La adhesión  de las oposiciones a la marcha organizada por fiscales y Clarín no hace más que acentuar la crisis de representación.  Debería servir la experiencia del 2006 cuando se delegó funciones a un obispo. Nunca se recuperaron liderazgos ante la sociedad

La marcha convocada por fiscales de la corporación judicial fue copada por Clarín, que logró convertirla en un acto político. Y desde lo político y  desde Misiones hay que analizarla.

El pobre Nisman fue nada más que un disparador utilizado por la “famiglia” judicial para dar batalla en oposición a los cambios que se resumen como “la democratización de la Justicia” y utilizada por las corporaciones del establishment para debilitar la toma de decisiones de la presidenta al tiempo de minar su popularidad. La AMIA, el atentado y sus verdaderos encubridores, quedaron totalmente de costado, lo que se sabía de movida ya que los organizadores fueron precisamente  protagonistas del encubrimiento en función a la estrategia geopolítica de Washington y responsables del proceso judicial que en 20 años no descubrió nada.

La marcha y sus días previos dejaron al desnudo la existencia de combates al interior del Poder Judicial, fundamentalmente en el orden federal penal.  Los cruces entre fiscales y jueces abundaron y  son explícitos. Los viejos intereses se resisten a los cambios. La prensa nacional se hizo eco de este debate, aunque el ciudadano común deba obligarse a leer más de una fuente para enterarse y correrse de las operaciones.

Lo que interesa entonces es centrar el análisis en las repercusiones políticas que tuvo la marcha en Misiones. ¿Modifica el escenario?

Ante todo, la gente que acompañó no se dio por enterada de los entuertos al interior del fuero federal. Se movilizó por la sencilla razón que es antikirchnerista.  Es la prédica de Clarín y sus satélites la que logró convertir la marcha en esencialmente política. Ayudaron los referentes de las oposiciones al alimentar con su sola presencia esa sintonía. Los cinco fiscales agradecidos aunque estén en otra. Salieron recargados con tanto apoyo para pelear adentro con las reformas que le quitan poder omnímodo.

La tarea de Clarín ahora es juntarlos a todos: a Macri, Massa, Carrió, Sanz, Cobos, Ricardito, Binner, Solanas, Stolbizer, Donda, Moyano, Barrionuevo, Pando. Y polariza. Impone una visión binaria de la realidad. Paradojalmente el kirchnerismo no rehúye el desafío. Lo potencia. Horas antes de la marcha y en el marco del acto de puesta en funcionamiento a pleno de la tercera central nuclear de la Argentina, por cadena nacional, Cristina Kirchner envió un mensaje electoral contundente: «en el 2015 tenemos que garantizar que quien conduzca este Estado argentino tenga las mismas ideas», había advertido que en este mundo de intereses y en alusión a los Estados Unidos, pretenden subordinar países  pero “se enfrentan con gobiernos como este que no permite que nadie les marque la cancha».

Clarín cree que gana si polariza. El kirchnerismo también.  Por eso es interesante descubrir quiénes, del amplio campo no kirchneristas, no fueron a la marcha porque eventualmente son los que no se dejan atrapar en el planteo dicotómico. La CTA de Michelli, puede marcar desde esa perspectiva  una tercera vía. Los diputados De Genaro y Lozano, incluso asistieron al debate en el Congreso por la creación de la Agencia que sustituirá a la ex SIDE.

El domingo 15, Horacio Verbitsky  reflexionaba que “si el gobierno no corre a modificar sus políticas como con las leyes Blumberg, si mantiene la calma, como hizo en los últimos cacerolazos y paros sindicales, al apogeo que se alcance el miércoles (18F) le seguirá el ocaso que siempre sucede en ausencia de una organización capaz de capitalizar esa energía en una opción política.

Es lo que remite a las vivencias de la democracia misionera. Los candidatos nacionales de hoy marchando detrás de cinco fiscales se asemejan a lo vivido en 2006 por la dirigencia que se juntó al amparo del obispo Piña. Ninguno pudo integrar la lista que encumbró al prelado en la presidencia de la Convención Constituyente. Fueron impugnados por Piña con la lógica de la antipolítica. La misma impresión dieron los “presidenciables” escondidos debajo de sus paraguas y rodeados disimuladamente por la guarida pretoriana de militantes mientras la gente aplaudía a los cinco fiscales entronados en el palco.

Recodar el piñazo del 2006 es entender la crisis de los liderazgos que todavía hoy afecta a los partidos tradicionales de Misiones. El 2006 alumbró el 2007 y sembró el 2011. La Renovación perdió el plebiscito, pero salió reforzada en su lucha identitaria por el misionerismo y en la consolidación de un rumbo que, integra la política con la lucha cultural.  Es la base del resultado electoral de 2007 cuando los misioneros respaldaron al movimiento político que sintieron propio en contra de la irrupción de Buenos Aries. La diáspora en el ucerreísmo y el pejotismo conservador explica también la  aparición de fuerzas nuevas, de signo ideológico puede que opuestos, pero de raíces misioneras. Los partidos de Bárbaro y de Wipplinger son productos de esa crisis de representación de los partidos tradicionales. El puertismo y el ucerreísmo convocaron el miércoles 18 a la plaza. No hacen más que acentuar la crisis de identidad. Ayer bajo una sotana, hoy de una toga.