“Tiene pinta y siempre le digo que el voto bombacha lo tiene asegurado”.  Lo dijo públicamente  y en el comité provincia, Cacho Barrios Arrechea para justificar su decisión de sostener la candidatura de Gustavo González.  El juicio remite a una cultura machista de descalificación de las mujeres y al mismo tiempo al electorado como mercado de consumo

La vorágine de fin de año dejó pasar un concepto, diríamos retrógrado, de Cacho Barrios Arrechea. Tanto en declaraciones a Misiones Online como en el seno del comité provincia de la UCR, defendió la candidatura de Gustavo González porque “tiene pinta y tiene asegurado el voto bombacha”.  Justificó de ese modo su decisión de bajar a Luis Pastori que después del 2013 logró posicionarse como el ucerreísta más conocido en la provincia. Es cierto que no dijo que es panzón, viejo y pelado, pero lo concreto es que destruyó la construcción mediática, no sólo de Pastori, sino de todo el partido que hubo de mostrar su vigencia desde la labor parlamentaria del contador. Los que conocen las mañas del ex gobernador sospechan que celó del liderazgo que estaba construyendo y que más temprano que tarde lo iba a desplazar del centro de la escena que, todavía hoy preserva. Más allá de estas cuestiones de la personalidad del dirigente, lo central pasa por la falta de argumentos. No hay en su discurso sustancia radical. No aparecen convicciones ni referencias doctrinarias. Ganado por el discurso hegemónico su única preocupación hoy es ganarle al kirchnerismo y a la renovación.  Se suma a la prédica de formar alianzas con quién sea. No es ni la sombra del gobernador que fue cuando con coraje enfrentó a las corporaciones de todo tipo. Se advierte en él una involución parecida a la de muchos, y vale la comparación por emblemática, la que muestra Vargas Llosa, financiado por las fundaciones liberales.

La antipolítica: Volviendo a lo que implica la apelación al “voto bombacha”, Barrios Arrechea desnuda su perfil cultural. Políticamente, se asoma a los 90 en forma tardía. Instalar la “pinta” del candidato como oferta electoral constituye un desliz de la antipolítica que hace eje en el marketing. Demuestra que descree de las ideas y de los sueños como movilizadores del voto. La técnica del marketing considera al electorado como un mercado de consumo.  Lo efímero se vuelve la norma. ¿Cuánto dura la felicidad que genera la adquisición de un bien? Nada que ver con la política como expresión del pueblo para realizar la soberanía.

El voto bombacha: Creer que las mujeres no tienen racionalidad en el voto es una vieja convicción del machismo que ganó durante largas décadas a los partidos políticos. Era un resabio enquistado en la UCR.  Pero dejemos a las propias mujeres la defensa.  Apelamos para ello a una carta escrita en octubre del 2011 por Valeria Giménez, de Salta, dirigida al director del diario Intransigente que, para diluir el sentido del pronunciamiento popular del 2011 en esa provincia, apeló a la figura del voto bombacha.  Leemos:

Sr. Director: La palabra Indignación no alcanza siquiera a describir lo que siento, no sólo por ser mujer, sino por el simple hecho de ser un ser humano pensante, cada vez que escucho o leo en el diario , que Usted dirige..la calificación de “voto bombacha” para referirse a las elecciones ganadas por el Gobernador Juan Manuel Urtubey.

Esta expresión, poco original y pensada seguramente por un hombre, descalifica y reduce cualquier elaboración intelectual que una mujer pudiera tener. Pues, ha de saber, Sr. Director que tal prenda íntima sugiere no sólo una ofensa a las posibilidades de elaboración y análisis de las mujeres, sino que además reduce pobremente su derecho cívico heroicamente conquistado en 1947.

Usarnos como excusa porque simplemente salió elegido un candidato que no era de su agrado, es lamentable y pobre. No quiero pensar que está sugiriendo con esta expresión desafortunada donde se encuentra el cerebro de las mujeres. Lo que me lleva a plantearme que en realidad de lo que Usted realmente quiere hablar es del “voto calificado”, cosa que estremece de solo pensarlo.

Sabrá el Sr. Director y quien sea el responsable de tal término instaurado por su medio en el vocabulario popular, que han sido precisamente las mujeres quienes han definido los grandes procesos electorales en la historia cuando los hombres se habían corrompido y entregado al libertinaje de las concesiones y las prebendas.

La expresión “Voto Bombacha” contribuye además a profundizar la discriminación cuando pincela un cuadro de absoluta devoción física hacia Urtubey privada de toda valoración sobre modos, formas y capacidades de ejercitar el poder.

Quede también claro en defensa de las mujeres tan atropelladas en ese desvergonzado escrito que somos capaces de valorar las acciones y la trayectoria del hombre Juan Manuel Urtubey al que reconocemos su mando, representado en su bastón, al que vemos tal cual es la representación del poder y de ninguna manera un símbolo fálico acariciado por las manos de un Adonis.

Quieran reaccionar las mujeres con el ímpetu que la hora requiere, porque ha sido mancillada nuestra virtud y femeneidad al posicionarnos como simples objetos de tono sexual, pues si “Voto Bombacha” es una metáfora de la capacidad para elegir, están correlativamente sugiriendo que nuestras partes pudendas asemejan urnas donde depositar “la voluntad” masculina.

Para colmo, el “Voto Bombacha” ha dejado de ser una chanza para la platea femenina local (de Salta) y ha alcanzado proyección nacional posicionando a Salta como una provincia donde las mujeres votan en estado de excitación y no de reflexión.

Nada más alejado de la realidad, Sr. Director; las mujeres sabemos y votamos lo que queremos, y que quede claro, mientras pienso representar a la mayoría de las salteñas. Si Juan Manuel Urtubey es Gobernador, se debe a sus méritos políticos, a su trayectoria, a sus propuestas y a la capacidad demostrada durante estos años de mandato.

 Valeria Giménez. Barrio Castañares-Salta