El presidente de España negó el uso de bases a Estados Unidos de Norteamérica EUU y crece la tensión con Donald Trump. Fijó la postura de “no a la guerra” tras los ataques entre Estados Unidos, Israel e Irán, y confirmó que España no permitirá el uso de sus bases militares para operaciones ofensivas. La decisión desató una fuerte reacción de Trump, quien amenazó con romper relaciones comerciales, en un escenario que ya impacta en el petróleo, los mercados y la estabilidad internacional.
Miércoles 4 de marzo de 2026. El presidente del Gobierno español fijó posición tras los ataques cruzados entre Estados Unidos, Israel e Irán, y advierte que España no permitirá el uso de sus bases para operaciones ofensivas. La tensión escala con Washington, que amenaza con romper relaciones comerciales.
En una comparecencia institucional desde el Palacio de la Moncloa, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, dijo frente a la nueva escalada bélica en Medio Oriente: “no a la guerra” y apeló a la defensa cerrada del derecho internacional como principio rector de la política exterior española.
El mensaje, en principio dirigido a la comunidad internacional, también respondió, de forma implícita pero inequívoca, a las amenazas del presidente y referente republicano estadounidense Donald Trump, quien había advertido con romper relaciones comerciales con España si Madrid persistía en negar el uso de bases militares norteamericanas en territorio español para eventuales ataques contra Irán.
La declaración de Sánchez se produce tras los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán y la posterior represalia iraní sobre varios países de la región, incluyendo instalaciones estratégicas. La escalada impactó de inmediato en los mercados financieros y en la logística energética internacional, particularmente en el estrecho de Ormuz, punto neurálgico por donde circula una porción sustancial del petróleo y gas mundial.
La volatilidad del crudo y la alteración del tráfico aéreo encendieron alarmas en Europa, altamente dependiente de importaciones energéticas. Bruselas analiza escenarios de contingencia ante una eventual prolongación del conflicto, mientras la OTAN sigue de cerca los movimientos militares en el Mediterráneo oriental.
El límite político
El punto más sensible de la crisis bilateral con Washington gira en torno al uso de instalaciones conjuntas como la base naval de Rota y la base aérea de Morón, claves en la arquitectura militar estadounidense en Europa. España, miembro pleno de la OTAN, mantiene acuerdos de cooperación militar con Estados Unidos, pero la autorización para operaciones ofensivas desde su territorio depende de decisiones soberanas del Gobierno español y, en determinados supuestos, de aval parlamentario.
Sánchez dejó en claro que su Ejecutivo no respaldará acciones que, a su juicio, vulneren la legalidad internacional. “No se puede responder a una ilegalidad con otra”, afirmó, en una frase que evoca el debate jurídico que dividió a Europa durante la invasión a Irak en 2003.
El presidente español trazó un paralelismo explícito con la guerra de Irak y el acuerdo político sellado en la cumbre de las Azores, que alineó a Estados Unidos, Reino Unido y España en la intervención militar contra el régimen de Saddam Hussein. Aquella decisión, defendida entonces por el gobierno de José María Aznar, marcó un quiebre interno en la política española y generó una masiva contestación social.
Sánchez advirtió que los conflictos prolongados en Medio Oriente suelen traducirse en efectos colaterales globales: terrorismo internacional, crisis migratorias y aumento del costo de la energía. “Los gobiernos estamos para mejorar la vida de la gente, no para empeorarla”, subrayó.
Impacto económico y plan de contingencia
El Ejecutivo español activó tres frentes de acción: asistencia y eventual evacuación de ciudadanos españoles en la región; estudio de medidas económicas para amortiguar un eventual shock energético; y coordinación diplomática con la Unión Europea.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores confirmaron que se monitorea permanentemente la situación de españoles en Israel, Líbano y otros países cercanos al teatro de operaciones. En paralelo, el Ministerio de Economía evalúa herramientas similares a las desplegadas durante la pandemia y la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania.
España cerró el último ejercicio con crecimiento por encima del promedio europeo, lo que le otorga cierto margen fiscal. Sin embargo, analistas advierten que un alza sostenida del petróleo impactaría de lleno en la inflación y en el poder adquisitivo.
Una crisis que redefine alianzas
Más allá de la coyuntura militar, el trasfondo es político. La amenaza de ruptura comercial por parte de Trump tensiona la relación transatlántica en un momento en que la Unión Europea intenta consolidar una política exterior más autónoma.
España, alineada con la posición mayoritaria de Bruselas, apuesta a una salida diplomática y reclama un cese inmediato de hostilidades. Sánchez insistió en que la pregunta central no es la simpatía o rechazo hacia el régimen iraní —“nadie lo está”, remarcó— sino la defensa coherente de la legalidad internacional como marco común.
El desenlace dependerá ahora de la evolución militar en Medio Oriente y de la capacidad de las potencias involucradas para frenar la espiral de represalias. La historia europea, recordó el mandatario español al evocar los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, demuestra que los conflictos de gran escala pueden estallar por acumulación de errores y decisiones precipitadas.
En ese tablero incierto, España busca mantener una posición de equilibrio: compromiso con la OTAN, pero autonomía en la decisión de no involucrarse en una guerra que considera contraria al derecho internacional. La pulseada diplomática con Washington será, en las próximas semanas, una prueba de fuego para la solidez de esa estrategia.
El discurso de Sánchez
El presidente de España, Pedro Sánchez, habló este miércoles 4 de marzo sobre la Guerra en Medio Oriente y las amenazas del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica de romper toda relación comercial, como consecuencia de la posición española frente al conflicto.
El discurso completo dice:
“Buenos días, queridos y queridas compatriotas.
Me dirijo a vosotros para informaros de la crisis que se ha desatado en Oriente Medio, de la posición del Gobierno de España y de las acciones que estamos llevando a cabo. Como sabéis, el pasado sábado Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, que a su vez respondió bombardeando de forma indiscriminada nueve países de la región y una base británica situada en un Estado europeo, en Chipre.
Quiero ante todo expresar la solidaridad del pueblo español con los países atacados ilegalmente por el régimen de Irán. Desde entonces las hostilidades han continuado, cuando no crecido, provocando centenares de muertes en hogares, en escuelas, en hospitales. También el desplome de las bolsas internacionales y la disrupción del tráfico aéreo y del estrecho de Ormuz, por el que transitaba hasta hace muy poco el 20% del total del gas y petróleo mundial. Nadie sabe con certeza qué pasará ahora. Ni siquiera están claros los objetivos de quienes lanzaron el primer ataque. Pero tenemos que estar preparados, tal y como dicen los promotores, para la posibilidad de que esta sea una guerra larga, con numerosas bajas y por tanto, con consecuencias graves también a escala global en términos económicos.
La posición del Gobierno de España ante esta coyuntura es clara y consistente. Es la misma que hemos mantenido en Ucrania o también en Gaza. En primer lugar, no a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos, especialmente a los más indefensos, a la población civil. En segundo lugar, no a asumir que el mundo solo puede resolver sus problemas a base de conflictos y de bombas. Y, finalmente, no a repetir los errores del pasado. En definitiva, la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra.
El mundo, Europa y España ya han estado aquí antes. Hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio. Una guerra que, en teoría, se dijo entonces, se hacía para eliminar las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, llevar la democracia y garantizar la seguridad global, pero que, en realidad, visto en perspectiva, produjo el efecto contrario, desencadenó la mayor oleada de inseguridad que ha sufrido nuestro continente desde la caída del Muro de Berlín. La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo yihadista. Una grave crisis migratoria en el Mediterráneo oriental y un incremento generalizado de los precios de la energía y, por tanto, también de la cesta de la compra, del coste de la vida. Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces: un mundo más inseguro y una vida peor. Es verdad que aún es pronto para saber si la guerra de Irán tendrá consecuencias semejantes a la de Irak, si servirá para provocar la caída del terrible régimen de los ayatolás en Irán o para estabilizar la región.
Lo que sí sabemos es que de ella no va a salir un orden internacional más justo. Ni tampoco va a salir de ella salarios más altos, ni mejores servicios públicos, ni un medio ambiente más saludable. De hecho, lo que de momento podemos vislumbrar son más incertidumbre económica, subidas de precio de petróleo y también del gas. Por eso desde España estamos en contra de este desastre, porque entendemos que los gobiernos estamos aquí para mejorar la vida de la gente, para aportar soluciones a los problemas, no para empeorar la vida de la gente. Y es absolutamente inaceptable que aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre, los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles.
Ante esta coyuntura, el Gobierno de coalición progresista va a hacer lo mismo que ha hecho en otros conflictos y en crisis internacionales. En primer lugar, estamos asistiendo a los españoles y españolas que se encuentran en Oriente Medio y vamos a ayudarles a regresar a nuestro país si ese es su deseo. El Servicio Exterior y el Ejército están trabajando día y noche para articular dispositivos de evacuación. Es evidente que las operaciones son muy delicadas porque el espacio aéreo de la región no es seguro y porque su red aeroportuaria está gravemente afectada por los ataques. Pero nuestros compatriotas pueden tener la certeza de que vamos a protegerles y de que vamos a traerles de vuelta a casa.
En segundo lugar, el Gobierno de España está estudiando escenarios y posibles medidas para ayudar a los hogares, a los trabajadores, a las empresas, a los autónomos y que puedan mitigar con ello los impactos económicos de este conflicto, si es que fuera necesario. Gracias al dinamismo de nuestra economía y gracias también a la responsabilidad de la política fiscal del Gobierno, España cuenta en estos momentos con los recursos necesarios para hacer frente también de nuevo a esta crisis. Tenemos la capacidad, también la voluntad política, y lo haremos de la mano de los agentes sociales, como lo hicimos durante la pandemia, la crisis energética o recientemente la crisis arancelaria.
En tercer lugar, vamos a colaborar, como hemos hecho siempre, con todos los países de la región, que abogan por la paz y por el cumplimiento de la legalidad internacional, que son dos caras de la misma moneda. Apoyándoles con los recursos diplomáticos, también materiales que se requieran. Vamos a trabajar con nuestros aliados europeos en una respuesta coordinada y que pueda ser definitivamente eficaz. Y vamos a seguir trabajando para lograr una paz justa y duradera en Ucrania y en Palestina, dos lugares que merecen no ser olvidados.
Y por último, el Gobierno va a seguir exigiendo un cese de las hostilidades y una resolución diplomática de esta guerra. Y quiero además explicitarlo, porque sí, la palabra adecuada es exigir. Porque España es un miembro pleno de la Unión Europea, de la OTAN y de la comunidad internacional. Y porque esta crisis también nos afecta a nosotros, a los europeos y por consecuencia, a los españoles. Y por eso tenemos que exigir la resolución a Estados Unidos, a Irán, a Israel, para que paren antes de que sea demasiado tarde. Lo he dicho en muchas ocasiones y lo repito ahora: no se puede responder a una ilegalidad con otra, porque así es como empiezan los grandes desastres de la humanidad. Recordemos cómo antes del inicio de la Primera Gran Guerra Mundial en el siglo XX, en agosto de 1914, alguien le preguntó al entonces canciller de Alemania cómo había empezado la Primera Guerra Mundial y él respondió, encogiéndose de hombros y diciendo textualmente: “Ojalá lo supiera”.
Muy a menudo las grandes guerras estallan por una concatenación de respuestas que se van de las manos por culpa de errores de cálculo, fallos técnicos, acontecimientos imprevistos. Por tanto, debemos aprender de la historia y no podemos jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas. Las potencias involucradas en este conflicto deben cesar inmediatamente las hostilidades y apostar por el diálogo y la diplomacia.
Y los demás debemos actuar con coherencia, defendiendo ahora los mismos valores que defendemos cuando hablamos de Ucrania, de Gaza, de Venezuela o de Groenlandia. Porque la pregunta no es si estamos o no a favor de los ayatolás. Nadie lo está. Desde luego, no lo está el pueblo español y, por supuesto, tampoco el Gobierno de España. La pregunta, en cambio, es si estamos o no del lado de la legalidad internacional y, por tanto, de la paz. La ciudadanía española siempre repudió la dictadura de Saddam Hussein en Irak, pero no por ello apoyó la guerra de Irak, porque era ilegal, porque era injusta y porque no supuso una resolución real a casi ninguno de los problemas que pretendió resolver”.
