Un conflicto que expone las tensiones entre el Estado municipal y el sector privado, en medio de la crisis financiera y la falta de diálogo, pone en debate la implementación de un impuesto al visitante que ya genera polémica dentro y fuera de la localidad.
Por Oscar Alejandro Degiusti
Licenciado en Turismo – docente
Domingo 8 de marzo de 2026. Desde hace un tiempo, la localidad misionera de Wanda se encuentra bajo un clima interno algo hostil y tenso a partir de la puesta en vigencia, por parte del Ejecutivo municipal, de la Ordenanza N° 22/2025, que restablece (es un proyecto de 2015) la Tasa Eco Turística Municipal en el ámbito del municipio.
La tasa está dirigida, según reza la ordenanza, a «todas las personas que ingresen con fines turísticos, recreativos, de esparcimiento, científicos, técnicos, comerciales o de negocios, a los establecimientos vinculados a la actividad minera de piedras preciosas o semipreciosas, sean estos yacimientos naturales, minas activas, centros de exhibición, talleres, locales comerciales o espacios de venta y exposición, situados dentro del ejido municipal de Wanda». «El cobro alcanzará tanto a los turistas y/o visitantes que ingresen en vehículos como a aquellos que lo hagan a pie, en bicicleta u otros medios de traslado».
El resultado hasta ahora, a diferencia de otras tasas al turismo en la provincia, es llamativo por los niveles en que ha escalado la discusión dentro y fuera del municipio, junto al oportunismo de muchas personas (comunicadores, militantes y opinadores) para descalificar sin entender las lógicas internas del turismo actual. El silencio, muy ruidoso, de otros actores institucionales del turismo como de instituciones académicas, la opinión social de la población local con cierto interés en el turismo, el rol de operadores de turismo, entre varias apostillas. Esto lo retomaremos posteriormente.
Hacia dentro del sistema
Antes de avanzar, pongamos el foco en el actual modelo de turismo global. En primer lugar, no olvidemos, como lo hice en otros escritos, que el turismo, sin lugar a dudas, es el principal vector de la globalización y del sistema capitalista porque promueve justamente flujos financieros, de mercancías, de personas y de ideas (Córdoba y García, 2003). Así es como se convierte en un gran sistema de consumo donde la naturaleza, los paisajes, las culturas, los bienes comunes, etcétera, son convertidos en mercancías mediante la asignación de precios.
Y por otro lado, el actual neoliberalismo, cada vez más hegemonizado por las ultraderechas como actual modelo del capitalismo global, promueve sin concesiones democráticas el libre mercado, la libre movilidad de capitales, la libre implantación geográfica de las actividades productivas y especulativas, la privatización de empresas y propiedades públicas, la desregulación de la economía, la concentración de capitales mediante fondos de inversión globales o las medidas de proteccionismo estatal favorecedoras de sus corporaciones empresariales, y un Estado disminuido cuyo rol es convertirse en garante del clima de negocios (seguridad jurídica, defensa de la propiedad privada, flexibilización laboral, administración pública que no entorpezca la iniciativa privada, etcétera) a partir de la no intervención en los circuitos económicos, o en responsable de las inversiones para los procesos de gentrificación de las ciudades.
¿Qué es una tasa (eco) turística?
La tasa turística es, ni más ni menos, que un impuesto que el viajero tiene que pagar cuando visita un país o una localidad y que se suele cobrar en el alojamiento o al reservar el billete de avión. En algunas ciudades, como Barcelona, los buses que llevan turistas a puntos de interés deben pagar una tasa vía app para operar en determinadas zonas.
La «tasa turística» no es ni un peaje —pago que se efectúa como derecho para poder circular por un camino y con un vehículo— ni tampoco es un pago de una empresa por una contraprestación de servicios.
Existen países que gravan a los pasajeros con una tasa que se paga junto con el vuelo o bien al entrar o abandonar el país en el aeropuerto. Finalmente, en algunos países hay un aumento en los costos de visados para ingresar que no constituyen propiamente una tasa, pero que impactan en los viajeros.
Para mayor información sobre tasas turísticas, puede consultarse este artículo: https://misionesplural.net/2024/07/24/sobre-tasas-turisticas-y-esos-costos/
¿Para qué se pagaría este impuesto?
La tasa turística es aplicada por gobiernos locales, principalmente ciudades, con el fin de contar con un fondo destinado a diferentes medidas como: hacer frente a la recesión, reducir el déficit, promover el desarrollo, la promoción de las infraestructuras y actividades turísticas, la conservación del patrimonio, la sostenibilidad, etcétera. Es decir, lo que queda claro es que la recaudación queda en el sistema turístico del territorio. La idea es que el dinero del turista se revierta de forma positiva en los propios turistas y en el territorio.
Producto turístico, destino: ¿qué es?
El turismo, como cualquier actividad, incluye conceptos, vocablos que construyen un relato adaptado o adoptado por las partes involucradas, sea instancia del sector público o del sector privado. En ocasiones, utilizamos esas palabras como sinónimos, o más bien intercambiamos sus significados; en definitiva, lo moldeamos de acuerdo a la narración o discurso del momento.
El producto turístico no es solo lo que atrae —por ejemplo, si hablamos de las «minas semipreciosas»— sino esos elementos más las infraestructuras, los equipamientos, los servicios, la gestión, la imagen y el precio. Es un combo de carácter privado y público.
El «destino» sería entonces el «producto turístico global» de un territorio, es decir, la suma de los diferentes productos turísticos de la comunidad, al margen de su valoración. Eso sí, siempre ese elemento singular o atractivo debe estar asociado a servicios. Podríamos decir que el producto turístico se disfruta individualmente; en cambio, el «destino» se percibe de manera general o global. Ejemplificando: las «minas de Wanda» constituyen un atractivo turístico y la localidad de Colonia Wanda podría ser una primera unidad de «destino». Ahora, el «destino turístico» no es una unidad armónica, sino más bien «una red de intereses legítimos que compiten: empresas, administración, residentes, visitantes, sector primario, cultura, movilidad, medio ambiente».
El turismo en Wanda
Colonia Wanda es una localidad de Misiones que se encuentra a 260 km de Posadas y 40 km de Puerto Iguazú. Son tres los municipios que se localizan muy cercanos, constituyendo una especie de trilogía de pueblos: Puerto Esperanza, Colonia Wanda y Puerto Libertad, en ese orden.
El principal producto turístico, que cuenta con años de difusión y conocimiento por parte de potenciales viajeros, son las «minas de piedras preciosas de Wanda». Así aparecen ya en muy antiguas guías de turismo. Y hay que decir que hoy siguen destacando como principal atractivo de la comunidad, aunque han incorporado otros que constituyen productos complementarios.
La demanda histórica y actual —porque no se ha modificado— corresponde a un turismo de carácter nacional que ingresa en vehículos propios por Posadas con destino a Iguazú y se agendan como lugares de paso las Reducciones Jesuíticas de San Ignacio y las minas de Wanda.
Por otro lado, tenemos a los tours que también ingresan por Posadas con igual recorrido que los automovilistas. Un dato interesante es que los coordinadores prefieren las minas a las reducciones por cuestiones de comisión. Y después están los tours que llegan desde el norte, brasileros y paraguayos por un lado, y aquellas organizadas por las empresas receptivas de Puerto Iguazú, cuyos circuitos incluyen las minas de Wanda y la Reducción de San Ignacio Miní.
Nos referimos a un turismo de paso, porque el alojamiento en Wanda está dificultado fundamentalmente por una variable mundial, donde la existencia de ciudades con mayor desarrollo turístico que se encuentran a menos de 70 km concentra los flujos de visitantes. Allí, pequeños núcleos urbanos como Puerto Esperanza, Wanda o Puerto Libertad son elegidas particularmente para pernoctar por familias que priorizan los precios, ya que las distancias son menores para llegar al destino principal. Además, en aquellas situaciones muy especiales en que la demanda de Puerto Iguazú se satura, se produce una pequeña derrama hacia territorios cercanos. Son momentos muy contados.
Por ejemplo —es cierto, potenciados por las circunstancias—, en un video en redes leemos: «Otra guía, que trae gente de La Rioja, Catamarca, Tucumán y Santiago, anunció que saca Wanda del itinerario: no va a cobrarle a un pasajero que ni siquiera entra a la mina».
La ordenanza
La Ordenanza 22/2025, que restablece (impone) una «Tasa Ecoturística Municipal», es una norma del año 2015 que no habría sido nunca aplicada. Según los argumentos, está destinada «a promover la preservación ambiental, el desarrollo sustentable de la actividad turística y la mejora de la infraestructura urbana». Nada diferente a otras normas similares.
Al margen, el contexto general de la misma es la actual situación financiera de las provincias en general y de los municipios en particular por la reducción de las transferencias automáticas, especialmente a través de la Coparticipación Federal de Impuestos, reflejando un panorama económico complejo a nivel nacional, y el parate de la obra pública.
La norma establece que la base de aplicación se determinará por UF (Unidad Fiscal) de acuerdo al medio de transporte: bicicletas, motocicletas, automóviles y camionetas, camiones y casas rodantes, minibuses y colectivos. Estas dos últimas categorías discriminadas por el número de asientos. El cobro para turistas y visitantes se realizará previo al ingreso a los establecimientos mineros de piedras semipreciosas.
En general, los argumentos se visibilizan de acuerdo a los actores como parches financieros y mecanismos recaudatorios, y que las tasas se utilizan para cubrir los déficits a costa del sector privado, donde los Estados provincial y nacional se desentienden del financiamiento del lugar. Por el lado del sector público, las tasas son palancas para reforzar la calidad del destino —no del producto turístico— y la necesidad de compensar los servicios extras (limpieza, seguridad, mantenimiento) que los turistas exigen de una localidad.
Vaivenes de la implementación de la ordenanza
Existe una regla universal en decisiones que involucran al sector público y al sector privado: la realidad siempre es menos lineal que el relato. Si simplemente ante una propuesta de cualquier tasa o impuesto al sector turístico hubiera una aprobación implícita e inmediata, principalmente por parte de los actores privados, sería muy sencillo, pero no es así. Veremos luego que en otras situaciones sí hay, al menos, menores tensiones.
La premisa básica en estas circunstancias siempre es «diálogo y consenso» con el sector, y un ejercicio de transparencia total sobre la trazabilidad de los recursos para el caso de que se efectivizara la normativa.
Los relatos de estas «idas y venires» se personalizan en dos mujeres puntualmente: la intendenta de Colonia Wanda, Romina Faccio, y la propietaria de una de las minas, la Compañía Minera, Patricia Busch, de cuyas intervenciones se visibiliza a simple vista una escasa e insuficiente falta de diálogo.
Desde el simple intercambio de opiniones y de justificaciones de ambos actores, podemos deducir las interpretaciones que cada una le da a la tasa turística a partir de lo que reprodujeron y reproducen medios informativos online, radios y plataformas de redes sociales principalmente. Por momentos, la discusión se transforma en monólogo sectorial, sin una lógica de querer discutir lo importante o acordar un futuro para el turismo en Colonia Wanda.
La Intendenta expresa aferrada a un contexto donde expone: «(…) estamos en una época donde la situación económica en todo el país está siendo cuestionada por estas nuevas medidas que ha tomado el presidente de eliminar las obras públicas y de decir que los intendentes se arreglan como pueden. Entonces, bueno, tenemos que reinventarnos y nosotros tenemos que seguir haciendo crecer a la ciudad». Falta de diálogo, desconocimiento del sector, dificultad para entablar apoyos son algunas de las variables que aparecen sobre la superficie institucional. Retomaremos.
La empresaria Patricia Busch, propietaria de una de las minas (Compañía Minera), se proyectó como la voz oficial del sector privado, y con el objetivo de rechazar totalmente la medida, incluyendo a veces argumentos que tienen rasgos falaces. Resumimos en tres los argumentos principales para oponerse a la ordenanza en las expresiones siguientes:
-La ilegalidad de la medida, donde la caracteriza como «ilegal, discriminatoria y arbitraria» porque «el cobro no lo quieren hacer a todos los emprendimientos turísticos del pueblo, sino solamente a las únicas minas de piedras preciosas».
-Falta de entendimiento y acuerdos con la intendenta: se menciona que en al menos tres reuniones con la intendenta ofrecieron asumir el pago para evitar que se le cobre al visitante. «Nosotros pagamos la ecotasa, pero dennos un servicio. Si hay una contraprestación real, la pagamos nosotros y que no molesten al turista», afirmó.
-Pérdida de puestos de trabajo: «La actividad minera puede seguir con menos personal, pero el turismo es lo que genera empleo y movimiento en el pueblo», explicaba.
Además, se suman dos recursos ejemplificativos como parte de la defensa argumentativa, haciendo mención a dos situaciones referentes a la implementación de tasas para reforzar la oposición: (1) referencia a una estrategia judicial a implementar en la provincia, donde habrían presentado una medida cautelar para determinar la legalidad, y otra vía colaboración con la Federación de Empresarios y Hoteleros de la Argentina, que intervinieron en la oposición de la tasa ecoturística de Bariloche. Aclaración: a inicios de 2026, su aplicación ha sido intermitente debido a fallos que cuestionaron su constitucionalidad, aunque muchos hoteles aún están obligados a percibirla dependiendo de la normativa vigente del mes.
Y por otro lado, argumenta y se desmarca de la tasa ecoturística de Puerto Iguazú aduciendo que allí es diferente porque «el turista en Iguazú queda tres o cuatro días, come, duerme y es coparticipable con el propietario del hotel. Hoy se cobra en la calle a los extranjeros, pero a los que pasan la noche, el hotel le cobra. No es que todo va para el municipio; el hotelero también recibe algo». Aclaración: en Puerto Iguazú, el hotelero es un simple ente recaudatorio, no se le coparticipa ningún porcentaje.
Más allá del ruido en los diferentes medios y redes sociales, la actividad turística en las minas sigue siendo normal —nunca cerraron, como algunos (in)comunicadores sociales lo transmitieron— y el Ejecutivo municipal sigue con la responsabilidad de cobrar la tasa turística.
La gobernanza, solo una retórica del discurso
La «gobernanza» como concepto se remonta a los años 90 como parte del neoliberalismo político, que reducía la intervención del Estado y abría el juego a los denominados «actores de la sociedad civil», y por supuesto al sector privado. La Organización Mundial del Turismo (2008) la definió «como el proceso de conducción de los destinos turísticos a través de esfuerzos sinérgicos y coordinados de los gobiernos en sus diferentes niveles y atribuciones, de la sociedad civil y del tejido empresarial».
Entonces, la gobernanza vendría a ser una concertación de actores constituidos en redes de cooperación y coordinación directa e indirectamente implicados en la cadena de valor del turismo, que redunda en el desarrollo del destino turístico. Es un sistema de acuerdos y decisiones.
Definida la gobernanza, afirmamos que en general la palabra se utiliza en modo plastilina, es decir, se amolda a las necesidades de algún discurso, más como expresión de «junto a… estamos haciendo algo», o simplemente para graficar el resumen de alguna reunión con distintos sectores. Nada más.
Porque el resultado de las gobernanzas se manifiestan en las voces y apoyos o desacuerdos a determinadas iniciativas. Aquí, el resultado hasta el momento es de casi silencio de funcionarios, cámaras, asociaciones y actores del turismo de la provincia como de las localidades cercanas.
Para ejemplificar, en una nota periodística el actual director de Turismo de Wanda había expresado que «nos estamos posicionando junto a Puerto Esperanza y Puerto Libertad en lo que denominamos la zona precataratas». Ninguno de sus pares expresó opinión alguna; tampoco el municipio de Puerto Iguazú, donde existe la tasa ecoturística desde 2015, ni la provincia, que acaba de implementar una tasa turística desde este año 2026, pero solo para extranjeros.
En la misma línea, hay un video de una reunión entre la propietaria de la Compañía Minera y dirigentes provinciales del partido La Libertad Avanza con un título «Rechazo empresarial a la tasa ecoturística», pero es una legítima reunión con un partido, no con empresarios del turismo.
Finalmente, la gobernanza: una palabra con múltiples definiciones y poca practicabilidad operativa y política.
El conflicto en medios y redes sociales
En tiempos de redes sociales, viralizaciones de posteos y posturas ideológicas neoliberales, discurren con mayor énfasis o no algunos temas que destacan por los tintes de interés mediático. No obstante, el tratamiento y referencias para las otras tasas turísticas (Puerto Iguazú y Misiones) ha sido totalmente diferente en la visibilidad que le dieron los medios. Pero además, con una desconsideración y falta de respeto en la información transmitida.
Es cierto que en el caso de la tasa turística aplicada recientemente por la provincia de Misiones, que está destinada a los turistas extranjeros, hubiera podido trascender desacuerdos de carácter ideológico o de interpretación, y no fue así. Hubo, digamos, una matriz de información. Nadie expresó nada.
Por otro lado, haciendo memoria, durante el tratamiento de la ordenanza que instauró en Puerto Iguazú la tasa ecoturística en 2015, tuvo más bien repercusiones locales, centrada casi exclusivamente en Puerto Iguazú, y centralizada en el Concejo Deliberante. Claro, no eran los mismos tiempos de redes sociales que ahora, pero nunca salieron del ámbito local.
Y en esta oportunidad, realizando un paneo por diferentes medios y redes sociales, vemos en los titulares o textos sobresaltados oraciones alarmistas y donde en ocasiones se toma posición, no se describe necesariamente. A continuación, algunos ejemplos:
«Crece la tensión»; «Polémica en Wanda. La tasa genera quejas y preocupación»; «Escándalo en Misiones: un colectivo de turistas se retiró de Wanda por la ecotasa»; «(…) advierte que estas medidas funcionan como un ‘manual para espantar turistas’, afectando directamente al comercio y la hotelería local»; «Una señora pidió que le devuelvan el dinero porque viajó 2.000 km embarazada para conocer las minas… y se encontró todo cerrado»; «Otra guía, que trae gente de La Rioja, Catamarca, Tucumán y Santiago, anunció que saca Wanda del itinerario: no va a cobrarle a un pasajero que ni siquiera entra a la mina»; «Empresas enteras ya están avisando que dejarán de venir por una tasa ‘inviable y abusiva'»; «Te encontrás con un peaje trucho, minas cerradas y maltrato por una tasa ilegal», y otros etcéteras.
Ahora, después de mirar decenas de videos, posteos en redes sociales y programas de streaming sobre esta discusión, lo que prima es una falta de respeto de los (in)comunicadores, desconocimiento absoluto de la actividad y una falta de ética, por ejemplo desinformando cuando anunciaron que las minas cerrarían temporalmente —cuando nunca lo hicieron—, o tal cuando titularon «Una señora pidió que le devuelvan el dinero porque viajó 2.000 km embarazada para conocer las minas… y se encontró todo cerrado»: sería el primer caso que viajaste esos kilómetros, y estás a 40 km de Cataratas y decís que viajaste para ver las minas. Y algunos de esos medios quisieron o quieren asumir un rol de actores militantes sin reparar en su deber principal de informar.
Por ello, toda esta trama debe llevarnos a preguntarnos: ¿qué estamos escuchando, qué estamos consumiendo? Pero es otro tema.
Comentarios y algunas enseñanzas finales
En primer lugar, que desde hace unos años el establecimiento de «tasas turísticas» es un recurso bastante usual en el mundo, por diferentes motivos, pero básicamente para limitar la sobresaturación de turistas, o justamente para promover las infraestructuras y los servicios en el territorio en beneficio del sector privado. Y no es, como leí en algunas reflexiones objetivas, que hace falta más creatividad y menos tasas. Se necesitan presupuestos; después se verá si lo hacemos mejor o peor. Para un primer comentario, la tasa ecoturística en Colonia Wanda es válida, legal y legítima.
Los desacuerdos a partir de la implementación de la Ordenanza 22/2025 se personalizaron en dos mujeres, representantes del sector público y del sector privado respectivamente, que concentran en sí todo el proceso, que en forma legítima defienden sus intereses. Los demás actores son secundarios. Solo releer las noticias y redes sociales. Es una confrontación de liderazgos, más que de ideologías, aunque esta cuenta.
Las apuestas y posiciones de cada una de las representantes del sector público y del sector privado son claras, y están totalmente justificadas: por un lado, la necesidad de obtener recursos que no se tienen, para asignarlos al municipio; y por el otro lado, el sector privado, mediante las empresas mineras, exponiendo el rol que desempeñan en la actualidad en cuanto a dar empleo, diversificarse a otras actividades como el turismo —por ejemplo, realizaron inversiones— y además de ponerse en alerta cuando entienden que los márgenes de rentabilidad están en peligro, en un contexto de actual recesión y disminución del turismo. Ahora corresponde buscar consensos que no impliquen claudicar o seguir negando realidades, y pensar ya no solo en el «producto turístico minas» —que es el más importante—, sino ampliar la mirada, por qué no, a Wanda como un «pueblo destino» que pueda recordarse como memorable.
La sanción e implementación de la ordenanza denota tal vez un conocimiento del sector turístico algo fragmentado, la escasez de diálogos ampliados y una gran dificultad en las estrategias de comunicación para anteponerse a los efectos que ya conocemos del proceso. Pero esto no la hace ni ilegal ni ilegítima.
Una medida diferente para el cálculo de la tasa turística y una mirada integral en la comunicación es probable que hubiera generado tensiones más atenuadas. A saber:
La determinación de la unidad fiscal y del medio de transporte para calcular la tasa es el principal error. ¿Por qué? Justamente porque su percepción es ambivalente: hace referencia al turista individual, pero también a las empresas que realizan los tours. Lo óptimo y más sencillo era establecer la tasa por turista, y con un monto fijo. El inconveniente es que al referirse a un vehículo de un tour, al querer efectivizar el cobro, inmediatamente se relaciona con la empresa y no con el turista. En videos se oye cómo los choferes preguntan «¿por qué tengo que pagar?», asumiendo el rol de empresa y no de turista.
Estrategia de comunicación: la primera confusión es confundir los términos «comunicación» con «información». Mientras la información es sencillamente «enterar o dar noticia de algo», el comunicar, en cambio, busca la comprensión, interacción y conexión y retroalimentación para asegurar que el mensaje fue entendido.
La ausencia de una estrategia de comunicación se visibiliza en la falta de gestión para que el mensaje del cobro de la tasa esté presente en webs y redes de turismo del municipio y la provincia.
Las graves dificultades para comunicar y anticipar la medida a las empresas de tour que regularmente ofrecen en sus paquetes el ingreso a Wanda se reflejan en el relevamiento no realizado de dichas empresas, o más cercano aún, en una simple visita a las empresas receptivas de Puerto Iguazú, e incluso de Posadas.
Anticiparse al ruido que podía significar el inicio del cobro, desde el área de turismo tal vez se hubiera podido profundizar reuniones con aquellos trabajadores que dependen indirectamente del ingreso de esos turistas.
Un ejemplo de cómo comunicar: recientemente, un operador turístico de la localidad de Bonito, en Brasil, envió este mensaje a una agencia de Argentina: «¡Importante! El impuesto de Conservación Ambiental (TCA) para Bonito no está incluido en esta propuesta. El costo es de R$15,00 por día por persona. Es necesario pagar para emitir los cupones que le permitirán acceder a las atracciones. Espero comentarios». Y la tasa se paga en el Ayuntamiento.
Los tour operadores aparecen como actores importantes, puesto que son las empresas fuera de Colonia Wanda que han incorporado en sus paquetes a alguna de las «minas de piedras semipreciosas de Wanda» (como suelen aparecer en los folletos) y traen turistas. Muchos videos los muestran reacios a pagar la tasa, con promesas de no regresar más y expresando de mal modo su desacuerdo con diferentes palabras, ante la sorpresa de una medida que no conocían (beneficio de la duda). Bien, las reacciones corresponden a choferes y coordinadores, no a propietarios. Todo ello no pasará: seguirán viniendo, seguirán trayendo turistas y la tasa turística (es, como mucho, un 10% del ingreso a las minas) será trasladada en el paquete al turista. Para la empresa es una parada distinta, más bien productiva, y para los coordinadores, una plaza comisionable importante.
Ahora bien, este incidente produjo tensiones en el entramado político, social y turístico del municipio de Colonia Wanda. Tensiones que deberán llevar necesariamente a acuerdos y consensos de carácter participativo, ya no exclusivamente con el producto «minas de Wanda», sino con el sector turístico general, aunque no tenga un gran volumen, pero sin desconocer la centralidad de las empresas mineras en la actividad turística del municipio. E incorporar una oferta más compacta con los municipios vecinos que no se hallan en la racionalidad turística de Puerto Iguazú.
Conclusión
Desde los 50, el turismo se inserta en las lógicas de acumulación capitalista y, como tal, sujeto a contradicciones y por supuesto a conflictos. En la actualidad, en un contexto neoliberal donde incluso la geopolítica y el avance de las ideologías de derecha no solo niegan ciertas verdades como el cambio climático y el multilateralismo, es más que lógico que las tensiones y conflictos propios del sector se trasladan a las arenas políticas del turismo a partir de las retóricas, los discursos y las respuestas que se proponen. Por ello, cualquier disputa por aplicar impuestos al sector no es solo un intercambio de opiniones o simples actos de voluntarismo. En definitiva, están en juego los procesos de acumulación del actual capitalismo, donde el rol del Estado lo quieren limitar simplemente a seguir siendo simple garante de la actividad, sin ninguna intervención en el territorio.
