antropológico para terminar de construirnos como sociedad. Admite que memoria, verdad y justica son los puntos más reconocidos de los DDHH. Pero advierte: donde falta agua potable o un documento, también hay derechos no cubiertos.
“Donde hay una necesidad, hay un derecho humano pendiente”, define Lilia “Tiki” Marchesini, la ministra de Derechos Humanos dela provincia de Misiones, al repasar las actividades que va a encarar en este, su primer año al frente de la repartición.
El de Derechos Humanos es un ministerio con un abanico de problemas, que alcanza a cualquier persona que esté en ese escenario, con alguna necesidad. Si bien la carga más fuerte es la de memoria, verdad, justica, puede ser cualquier otra necesidad que no esté cubierta, dice la funcionaria. “Si te falta agua, un documento de identidad, una situación de violencia familiar o entre vecinos, la desaparición de una persona; la falta de una vivienda o de la Asignación Universal son temas de ese abanico cada vez más grande y más abierto que tiene que ver con los derechos humanos”, define.
“Las personas tienen más conciencia y cada vez exigen más, vamos saliendo de este anclaje que relacionaba a los DDHH solo con derechos de lesa humanidad, torturas, abusos o memoria, verdad y justicia y entramos a la salud materna o al derecho al medio ambiente sano, por citar un ejemplo. Entramos en un universo más complejo y más amplio, con un contexto que escapa a la edad de las personas y que nos desafía a entender y a trabajar desde la transversalidad un ámbito universal”.
La Ministra explica los alcances del Ministerio que dirige desde el 10 de diciembre y que recién desde mediados de febrero tiene nuevo edificio: la exsede de una tradicional radio ubicado frente a la jefatura de policía, por Félix de Azara entre Tucumán y Santiago del Estero, en el centro de Posadas.
“Hay que generar lugares de encuentro”
Entusiasmada, Marchesini propone militar los derechos y disparar los debates: “hay que generar foros, lugares de encuentro, siempre desde lo colectivo y lo participativo pero después también tenemos que hacernos cargo, para que haya un empoderamiento amplio y que alcance a todos”.
Esos son grandes ejes desde donde construir, vuelve a definir, y detalla con ejemplo algunos temas que le preocupan: “tenemos que trabajar la asistencia a la familia de los presos, por ejemplo, y no solo a los presos. A lo largo de nuestra militancia la cárcel fue un lugar más donde trabajamos –o un hospicio, que son ámbitos cerrados-, donde no tenés el problema con el que está ahí adentro –salvo que haya una cuestión de torturas- que está con comida, techo, casa; el problema es la familia que ese preso dejó afuera”.
Explica, en ese contexto, que se rompe el esquema de sustento familiar y la familia, los demás integrantes, quedan sin protección: “si la madre está presa, los hijos quizás pasan a ser institucionalizados o pasan a ser delincuentes. Si cae el padre, la madre debe salir a buscar trabajo y también se desarma la familia. En estos casos, el Estado nunca se hace cargo, nunca interviene, y es ahí donde creemos que también tenemos que estar”.
La ministra tiene una agenda cada vez más amplia. “Hay tanto por hacer que es imposible discernir sobre qué es lo más urgente. Por eso, con el trabajo de lo inminente, creo que tenemos que darle el contenido ideológico al Ministerio, y desde ahí ir viendo cuáles son las demandas que van apareciendo al Estado, desde la sociedad, y en función de esas, cuales son las que no están contenidas ni atendidas. Me parece también que el Ministerio debe ser un agente de promoción muy grande de cualquier derecho que hoy puede ser el boleto estudiantil y ver cómo se enteran los beneficiados, cómo les llega esa información”, dispara, para volver a reflexionar: “hay que construir al otro, en el reflejo darse cuenta que estás parado a la misma altura. No sos más vivo, ni mejor; ni más en nada. Sos igual”.
Los pueblos originarios y el perfil pluriétnico
“Tiki” Marchesini entiende también que Misiones tiene que comenzar a construir diálogos pluriétnicos, entre los Mbya y las comunidades que tienen la inserción de maká y los acriollados o con inserción de blancos: “hay que ver de qué manera se reconstruyen los diálogos con el consejo de Caciques, que son los que tienen representación dentro del Estado”.
En cuanto a los Mbya, la etnia guaraní que mayoritariamente habita Misiones, la ministra quiere poder reiniciar y completar el programa de potabilización del agua, “porque todavía hay más de un tercio de poblaciones sin agua. Son 117 comunidades que suman cerca de cinco mil guaraníes viviendo en la provincia. Debe haber unas 35 comunidades todavía sin agua potable o a mitad de camino, porque pueden tener todas las instalaciones pero no tienen electricidad. Para ello, trabajamos con un sistema de vertientes que son más mecánicos y trabajan sin luz. Además, tendremos en funcionamiento la tarjeta alimentaria que si bien no es una solución, es una asistencia mientras logramos la soberanía alimentaria. Hay que lograr reconstruir la huerta y que tengan la vaca, los pollitos, las gallinas para que se autoabastezcan. Es una pena, porque ya tenían todo esto”, se quejó.
La funcionaria entiende que hay que ayudarlos a generar un mecanismo de soberanía y sustentabilidad para cada comunidad. “Hablamos de las huertas, pero tienen que tener agua y poder regar. Hay que lograr también el fortalecimiento del debate y del diálogo, el agua y la soberanía alimentaria. Nada de esto es a corto plazo; es para los cuatro años de gestión, de construcción”.
La tierra es otro de los problemas de las comunidades Mbya. “Les dejaron pequeñas porciones. Hay un programa del gobierno de Cristina Kirchner que esperemos que siga con el presidente Mauricio Macri, que es el relevamiento territorial para saber cuál es la realidad de esos territorios”, recordó, aunque admitió también que la problemática de las comunidades excede estas instancias.
El desafío es que no dependan del Estado sino que sean sustentables sin perder su ideología. “No penemos nosotros que Mbya tienen diferencias porque los seres humanos somos todos iguales, debemos revisar nuestras raíces para generar acciones colectivas que nos permita siempre ayudar al otro, esto es fundamental, con un Estado presente que los acerque. Hoy, con los problemas del hombre blanco muy cerca o muy adentro de las comunidades, se necesita un debate político interno de todos los misioneros, sin negar nuestras raíces autóctonas ni las corrientes migratorias”.
Para la Ministra, ese es el desafío. “Misiones es quizás la provincia más rica en su matriz pluricultural; tenemos que potenciarla desde el arte, y darle esta cosa de la apropiación, de lo que soy, de lo que somos. Por eso es muy lindo habar de Andresito, es muy lindo tener a ese referente ideológico sobre las libertades, el federalismo, las luchas por sus territorios; por la soberanía. Es muy fuerte el desafío pero hay un equipo humano grande para llevar esto adelante”.
“Donde hay una necesidad, hay un derecho sin cumplir”
“No puedo definir cinco, ni diez temas importantes para trabajar. Todos los temas son importantes, porque evidencian una necesidad. Nadie viene a Derechos Humanos porque les gusta perder tiempo. Vienen porque hay un derecho no cumplido”.
En los pocos meses de gestión, Derechos Humanos interactuó más con el Ministerio de Gobierno por los documentos y el Registro de las Personas, “por algún terma carcelario donde no hablamos solo lo que pasa adentro sino también de la familia del detenido y la contención que necesita sobre todo aquel que quedó desprotegido; estamos viendo con algunos diputados la postura concreta que debe tomar el Estado con los niños judicializados para que estos mal llamados hogares pasen a ser refugios de transición y no de estadía fija o permanente; hay mucho trabajo y estamos en esa línea”, explicó.
También estimó que el Ministerio a su cargo debería tener extensiones en toda la provincia. “Este es un ministerio demasiada posadeño todavía y no pudo ramificarse en el resto de la provincia, para llegar a todas las personas en situación de vulnerabilidad. Eso es parte del gran desafío que tenemos”.
“El desafío, construirnos entre todos como sociedad”
Tiki Marchesino varias veces dejó claro que entiende que el perfil de Derechos Humanos se construye. Desde el respeto, con diversidad, con valores, escuchando al que piensa distinto y entendiendo al diferente. “Desde esas construcciones políticas porque este es un Ministerio político, que debe hacernos sentir lo que nos falta como misioneros pero sin mirarnos el ombligo, sino mirando para ver qué le falta al otro”.
Ese contexto produce un ámbito de satisfacción, dice: “La felicidad es haber podido generar cambios en una persona, un hábito, una circunstancia donde alguien puede hacer algo. Este tipo de mecanismo, que es una conducta, nos aleja del individualismo. Me parece que es bueno llegar a preguntar qué te pasó, en qué te puedo ayudar, ayudar por ayudar y ayudar a repensar, a reflexionar. Debe haber un acompañamiento emocional. Porque desde lo emocional podemos construir al otro y construirnos a nosotros mismos”.
Es que los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin ninguna distinción de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, ni cualquier otra condición. Son los derechos interrelacionados, interdependientes e indivisibles que tienen todos los seres humanos, por igual, sin discriminación alguna.
Los Gobiernos tienen obligaciones de tomar medidas en determinadas situaciones, o de abstenerse de actuar de determinada forma en otras, a fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos o grupos.
“Debemos reflexionar sobre nosotros para reflexionar sobre el otro, para poder construirnos como colectivo. Cuando veo al otro tengo que poder verme a mí mismo para poder generar calidad, acompañamiento, valores o sensibilidades que de otra manera no se generan. Debemos pensar en la participación y la pertenencia, que son fortalezas identitarias muy grandes que nos definen como individuos y como pueblo”.
