Desde el Alto Uruguay misionero, la Cooperativa Agropecuaria Sarandí Limitada celebra más de dos décadas transformando leche en quesos con identidad local, sosteniendo el arraigo rural y consolidando un modelo productivo que demuestra que el agregado de valor en origen es posible.
Miércoles 4 de marzo de 2026. La cooperativa Agropecuaria Sarandí Limitada cumplió 21 años de trabajo ininterrumpido. Lo que comenzó en 2003 como una apuesta colectiva de productores y productoras que buscaban una alternativa económica, hoy es una experiencia consolidada que genera empleo, dinamiza la economía regional y sostiene a decenas de familias rurales en esta zona de Misiones.
La historia de la cooperativa es, ante todo, una historia de organización y persistencia. Cada queso que sale de su planta sintetiza dos décadas de aprendizaje, inversión y compromiso con la calidad. Con identidad misionera y fuerte agregado de valor en origen, sus productos compiten en el mercado en igualdad de condiciones con marcas de escala industrial, gracias al cuidado en cada etapa del proceso productivo y al conocimiento acumulado por sus socios.
Durante una recorrida por las instalaciones y la entrega de una placa en reconocimiento a su trayectoria, el dirigente social Martín Sereno destacó el carácter estratégico del proyecto: “Agregar valor en origen no es un discurso: es defender el trabajo de nuestras familias productoras, garantizar que la riqueza quede en Misiones y avanzar en el camino de la soberanía alimentaria”, dijo.
Sereno subrayó además el impacto estructural del cooperativismo en el Alto Uruguay: “Favorece el arraigo rural y frena el éxodo hacia las ciudades o al exterior. Eso es federalismo real: que cada familia pueda vivir y desarrollarse en su tierra, con trabajo y producción propia”.
De la crisis a la organización
La inquietud que dio origen a la cooperativa surgió en 2003, cuando un grupo de productores respondió a una convocatoria de “La Leandrito”, empresa que solicitaba materia prima para su fábrica láctea en Alem. Si bien finalmente no pudieron abastecer ese emprendimiento —que cubrió su demanda con proveedores más cercanos— el proceso permitió relevar la cantidad de productores y litros de leche disponibles en la zona.
Lejos de desistir, los colonos decidieron avanzar con un proyecto propio. Con el acompañamiento de referentes locales y el respaldo de 15 productores que pusieron sus tierras como garantía, gestionaron un crédito del programa Prodernea. Tras varios años de trámites ante el municipio, el Gobierno provincial y entidades cooperativas, lograron poner en marcha la elaboración de quesos.
Desde entonces, la producción no se detuvo. En estos 21 años, ningún socio dejó de cobrar por la leche entregada mensualmente a la planta, un dato que revela estabilidad y compromiso colectivo en un contexto económico muchas veces adverso.
La lechería fue una actividad pionera en el Alto Uruguay, tradicionalmente vinculado al cultivo de tabaco. La cooperativa completó toda la cadena: producción primaria, industrialización, envasado y comercialización, consolidando una alternativa productiva con valor agregado total en origen.
Gestión cooperativa y liderazgo femenino
Adriane Smaniotto preside la Comisión Directiva y transita su tercer período al frente de la entidad, acompañada por 22 socios y socias. La gestión es íntegramente cooperativa: no existe la figura de gerente, y las decisiones se toman de manera colectiva.
Con el tiempo, y mediante un subsidio provincial, la entidad logró construir su planta industrial, con capacidad para procesar hasta 5.000 litros diarios. Sin embargo, los desafíos persisten: mejorar la logística de transporte, ampliar mercados y garantizar precios justos para los productores siguen siendo objetivos centrales.
En ese esquema, el protagonismo femenino es clave. La maestra quesera Andrea Schwingel, egresada de la EFA, integra la cooperativa desde el primer día y es considerada el alma técnica de la industria láctea local, tras capacitarse y formar a sus compañeros dentro de la planta. También se destaca el trabajo sostenido de socios y colaboradoras que, desde la producción hasta la comercialización, sostienen el funcionamiento diario.
Los productos se cpmercializan en El Soberbio, San Pedro, San Vicente y Fracrán, entre otras localidades, consolidando una red comercial regional que fortalece la agricultura familiar.
Arraigo, empleo y federalismo real
En un escenario económico donde predominan la concentración y el desarraigo, la experiencia de la Cooperativa Sarandí demuestra que otro modelo es posible: producción organizada, calidad competitiva, generación de empleo local y construcción concreta de soberanía alimentaria.
A 21 años de su fundación, la cooperativa no solo celebra su historia. Proyecta futuro desde las chacras de la tierra colorada, apostando al trabajo, al arraigo rural y a un federalismo que se construye desde abajo, con organización comunitaria y agregado de valor en origen.
En tiempos donde el “sálvese quien pueda” parece imponerse, la experiencia del Alto Uruguay confirma que la economía social, cuando se sostiene con gestión, compromiso y comunidad, puede transformarse en una política de desarrollo con raíces profundas y resultados tangibles para Misiones.
