La decisión ucerreísta tomada en Gualeguaychú de colgarse de la candidatura presidencial de Macri pone sobre la superficie la profunda crisis de identidad por la que atraviesa el radicalismo. El escenario posible y probable de la oferta electoral de octubre, que no tendrá un candidato de la UCR, avala la hipótesis de fin de ciclo para una forma de hacer política propia de la partidocracia. La crisis remite a las vivencias al interior del justicialismo que en las elecciones del 2003 presentó tres candidatos. “El PJ es una cáscara vacía” fue toda una definición de época ya que las tensiones de proyectos e interpretaciones sobre la identidad y la significación del partido de Perón se resolvían en luchas fuera de la organización. Los conflictos de entonces remiten a los conflictos que atraviesa hoy el partido de Yrigoyen. Se puede decir, entonces, que la UCR es una cáscara vacía.  Pero así como el peronismo, el alma del movimiento popular que irrumpió en escena el 17 de octubre encontró otros cauces de expresión, como en la Renovación en Misiones y el kirchnerismo en el orden nacional, el radicalismo hoy,  que está en proceso de diáspora, empieza la construcción de espacios de expresión más afines para mantener expresiones como la de Stolbizer, Moreau  y entre tantos otros el diputado por Buenos Aires, Eduardo Santín que conformó un bloque propio en el Congreso nacional en contra de la alianza con el macrismo.  

¿PARA QUÉ EXISTEN LOS PARTIDOS POLÍTICOS?: En este contexto, el conocido analista Edgardo Mocca formula un interrogante, diríamos existencial, que abre un abordaje mucho más profundo sobre la decisión mayoritaria del ucerreísmo de colgarse de la candidatura de Macri.  Lleva al extremo la posibilidad altamente improbable de que Sanz le gane las PASO a Macri para decretar desde una mirada positiva la muerte de la significación popular y democrática de la UCR. Desde su columna en 678, consideró que “lo que está pasando en el radicalismo produce un interrogante muy fuerte sobre qué es un partido político. He leído cosas escritas por gente que se formó en la carrera de ciencias políticas, que rezan más o menos así: hay un Gobierno peronista, tiene que haber una oposición fuerte y la oposición del peronismo fuerte siempre fue la UCR. Entonces, lejos de ser una desaparición  de la UCR es una puesta en escena de una lógica bipartidista donde el radicalismo puede jugar el papel de alternancia. En toda esta gárgara, uno la pregunta que se hace es ¿para qué existen los partidos políticos? Si para ganarle al contrario, tengo que descompaginar una historia. Un partido que nació para derrotar el orden conservador. Supongamos que esa lógica tuviera éxito, que el radicalismo ganara, ganara la interna y todo lo que se puede ganar. Sería el nuevo partido de la derecha. Un partido que nació para cerrar el capítulo del orden conservador, nació antes de la Ley Sáenz Peña y aprovechó la oportunidad creada para instalar un nuevo paradigma  de la política, un paradigma incorporador, el paradigma que fue de alguna manera el antecedente de lo que después fue el peronismo de los años 40. Si ese partido considera que hoy, un triunfo, lo valida  por el hecho de ser triunfo negando toda su historia. La pregunta es ¿para qué hacemos partidos políticos?”