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La tribuna a favor el juicio político.

Cerca del 90 por ciento de los diputados que votaron por el juicio político a Dilma Rousseff, lo hicieron inspirados en Dios, ¿fuente de toda razón y justicia?, “mi esposa, mis hijos, mis nietos y mis padres”. Esa fue la razón que esgrimieron al justificar sus votos. Así de insólito.
Por Raúl Puentes.

Posadas (19 de abril). Insólita, desopilante. Futbolera. La votación de los diputados brasileños para aprobar el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff puso a la pantalla de televisión de la noche del domingo un costado más parecido a las transmisiones del carnaval carioca que a lo que conocemos como debate político en las Legislaturas de América Latina.
El dato frío: 367 legisladores se pronunciaron por el “impeachment” y 137 lo hicieron en contra de iniciarle ese juicio político. Necesitaban solo 342 votos que lo alcanzaron celebrando casi casi, como un pase a la final de un Campeonato Mundial de Fútbol. Con hinchada, banderitas, cánticos y, por supuesto, insultos a la parcialidad contraria.
El dato insólito: cerca del 90 por ciento de los diputados que votaron por el juicio político a la mandataria, lo hicieron inspirados en Dios, ¿fuente de toda razón y justicia?, “mi esposa, mis hijos, mis nietos y mis padres”. Esa fue la razón que esgrimieron al justificar sus votos. Así de insólito.
Fueron unas seis horas de transmisión al mejor estilo de Pare de Sufrir.
Los diputados aprobaron el juicio político y ahora será la votación de Senado la que defina la situación de la presidenta de “todas y todos” los brasileños. Se trata de llevarla a juicio político, una acusación pública por mal desempeño de sus funciones que la mandataria salió a negar por todos los medios y con toda su fuerza, acusando a la oposición de pretender un golpe de Estado blando como el que encabezó en Paraguay el entonces vicepresidente Federico Franco contra su propio compañero de fórmula, el presidente Fernando Lugo.
En Brasil, el vicepresidente Michel Temer (y líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño –PMDB-), rompió la alianza política con Dilma y sin abandonar el cargo, lideró esta acusación contra la Presidenta con la que llegó al poder.
El “impeachment” es una figura del Derecho de Gran Bretaña y de los Estados Unidos de Norteamérica, que permite el procesamiento de personas en el ejercicio de altos cargos públicos, como el de Dilma. En este caso, el parlamento primero y el congreso después deben aprobar el procesamiento y orquestar el juicio del acusado, quien puede ser destituido y quedar inhabilitado para funciones similares a la que ocupaba por la votación del cuerpo legislativo.
Casi todas las grandes ciudades de Brasil vivieron este hecho político de domingo, como una final de fútbol de domingo. Las calles fueron el escenario de dos bandos, con dos colores: los “verdeamarelos” que apoyan el juicio político contra la Presidenta y los de rojo, con el apoyo a Dilma. Ambos, con eslogan y todo: unos con su “Tchau Querida” y otros, con el “No al Golpe” y “en Defensa de la Democracia”.
Pero esta maratónica sesión evangelista o enfrentamiento futbolero tiene, en realidad, una fuerte repercusión política en el sur de América y de ahí, a gran parte del mundo “occidental y cristiano”: la vuelta lenta pero sistemática de las huestes neoliberales que suele tener dos grandes aliados, además del capital: al fútbol como opio y a la religión como distractor.