Desde que fue establecida en 2002, un total de 780 personas han estado presas en la cárcel estadounidense de Guantánamo. Hoy quedan 40. De ellas, solo dos cumplen condena.

Miércoles 17 de febrero de 2021. Joe Biden tiene intención de cerrar la controvertida prisión ubicada en la base militar estadounidense en Cuba. La medida, de gran importancia simbólica, no tendría en la práctica apenas impacto en la isla.
Desde que fue establecida en 2002, un total de 780 personas han estado presas en la cárcel estadounidense de Guantánamo. Hoy quedan 40. De ellas, solo dos cumplen condena luego de haber sido juzgadas en comisiones militares, un método no exento de polémica. Sobre siete de los presos pesa una acusación, mientras a seis de ellos se les ha autorizado un traslado. El resto sigue en prisión indefinida como prisioneros de guerra y sin cargos. El mayor tiene 73 años y el más joven, 38. Todos llevan más de trece en la prisión que Estados Unidos mantiene en su base militar en Cuba.
Ahora el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, quiere hacer historia en aquello en lo que Obama fracasó: cerrar Guantánamo antes de que termine su mandato. “Este es ciertamente nuestro objetivo y nuestra intención”, dijo la vocera del Ejecutivo de Biden, Jen Psaki, al ser preguntada por la promesa -cerrar la controvertida prisión- que el expresidente demócrata nunca llegó a cumplir por la falta de acuerdo con el Congreso.
Para John Kirk, especialista en Cuba de la universidad canadiense de Dalhousie, las intenciones del nuevo presidente estadounidense son coherentes con su política. “¿Cómo puede EEUU criticar las violaciones de derechos humanos en Cuba cuando está cometiendo abusos de forma flagrante en esa prisión?”, se pregunta en entrevista con DW. En ese sentido, el profesor cree que se trata de una decisión táctica que podría permitirle a Washington ganar credibilidad en relación con sus críticas al régimen cubano.
El investigador no cree, sin embargo, que las cosas cambien mucho para Cuba mientras solo sea la prisión lo que Biden cierre y la base militar permanezca intocable. “No tiene ninguna consecuencia práctica, solo importancia simbólica”, explica Kirk.
En su opinión, los cubanos están mucho más preocupados por decisiones políticas con consecuencias mucho más tangibles en su vida cotidiana. “Es un paso importante por parte de Biden, pero más importante sería permitir de nuevo las remesas de dinero”, continúa el profesor, “porque tendría un profundo impacto económico en un contexto tan difícil para Cuba”. En su opinión, esa medida financiera impuesta por la administración de Donald Trump, junto con la reducción de vuelos desde territorio estadounidense, “son los cambios pragmáticos que tiene que hacer Biden”.

Acercamiento
Helen Yaffe, investigadora de la Universidad de Glasgow y también especialista en Cuba, no cree que las cosas vayan a cambiar mucho en la isla con el cierre de la cárcel: “Los cubanos han criticado el tratamiento de los prisioneros, sí, pero el impacto en los cubanos sería mínimo”, dice al portal de noticias alemán, DW.
Yaffe, quien acaba de publicar We Are Cuba, un libro sobre la Cuba contemporánea y su papel en el mundo actual, cree, no obstante, que la iniciativa sí podría hacerse notar, al menos indirectamente, en el proceso de acercamiento entre Washington y La Habana que Biden defiende. “No debería afectar directamente a sus relaciones, porque en realidad se trata de un asunto interno de Estados Unidos”, explica la profesora, “excepto en el sentido de que pondría fin a una violación de las leyes internacionales indignante, y eso nos daría optimismo”.
Biden ha defendido “una nueva política hacia Cuba”, aunque todavía está por ver si llegará a desmantelar la cascada de sanciones económicas con las que la administración Trump intentó dañar la economía de la isla. Según La Habana, el endurecimiento de las sanciones le costó a la isla unos 20.000 millones de dólares. Días antes de terminar su mandato, Trump incluso devolvió a Cuba a la categoría de “patrocinador del terrorismo”, de la cual había sido retirada en 2015.

Un baile diplomático
Cubanos y estadounidenses”, dice el canadiense Kirk, “son como muchachos en un baile de instituto: mirándose, pensando en quién quiere bailar con quién, y en qué pensarán entonces los demás”. El profesor no cree que Cuba sea el asunto de política exterior más urgente del presidente Biden, pero confía en que este opte por el pragmatismo.
“Cuba tiene la voluntad política de seguir haciendo cambios, pero quiere esperar a ver qué cambios lleva a cabo la administración Biden”, cree Kirk. Le sigue tocando a Washington mover ficha. El profesor espera que cambie por completo su estilo de juego: “Después de cuatro años de Trump, hace falta una política sensata por parte de Estados Unidos”.