La resolución del conflicto entre proyectos para modificar Ganancias, lejos de abrir un abismo de ingobernabilidad, abrió espacios para el ejercicio de las representaciones populares y territoriales expresadas en las instituciones republicanas. Los gobernadores introdujeron un abordaje federal que fue escuchado en la Casa Rosada que pasa desapercibido en los medios y dirigentes porteños.

Posadas (Miércoles, 21 de diciembre) “Estamos sumamente satisfechos y conformes con el proyecto de modificación del Impuesto a las Ganancias propuesto por el Gobierno nacional, porque no significará un costo mayor para las provincias y, a la vez, mejorará los salarios de los trabajadores”, hizo saber ayer Hugo Passalacqua después de la reunión en la Casa Rosada.
Es la clave, digamos federal, para la lectura de las reformas introducidas al impuesto. Como lo venimos señalando en este sitio, más allá de la injusticia que implica incluir  los salarios en el impuesto a las Ganancias, el hecho concreto de representar el 10% de la recaudación total que se coparticipa, pone en tensión las necesidades de recursos de los estados provinciales y los derechos de los trabajadores. Tensión que a la vez encierra contradicciones en la representación territorial de la política y del pueblo como unidad nacional.
Con los acuerdos alcanzados, se sube el mínimo no imponible, se excluyen a medio millones de trabajadores de pagar el impuesto y todo sin que los tesoros provinciales vean afectados los ingresos.
Este abordaje, volvemos a repetir: federal, de los acuerdos Nación – Provincias, introduce un factor central para el análisis de lo ocurrido desde la unión de las oposiciones en la Cámara de Diputados para dar media sanción a una ley, que bajo el manto de más justicia, implicaba que el Estado de Misiones dejara de percibir más de 1.500 millones de pesos de coparticipación el año entrante.  Ley que Maurice Closs catalogó de un exceso de la oposición y en tal sentido, no la apoyó, actitud seguida  junto a los renovadores misioneros.
La lectura de los diarios porteños desde ese día descubre la construcción de una “saga que tuvo en vilo la gobernabilidad”, como dice ocurrentemente hoy Urgente 24.  Pero es una lectura, precisamente porteña. Alcanza con contraponer los titulares de hoy de Clarín y Página 12. Se sabe, Clarín no sólo es anti-K sino pro PRO y más en estos momentos en que está en el medio de una negociación para conseguir el Cuádruple Play y sumar al monopolio el servicio de telefonía celular. Página, en la otra vereda, si quiere anti – M, responde a sus lectores identificados con el progresismo y el kirchnerismo. Clarín tituló hoy: “Macri sumó a los gobernadores y el Senado vota hoy el proyecto de Ganancias”, deslizando la interpretación de una victoria del Presidente ante lo que insinuó el peronismo unido. Página 12, en la otra vereda tituló en tapa: “El Gobierno cedió” y al interior: “Al Congreso por la vía de las concesiones. Tras aceptar los reclamos de la CGT y los gobernadores, cambiemos avanza con la reforma de ganancias”, deslizando que Macri perdió.
Después de la media sanción en Diputados, desde estas dos trincheras, a la que se sumaron otros medios, políticos y economistas, se generó un clima enrarecido. Desde un lado hablaban del peligro que expresa el peronismo en la oposición y de la otra cara de la moneda aventuraban la inviabilidad del gobierno de Macri.
El reduccionismo marketinero que lanzó la Casa Rosada como controfensiva:  al denunciar al “impostor de Massa que votó el proyecto de Kicillof”, fue el esquema metodológico, utilizado por los medios hegemónicos y políticos de superficie, para desviar el debate a terrenos del horror político por el temor al 2001. Es la “saga que tuvo en vilo a la gobernabilidad”, según los analistas.

Protagonismo institucional de los gobernadores

Estos abordajes de lo sucedido, cooptadas por miradas ideologizadas y reducidas a luchas de intereses, están dejando de percibir que entre “los errores del Gobierno al tratar de imponer una ley y los excesos de la oposición” como marcó Closs , están los intereses de la provincias que sólo aparecen en los argumentos aporteñados como una variable estadística expresada políticamente por caudillos que se quedaron en el siglo diecinueve.  Además domesticables con la billetera.
Ni ganó ni perdió Macri. Ni ganó ni perdió Massa. Ni ganó ni perdió Kicillof. Es lamentable que los medios y dirigentes que blandieron en los años K su amor por la República no puedan ver que en todo el proceso, la saga si se quiere, de las modificaciones a Ganancias, lo que ganó es el funcionamiento de las instituciones republicanas.
Se puede construir una metáfora. El diálogo logró llevar el 2001 de la calle a las instituciones. Los conflictos en una sociedad democrática si se esconden tienden a salir a la superficie en forma violenta. Asumirlos es el primer paso para resolverlos en el marco del respeto a las partes sin inventar nada que ya no exista en la ontología de las instituciones republicanas y federales.
¿Cómo no rescatar la profunda significación que tiene para la democracia el diálogo de igual a igual entre la Presidencia y las Gobernaciones?.
Dialogar es a la vez exponerse a las verdades del otro. Si ayer, en la cumbre con gobernadores, se dejó en claro que cualquier modificación al impuesto afectaría las arcas provinciales que están al límite, garantizarles los ingresos no es “ceder”. Del mismo modo que no cede Massa cuando entiende que su proyecto tornaba inviable a los estados provinciales.
La forma en que encararon el conflicto los medios porteños no les permitió ver, parece, que la conformación de representaciones en el Congreso Nacional abre posibilidades históricas para el funcionamiento de la República representativa y federal.
Macri, como presidente tiene el derecho de elaborar proyectos de máxima en función del rumbo estratégico de sus políticas. Sus pretensiones no constituyen errores. A su vez, los gobernadores, las provincias, tienen el derecho de hacer valer su parte de representación en los cuerpos diseñados en la Constitución para administrar el Estado. Sus reclamos no nos asimilables a chantajes ni aprietes.
¿Qué pretende Clarín? Volver a la mayoría oficialista en el Congreso que, precisamente es lo que combatió junto a políticos mediáticos, al menos en forma de consigna en contra de lo que llamaban la suma del poder K.
En síntesis, el choque de proyectos por la modificación del impuesto a las Ganancias no es otra cosa que el ejercicio de la política. Lejos de dramatizar, el conflicto que generó, el choque, las diferencias, abre más práctica democrática en la resolución institucional de esos conflictos.