La alianza del ucerreísmo misionero con el PRO es una decisión tomada. No aquí, en Misiones, sino en los comandos electorales de Buenos Aires. Es la línea que bajó Emilio Monzó, el operador y armador del macrismo ya desde 2007, lo que deja en claro su gravitación al interior del PRO aunque tenga una internilla nada menos que con el asesor de imagen, Durán Barba. Mientras Monzó –que fue funcionario de Ruckauf y de Scioli- no tiene límites en la construcción de alianzas, el ecuatoriano es un purista que rechaza a toda la dirigencia asociada a los partidos tradicionales que desde 2001 vienen aquejados por la crisis de representación.
Monzó, como muchos porteños desconoce las realidades locales, pero no se inquieta. Su interés, en este caso, es sumarle expectativas de votos a Mauricio Macri. Nada más. Pero no puede pedirle milagros a la dirigencia local que debe encausar su bajada de línea. Misiones no es la CABA. Lidiar con el ucerreísmo de la Capital, diluido a una mínima expresión, no es lo mismo que negociar con el misionero que viene agrandado por el resultado electoral de 2013. Es cierto que Macri mide en Misiones y garantiza el arrastre de las candidaturas locales y es cierto que Sanz no existe, pero no alcanza para sentarse a la mesa en igualdad de condiciones. Les sacan chapa con los votos, la estructura y la historia. La UCR no negocia el candidato a gobernador, ni la lista de candidatos a diputados provinciales ya que se expondría a poner nuevamente en el centro de la escena su crisis interna. Con el cínico sacrificio de la Vice no engaña a nadie. Se sabe que Luis Pastori desea, pretende y sueña con bajarse para postularse en Posadas, convertirse en el radical más votado y posicionarse así para el Senado en 2017. Entonces, el único negocio del PRO al hacer la alianza es asegurar la consagración de un diputado nacional ya que este año Misiones renueva cuatro bancas en el Congreso. Pero es el espacio que se fue construyendo con paciencia en los últimos años de gestión Hernán Damiani. Y no está dispuesto a bajarse aunque el operador aliancista Cacho Barrios, antes de su viaje anual a España, en su característica actitud animémonos y vayan, le sugirió correrse al Parlamento del Mercosur. Es un riesgo impensado para Damiani. Allí es sólo a ganador. ¿Habrá alianza entonces? ¿O finalmente la UCR será una mera colectora de Macri?