El escritor misionero Marcos Hillebrand da detalles de sus inspiraciones, sobre su vida y sobre la actualidad de las letras y la situación social del país.
Martes 5 de diciembre de 2023 (Por Santiago Morales). Marcos Hillebrand, prolífico escritor misionero, comparte su visión sobre la literatura, su proceso creativo y la compleja realidad política que atraviesa el país, desde su mirada. En lo literario, rememora sus primeras lecturas en la escuela secundaria, donde descubrió a Cortázar y García Lorca, hasta sus incursiones en la escritura a partir de sus dieciséis años, donde destaca la influencia de Chéjov.
Este escritos misionero reconoce la importancia de la experimentación en su propio proceso creativo y revela diversos métodos de escritura, desde la catarsis caótica -dice- hasta la disciplina de experimentar con una máquina de escribir. También destaca, en ese proceso, la edición como un componente clave y la influencia positiva de los talleres literarios en su desarrollo como escritor.
En un mano a mano con Misiones Plural, también revela detalles sobre su emprendimiento editorial, Rosa China, que busca destacar autores misioneros y distribuir sus obras en distintas regiones de Argentina.
Marcos aborda la intrínseca relación entre política y literatura y reflexiona sobre el panorama político argentino actual, expresando su preocupación por el resurgimiento de debates que, entiende, ya estaban superados y resueltos.
Por otro lado admite que enfrenta el desafío de crear literatura desde la periferia, reconociendo la influencia de las condiciones materiales en su proceso creativo. Con proyectos literarios en curso, Marcos Hillebrand, sigue apostando a ser una vos destacada en la escena literaria misionera.
-¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
-En la secundaria, una profesora de lengua nos propuso hacer una hora de lectura. Nos pidió que lleváramos un libro. Compré un libro en el supermercado. Una compañera se burló, porque era para niños. Era malísimo. Entonces alguien me recomendó Mi planta de naranja lima, de Vasconcelos. Libro súper emotivo. Lo leí en una sentada. Nunca me había pasado. El problema es que ni en la casa de mis abuelos, en la que me crié hasta los diez años, ni en la casa de mis viejos, cuando se casaron, habían libros. Entonces empecé a leer cualquier cosa que se me cruzara, sin saber nada. Por suerte un día encontré Final del juego, de Cortázar. No sé de quién era. Nadie sabe cómo apareció en la casa. Entonces empecé a leer Cortázar. Mis primeras lecturas fueron Cortázar y después García Lorca y Rubén Darío, que también me los encontré por pura suerte. Después leí Borges, pero el Borges que va de El libro de arena en adelante, en un tomo de sus obras completas, gracias a que me lo regaló el novio de mi prima, que ahora es mi amigo. Toda la anécdota es irrelevante, o una excusa. Mis primeras lecturas fueron Cortázar (Final del juego, Bestiario, Deshoras), García Lorca (Romancero gitano) y Rubén Darío (Azul y Prosas profanas). También anduve por Hesse (El lobo estepario y Siddharta)
-¿A qué edad empezaste a escribir y qué escribías?
-A los dieciséis, poemas y canciones con un tono algo emo. Después algunos cuentos. Intenté que salieran lo más parecido posible a Cortázar. Después cuentos largos. Intenté que se parecieran lo más posible a El lobo estepario. Después leí Chéjov y ya no pude pretender que nada de lo que escribiera se le parezca.
-A la hora de escribir ¿Cuáles son tus propios métodos o rutinas?
-Hasta ahora no tuve un mismo método para más de un proyecto. Va anécdota irrelevante en este párrafo. Lo primero era catarsis, caótico. Después basándome en notas de lecturas, para poder replicar. Después con la energía del cliché, porque me compré una máquina de escribir. Esa fue la primera vez que tuve un método: escribir en la máquina todos los días de cuatro a siete de la tarde. Después pasar el resultado a la computadora editando sobre la marcha. Después editar una o dos veces más. De eso salió una novela corta, Tibio Rodrigo, que es aburridísima y mala. Con el tiempo agarré algunas mañas. Escribí una novela que se llama Las asfixias, que es pedorra, a lápiz, en cuadernos Potosí. Después lo pasé a la computadora editando sobre la marcha, y después lo edité un par de veces más. Intenté hacer lo mismo con otra novela corta pero no la pude terminar porque me quedó muy fragmentaria y había elegido mal el tono y no me gustó. Actualmente lo que me sirve, sobre todo para los cuentos, es pensar en algunos elementos, darles forma, agregarles causas y consecuencias, acontecimientos/hitos como puntos para armar el mapa, y una vez que tengo algunas líneas directrices sentarme a escribirlo. Valoro escuchar la respiración de lo que va saliendo para cambiar el rumbo o el tono sobre la marcha si el texto lo pide. La edición me parece un momento clave, casi tan importante como escribir, muchas veces cuando siento que el cuento va por los tres cuartos. Entonces el final ya es escrito en función de lo que se armó. Después volver a editar. Recortar. Agregar. Volver a editar. Cambiar de tono lo que haya que cambiar, etc. A eso le agregaría el valor de los talleres, la mirada de los demás, las ideas que aportan, las lecturas que hacen, los paralelismos que hallan, son como soplos de vida al texto. Si bien los métodos que uso se adaptan al formato del texto que estoy escribiendo, hay algo que no se negocia: darle forma a la idea durante días o semanas, hasta tener tres líneas básicas, sentarme a escribir sabiendo que esas líneas puede cambiar o ir hacia lugares distintos de los que pensaba, tener criterio para moverme entre esas dos instancias, darle a la edición un lugar preponderante, transversal, a veces simultáneo, seguir pensando el texto mientras no estoy escribiendo, al empezar algo escribir todas las semanas al menos tres días, siempre a la misma hora, no importa qué hora. Ahora escribo de 12.45 a 14.30.
-¿A qué otros escritores misioneros conoces que te hayan impactado?
-Leí Los voladores, de Santiago Morales, gracias a Juan Báez Nudelman, que no paró de recomendarlo, y me alucinó (tengo en pendientes La DVDteca de Babel). Leí algo de Rosita Escalada Salvo, leí algo de Raúl Novau, de Olga Zamboni, Marcial Toledo, Alberto Szretter, Jorge Luis Lavalle, Roberto Abínzano, Francisco Alí Brouchound (creo que tiene sólo La circunfeérica), Javier Chemes, de Pucho Lauritto fragmentos por ahora. Me gusta mucho lo que hacen Ariel Duce Belmez, Flori Melnechuk (a quien vamos a editar con Rosa China), Juan Báez Nudelman, Seba Báez, Antonella Giudice, Lucía Pérez Campos, Ludoviko Cortés Romero, Lurian Batista, Belén Maldonado (viene de Buenos Aires pero ya la adoptamos, a quien vamos a editar con Níspero), Giuliana Pinzone. Pobres, ausentes y recienvenidos y Sumido en verde temblor de Rodolfo Nicolás Capaccio me parecen increíbles, lo de Osvaldo Mazal es admirable, Fremdina Bianco tiene un libro impresionante, Esto que me pasa. Sin dudas la que más me impactó es Marina Closs, para mí es la reina, la admiro muchísimo y lo que hace me desata.
-¿Cuáles son tus autores preferidos o que recuerdes que te han marcado?
-Todos los cuentos de Arlt, especialmente el libro El criador de gorilas. Todos los cuentos y todo el teatro de Chéjov. Los cuentos de John Cheever. Capaz ni hay que decirlo, pero bueno Shakespeare, Homero, Virgilio, Poe, Guy de Maupassant. Tennessee Williams. Todos los cuentos de Bioy Casares (me enseñaron a ser un poco más prolijo). Sus novelas también; obvio que La invención de Morel es una novelita redonda, una maquinita, pero El sueño de los héroes y Dormir al sol son novelas que no paro de recomendar. Zama de Di Benedetto y Eisejuaz de Sara Gallardo, sin dudas, y en el mismo grupo Tres Truenos de Marina Closs. Obvio que también me maravillé en su momento con Borges y Cortázar, pero estos que nombré son los que me pusieron una mano en la espalda, los que más me marcaron.
-¿Cómo ves los incentivos, ferias, circulación en el mundo de la literatura regional?
-Incentivos no veo, pero que no los vea no quiere decir que no existan. Digamos que los ignoro sin querer, capaz. No creo que sea algo solo regional. El 31 de diciembre se cierra una convocatoria de novela corta para escritores del litoral, con un premio de 250 mil pesos. Eso me parece un incentivo interesante. Los premios Arandú pueden considerarse un incentivo, pero es municipal, no sé si entra como regional. Ferias suele haber, aunque poco frecuentes Digo las ferias exclusivamente de libros. Sí suele haber ferias donde también se pueden vender libros, entre ropa, a veces comida, stickers, plantas. No deja de ser lindo eso. Por lo que me cuentan, hace unos años había algo más de movimiento en cuanto a ferias de editoriales independientes, de fanzines. El tema de la circulación es complejo. No es nula, pero no es virtuosa. Va de la mano con los incentivos y las ferias, de eso no cabe dudas, pero (y hablando de lo que veo en Posadas) últimamente veo mucha edición de autor, boca en boca, distribución no sistematizada. A lo mejor es algo que pasa no porque se trate de literatura regional, sino porque en muchos casos es emergente, a veces de nicho. Hay un buen trabajo de publicación por parte de la Edunam, de publicación y distribución por parte de ConTexto, de nuevas propuestas por parte de Trilce y Raymond.
-¿Qué pensás de recitales de poesía? ¿Qué escenarios posadeños conoces?
-Los recitales o lecturas en vivo de poesía combinan cualidades que pocas veces convergen: son potentes, conmovedores, estimulantes y necesarios. Por todo eso, sobre todo necesarios. Actualmente los escenarios más importantes son el Club Atlético Corazón (coordinan Antonella Giudice y Belén Maldonado) y Poesía de Miércoles los primeros miércoles de cada mes (coordinan, si no me equivoco, Gerardo Ramon y Lucía Pérez Campos). También está Mi pequeño incendio (coordinan Antonella Giudice y Seba Báez), con menor frecuencia. En el caso de Poesía de Miércoles, siempre lo hacen en la Peña Misionero y Guaraní. Club Atlético Corazón se hizo en distintos lugares (MuTriF, La Casa Espacio Cultural, La Biblioteca Popular). Es decir que no hay un lugar destinado exclusivamente a la lectura de poesía. No sé si existe en el mundo un lugar así.
-¿Qué pensás de los talleres literarios? ¿Clases individuales? ¿Fuiste a alguno? ¿Das clases? ¿Darías?
-Los talleres literarios, más precisamente de escritura, son una gran experiencia, por lo colaborativo, por la apertura, por la ganancia que le da a los textos; y son también una gran instancia en el proceso de escritura, por cómo los proyectos escriturales salen transformados de los talleres. Son fructíferos. A mí particularmente me resultan enriquecedores. Uno lleva sus textos y recibe miradas, lecturas, apreciaciones, sugerencias de edición, observaciones y dudas. Si uno está abierto a recibir todo eso el texto puede ganar. Obviamente que el propio texto muchas veces viene con un tamiz particular que permite la entrada o no de los comentarios. Ahí juega un papel importante el criterio, quizá lo más importante después de todo. Esto no quiere decir que las instancias individuales/solitarias de escritura y búsqueda sean algo incompleto sin los talleres. Los talleres son una instancia más, que te aporta sobre todo si ya hay una búsqueda y un posicionamiento previos, porque lo que nos sirve es lo que potencia los hallazgos, lo que abre puertas donde había dudas o grises. Las clases individuales no sé bien cómo funcionan. Fui a talleres de escritura. Recomiendo Trópico Emocional, coordinado por Belén Maldonado y Antonella Giudice. Este año participé de los talleres de N/n, virtuales, también lo recomiendo mucho. Se que está, además, Serendipia, en el espacio del Proyecto Idiomas. En cuanto a talleres literarios propiamente dicho, bueno, lo mismo, son enriquecedores. Independientemente de cuál sea el eje, cuentistas de argentina, literatura rusa, novela norteamericana, etcétera, siempre se sale con un racimo de miradas distintas sobre un mismo corpus. No caben dudas de que eso ayuda a entender los fenómenos de la lectura. No doy clases. Puedo ayudar y ayudo con lecturas, ediciones y maquetaciones, pero no doy clases. Si alguna vez me siento preparado, me gustaría.
-Recibiste el premio Arandú a las Letras 2023. ¿Qué te pareció la ceremonia de premiación?
-Gran despliegue. No sabía que era así. Me sorprendió. Hasta diría que me sentí un poco apabullado, en el buen sentido, si existe. El Ballet del Centro del Conocimiento fue una maravilla, no me lo olvido (podría discutirse el blanco del vestido de la chica que ocupaba el centro del escenario, pero por amor a discutir). El formato de mención de los ternados y de revelación del nombre premiado estuvo bueno, la intriga le dio el toque a la celebración.
-¿Cómo fue tu experiencia trabajando para Techo?
-Reveladora, y después de procesarlo, enriquecedora.
-¿Cómo empezó tu emprendimiento editorial y de qué se trata?
-Rosa China empieza en Níspero. Níspero es una editorial de poesía que fundamos con un amigo, Ariel Duce Belmez. Lo publicamos a él y a Nina Ferrari. Ahora estamos preparando la publicación de los poemas de Belén Maldonado. A partir del aprendizaje en Níspero, es decir de tomar conocimiento de cómo funciona la burocracia para hacer una editorial y registrar, distribuir y vender un libro, tuve deseos de tener un espacio en el que poder tomar decisiones arbitrarias, de ahí nace Rosa China. Por el momento publiqué solo La colilla, a modo de experimento y carta de presentación, para poder decir a otros autores: esto es lo que hago, así se ve. Una de las patas más importantes de Rosa China es el diseño, que está en las manos de Juan Báez Nudelman, que entiende todo y hace maravillas. Yo me encargo de la edición y la maquetación, el registro y la venta y distribución. El fundamento detrás de Rosa China es publicar autores de Misiones y distribuir los libros, al menos por ahora, en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Por otra parte, la idea es hacer tiradas cortas y en el mejor de los casos apuntar a la reimpresión. Más que nada por una cuestión de presupuesto: son editoriales que no dejan ganancias; de hecho, el lujo sería que una publicación financie la siguiente. Por ahora no se da. Pero la apuesta es esa y hay que sostenerla. A comienzos del año 2024 Rosa China va a publicar a Flor Melnechuk. Ambas editoriales apuntan a lograr un objeto libro de calidad, y en el largo plazo un catálogo con impronta propia.
-¿Qué relación ves entre política y literatura?
-Es imposible pensarlas por separado. Está claro que cuando decimos política no hablamos de política partidaria, por lo menos no necesariamente. No hay libro que no juegue su papel en la discusión política, ya sea en el sentido amplio y deliberativo tocante a la vida en comunidad en general, ya sea respecto de las discusiones políticas suscitadas dentro del campo literario. Creo que desde nuestro lugar, Misiones, la discusión pasa por afrontar, problematizar, asumir, desbaratar, etcétera, la dicotomía literatura del centro / literatura de provincia.
-¿Cómo ves el panorama político argentino actual?
-De cerca. Están pasando muchas cosas al mismo tiempo. Vuelven discusiones que creíamos resueltas. Emergen de nuevo desde relecturas que se hacen pasar por frescas y son antidemocráticas, lo que implica volver a retomarlas, con el agravante de que al mismo tiempo hay que dar otra media docena de discusiones. Quiero decir, a la par de aquello tiene lugar un descreimiento del sistema democrático que, sin dejar de ser alarmante, no viene del aire, sino de dos gestiones pésimas, de ocho años de gobierno que la mayoría percibe como perjudiciales en su proyecto de vida. En medio o gracias a ese ruido de fondo tenemos la llegada a la presidencia de un candidato que se define como anarcocapitalista, que no para de ser contradictorio, que defiende las ideas de la libertad (de mercado) en lo económico pero es conservador en lo político-ideológico (cosa que espanta a los mismos liberales), que es comparado con Trump y Bolsonaro pero carece de las únicas ¿cualidades? atribuibles a Trump y Bolsonaro (la defensa de la soberanía, el proteccionismo, la intervención del Estado). Un candidato que obtuvo una mayoría aplastante de votos prometiendo ajuste y entrega de la soberanía, con un llamado de atención: se trata de una mayoría aplastante conformada en gran medida por votantes que desconocen las políticas económicas propuestas y sus consecuencias de manual. Si ya las ideas de Milei son malas, es promesa de desastre el acuerdo con Macri y la participación de Caputo en el Ministerio de Economía, Sturzenegger como ministro de Modernización (¿?), Reidel en el BCRA, Marín de TecPetrol en YPF. En fin, son muchos frentes, muchas discusiones que difícilmente estén en agenda. Consideremos la posibilidad de que junto a las medidas económicas cantadas van a convivir declaraciones de todo tipo, en torno a la derogación de la ley de interrupción del embarazo, el paso de empresas del estado a manos privadas, la criminalización de las manifestaciones, etcétera. Así que bueno, sigo de cerca el panorama político actual, porque de lejos se ve oscuro.
-La literatura siempre se construye desde la periferia, pero, cómo se hace cuando están en juego las condiciones materiales.
-Podría decir bienaventurados los que hacen literatura sin mirar de reojo, todo el tiempo, las condiciones materiales, pero en el fondo me chupan un huevo. No sabría decir cómo se hace literatura cuando están en juego las condiciones materiales porque no conozco otra forma. Haciendo visibles esas condiciones, trayéndolas a primer plano, puede ser una respuesta.
-¿Qué proyectos literarios tenés, qué estas escribiendo?
-Actualmente estoy trabajando en dos proyectos. Uno consiste en agarrar de nuevo Las asfixias, recortar lo más que pueda hasta que quede una novela corta, considerar un cambio de tono en algunas secuencias (es una novela fragmentaria y un poco sucia), tratar de obtener un texto más uniforme y equilibrado. De eso puede resultar un empeoramiento o una novela nueva. La idea central es que quede una novela corta. El otro proyecto consiste en un libro con cinco cuentos. Estuve paseando por el minimalismo, así que van por ese lado, pero sin abandonar lo fragmentario. Son tres cuentos largos, uno promedio y uno corto. Honestamente, uno de los tres cuentos largos está queriendo ser una novela corta, pero voy cortar, reformular y condensar hasta obtener un resultado grato/adecuado.
-¿Cuál es tu árbol preferido?
-Qué difícil. Voy a dar una terna. No sé si es el nombre adecuado, pero yo los conocí como: palo borracho, pata de buey, gomero.
-¿Dónde se consigue La colilla, el libro premiado?
-En Posadas: Amiga Librería (librería ambulante, se la contacta por Instagram @amigalibrería), Tras los Pasos (también en Oberá), La forastera y bueno, conmigo. Quedan pocos ejemplares, creo que 30. En CABA: La Libre, Caburé, Ocio, Fetiche, Lo de Cra, Obel. En Córdoba: La Librería.

