Los pueblos de las provincias del norte pueden incrementar un millón de votos en respaldo de Massa en Octubre con respecto a las paso. Suficiente para revertir la ventaja de 633 mil votos que obtuvo Milei en todo el país. El desafío, tiene condiciones objetivas ya que, sumando las diez provincias, ese millón es la diferencia de las Paso con las elecciones provinciales. Los votos están. Y tiene condiciones subjetivas en los pueblos de nuestras provincias que, ante la crisis encuentran certezas en la defensa del federalismo.
Sábado 16 de septiembre de 2023. Los pueblos de las provincias del norte argentino están en condiciones objetivas y subjetivas de aumentar en un millón de votos el respaldo a Sergio Massa en octubre con relación a las elecciones primarias. De mantenerse los porcentajes de agosto en el resto del país, la diferencia sería suficiente para revertir la ventaja de 633 mil votos que obtuvo Javier Milei en agosto.
No sería la primera vez que en el Norte argentino se definan las elecciones. Como venimos observando desde estas columnas, en 2015 Mauricio Macri logró ser consagrado presidente, al revertir el resultado de la primera vuelta sumando en el balotaje más de un millón de votos en las diez provincias del norte. Ver la nota, acá.
Es cierto que Macri ganó entonces con contundencia en Córdoba y los grandes centros urbanos, pero los resultados en las diez provincias del Norte constituyen un dato sustancial para interpretar el sentido del pronunciamiento popular en las urnas, en 2015 como hoy en 2023.
En ese año, Macri fue consagrado presidente por una diferencia de 678 mil votos. En las diez provincias del norte sumó en el balotaje 1.077.296 votos más que en la primera vuelta. Este dato termina con mitos instalados. Así como se afirma que ganó por Córdoba, se puede decir que Macri ganó por las provincias del Norte.
De todos modos, analistas y periodistas de Buenos Aires, encandilados con el volumen de votantes en las grandes urbes, no prestan atención a estos deslizamientos de las preferencias de los ciudadanos. Incluso, con la liviandad de siempre, ese misterio que encierra la psiquis y la estructuración del pensamiento en Macri, lo llevó a decir que las elecciones en nuestras provincias no son relevantes. Todos deberían recordar que para la elección de presidente en la Argentina no hay distritos, todos los votos valen uno.
Después de las Paso de este año quedó configurado un escenario que tiene vasos comunicantes con lo sucedido en 2015.
Sumada las diez provincias del Norte Grande, Milei, aunque ganó en varias provincias del norte, obtuvo una diferencia de apenas 127.225 según surge del siguiente cuadro:

La reunión de gobernadores con Massa realizada la semana pasada en Tucumán y a la que asistió Oscar Herrera Ahuad, hace presumir que el comando de campaña de Unión por la Patria ha elaborado lo sucedido en 2015. Si en el balotaje de ese año en el norte grande se hubieran repetido los resultados de la primera vuelta, Daniel Scioli hubiera sido presidente.
En Tucumán se hizo referencia a lo sucedido. Los números son concretos pero fríos. ¿Qué sucedió? Y el por qué y el qué hacer son materia a resolver por el comando de campaña.
Que hay conciencia del entonces desliz de votos a la derecha quedó explicitado en la promesa que se hizo en la mesa de incrementar un millón de votos en octubre con respecto a las primarias de agosto. Hay una base objetiva que sostiene la promesa. En agosto los votos que respaldaron a los partidos integrantes y aliados a UxP, como la Renovación, tuvieron 926 mil votos menos que los obtenidos en las sucesivas elecciones provinciales. Son votos que se salen a buscar.
Y el siguiente cuadro puede demostrarlo, aunque se debe aclarar que no se computa Santiago del Estero que tiene una agenda electoral diferente.

Programas, narrativas y sujetos
“Los votos están”, afirmaron desde el comando de Massa y no encuentran las verdaderas razones por la cual los gobernadores revientan las urnas en sus provincias pero luego pierden votos en las presidenciales. Es el sesgo porteño que no percibe las diversidades.
Desde una perspectiva provincialista la cuestión es clara. Hablando de lo nuestro que es lo que conocemos, el amplio respaldo que obtiene la Renovación en las urnas en las elecciones generales tiene que ver con la sintonía del Partido con las transformaciones de la sociedad. La Renovación se fue “renovando” y fue ajustando su doctrina en una permanente atención en una relación dialéctica con las demandas del misionero. La construcción del espacio autónomo de los jefes de las casas matrices de Buenos Aires, fue una decisión audaz del mentor de la Renovación, pero lejos de un salto al vacío, esa decisión de lanzarse a la acción fue consciente de los riesgos pero con la esperanza y convencimiento de que estaba interpretando el deseo y los sueños de la mayoría de los misioneros.
Fue la ruptura con los “capangas” y los métodos tradicionales de comités y consejos partidarios. Con el lenguaje que puso de moda Milei, la Renovación fue la rebelión exitosa contra la casta. Se adelantó 20 años.
Si Milei hoy repite lo que dice la calle, Carlos Rovira fue el intérprete de la voz de los misioneros.
Pero hay una gran diferencia: la organización que instala la conducción y una vez institucionalizada realimenta el liderazgo.
Milei repite lo que dice la calle, pero no puede organizar nada. No por incompetente, sino porque sus votantes, que atraviesan edades y clases, no tienen anclajes concretos. Los votos de Milei son una suma de individualidades, pueden tener bronca, pueden estar desahuciados, pueden ser muchos que trabajan en la informalidad, como muchedumbre copar una plaza, pero estructuralmente están impedidos de organizarse para hacer cambios colectivos.
No hay un sujeto histórico milenista. El anarco capitalismo por definición está impedido de organizar, ni un programa y ni siquiera jerarquías.
Esta breve caracterización de lo que expresa Milei, que diríamos, ni conduce ni lidera, y es un mero portavoz de las angustias de la “gente”, desnuda su principal debilidad, y es por contraste lo que define las oportunidades que tienen los aliados electorales de Massa para revertir el resultado electoral ya en octubre.
Brevemente: una campaña política tiene tres campos para atender, la imagen del candidato, la imagen del partido o coalición que los respalda, y el programa.
Entendemos siguiendo a especialistas que el programa es el nudo de la campaña. Paradójicamente porque nadie lo lee. Pero el programa no es sólo un documento que se elabora en una oficina por expertos, es fundamentalmente un proceso que se inicia al otro día de las elecciones y no cierra nunca. Es la práctica política y el predicamento. El programa es la promesa que convence al elector y lo ayuda a identificarse con anhelos e ideas. Y por supuesto, está en relación dialéctica y en permanente retroalimentación con la trayectoria del candidato y la significación del partido.
Es el contraste que puede instalar opciones como caos u orden constitucional, anarquía o democracia, y abonar el debate económico en función del rumbo. Lo que está emparentado con el programa y la credibilidad del candidato.
Puede que a Massa no le alcance con las medidas que está tomando en función de una mejoría de los ingresos populares y que la inflación termine contaminando la confianza, pero en las diez provincias del Norte, la trayectoria de los candidatos, la confianza en los partidos provinciales, en los armados autonómicos y en las certezas del rumbo que definen el programa, habilitan posibilidades de cumplir con la promesa de sumar un millón de votos.
Sin embargo, los gobernadores y las fuerzas políticas aliadas a UxP pueden prometer, pero el desafío es convencer a los votantes.
En Misiones, por ejemplo, la narrativa misionerista y la etapa neo renovadora, han penetrado en las subjetividades. El alineamiento popular contra los mandatos de Buenos Aires atraviesa todos los sectores y clases sociales. Sin embargo si se revisan los pronunciamientos de las urnas, es innegable que existe una zona inabordable en la toma de decisiones del ciudadano ya que en las elecciones nacionales un alto porcentaje privilegia la disputa nacional.
¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué la gente vota así?
Las palabras no son neutras. Y en las palabras del interrogante puede estar la respuesta. Precisamente, Jorge Alemán, escribiendo para Página 12 abre una posibilidad de entendimiento. Rescata la categoría de pueblo que puede constituirse como “sujeto histórico”, categoría diferenciada de “la gente”, que es un mero conjunto indeterminado de personas.
Sostiene: “el pueblo es un concepto político, definido por la ubicación que ocupa y el antagonismo que despliega respecto del poder establecido. No es una categoría demográfica, económica o laboral sino un sujeto colectivo que se constituye políticamente en la lucha contra el poder que explota u oprime”.
Prueba de lo que dice: los pobres que han votado a Macri.
En el siglo XX hubo en la Argentina dos grandes movimientos emancipatorios. El radicalismo de Hipólito Irigoyen y el justicialismo de Juan Perón. Los dos movimientos tuvieron en común que expresaron las demandas y los intereses de los sectores empresariales y de los trabajadores que habían sido beneficiados de los ciclos económicos anteriores. La clase media, los chacareros, los gringos de la pampa húmeda, los doctores, irrumpieron en revoluciones frustradas y después con el voto obligatorio en los espacios de poder y en las instituciones de la República. Perón, simplificadamente, canalizó los derechos de los trabajadores de las fábricas en alianza con los pequeños industriales. Los dos movimientos populares tuvieron como protagonistas a los sectores más dinámicos y representantes de la nueva sociedad.
Hoy no hay sectores definidos que puedan considerarse “ganadores” de un ciclo. Por el contrario, si la Argentina agroexportadora engendró su destrucción en el radicalismo, si la Argentina de la sustitución de importaciones de la década infame engendró al peronismo, la crisis del siglo XXI no deja “ganadores”. Deja un vacío.
Y ante este vacío, aparece la profunda significación de los movimientos provincialistas.
La lucha de emancipación cambia de morfología. Se da desde el territorio. La convocatoria de la Renovación cuando irrumpe en escena como expresión de la autonomía federal, está dirigida a un arco amplio de clases y actores sociales. Esa amplitud era necesaria porque no todos los que se incorporan a la lucha por la autonomía lo hacen en función de intereses sectoriales. El pueblo es así una pluralidad organizada en torno a un proyecto de construcción común, que en la provincia es palpable.
Son estas certezas que los gobiernos provinciales garantizan en sus territorios la fortaleza para diseñar una campaña creíble.
De Massa se espera que resignifique el pacto de Rosario, que en 2019 Alberto Fernández plasmó en un documento que tituló “Gobernaré con los Gobernadores”.
Alberto entonces ya había percibido la centralidad de esa alianza federal aunque después, quizá enredado en las telarañas del poder, no pudo cumplir.
Le cabe a Massa convertir la promesa en diseño estratégico.
