La producción de maderas y muebles cayó más del 10% en el año, según informe de Came. Para Misiones es un dato contundente. “No sabemos para dónde disparar” admite Gruber de Amayadap. Parecen agotados los reclamos por parches. Desde la UIA se denuncia la falta de política industrial estratégicamente articulada a un plan de desarrollo. Como se dijo en el Congreso “a la Argentina le sigue faltando un acuerdo estratégico entre el capital, el trabajo y la política, para sostener un proyecto de desarrollo sustentable”. Mientras sigan dándole manija a la grieta, será imposible.

Posadas (Lunes, 25 de noviembre) La producción de maderas y muebles cayó más del 10% en un año casi el doble de la caída general de la industria pymes, de acuerdo con la Encuesta Industrial Mensual de CAME, difundida ayer domingo y que publicamos hoy en nota aparte.
Un día antes, el presidente de la Asociación Maderera Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap), Cristian Gruber, señalaba con prudencia que el sector tuvo la mirada del Gobierno nacional que buscó promover las exportaciones. “Pero -admitió- lo que se observó es que la cosa le quedó grande al Gobierno como, ser la cuestión monetaria. Y, por tal motivo se produjeron los desbalances que ya conocemos”. Para Gruber el Gobierno nacional debería hacer algunos cambios; “como por ejemplo en el tema de las retenciones porque al fin que se acomodó para el sector un poco, la aplicación de ese impuesto nos representa el 14% sobre el valor de la madera, esto es confiscatorio porque en principio iba a ser el 12% pero sobre el valor que le queda al sector en planta después de 1050 dólares de flete terrestre y unos 1900 dólares de gastos de aduana, despachante y otros. Reitero suman el 14 %. Es mucho dinero que el Estado Nacional se lleva en forma directa, porcentaje al que se le debe sumar Impuesto a las Ganancias y otros impuestos”. Gruber articula la queja por la presión impositiva en función del contexto geográfico ya que observa que “si nos comparamos con empresas madereras brasileñas lograron subir escalas y conquistar mercados y, esto les permitió ser cuatro veces más grandes que las Pymes argentinas. En la Argentina si uno no pone los huevos en varias canastas no sale adelante. El gran problema de la Argentina es no poder competir con otros países”.
Las observaciones críticas del presidente de Amayadap, más allá de los impuestos, apuntan a los desequilibrios macroeconómicos cuando sostiene que se produjeron desbalances por la cuestión monetaria. Es el mismo diagnóstico que se hizo en la sede de Came la semana pasada en un encuentro entre diputados y senadores nacionales y pequeños y medianos empresarios del NOA para abordar problemáticas que aquejan a la región. “Muchos ven al país como uno solo, pero nosotros no lo vemos así. Las regiones de nuestro país son diversas y tienen diferentes problemáticas”, expresó entonces Gerardo Díaz Beltrán, el misionero que preside la Confederación. En la reunión se puso a consideración un informe que revela que la suma del el Producto Bruto del NOA, NEA, Cuyo y Patagonia no llega al 20% de la riqueza nacional frente a un 80% que se lleva el centro del país.
La semana pasada, la Unión Industrial Argentina informó que en septiembre la actividad industrial había caído 3,8%respecto de agosto y 7,7% en relación a septiembre del año pasado, mes en el que no se había conseguido recuperar la caída acumulada de 2016. El Centro de Estudios de la central empresaria observó que “hicimos una apertura comercial en un momento en el que Brasil estaba en caída y con China presionando para ingresar al mercado local, esto dejó a muchos con serios problemas para poder vender en el mercado interno. Porque nadie va a vender a pérdida. Cuando los costos de un productor superan los precios de su competidor, no puede vender”. El director del Centro, Pablo Dragún, afirmó que si bien hay inversiones en áreas claves como Vaca Muerta, en los otros sectores “la situación es más incierta y es compleja desde el lado del ajuste de la demanda. La mayoría de las industrias le venden al mercado interno y sin demanda no tienen a quién venderle, amén obviamente del estiramiento de la cadena de pagos, de las altas tasas de interés y de otras dificultades que tienen para mantenerse en el tiempo. Entiendo la coyuntura de maximizar la cuestión fiscal del Estado, pero creo que a veces deberíamos tener una visión estratégica y pensar en el largo plazo… Lamentablemente me parece que le pasa también a este gobierno como a todos es que esta coyuntura de la política hace que nadie tenga esa visión estratégica de país más allá de la próxima elección.
Esta falta de proyecto industrial está en la base del enojo del vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, que preside la central en Santa Fe donde las pymes industriales tienen un despliegue por todo el territorio provincial. Los medios se quedaron con el exabrupto: “si la sociedad quiere suicidarse seguirá con este modelo económico”. Pero en su exposición abundó en datos y consideraciones para contraponer modelos de crecimiento y lo que sí marcó con énfasis en que la Alianza Cambiemos tiene un modelo que “no solo no contempla al sector industrial sino también a muchos sectores de la sociedad que quedan afuera”. En su llamado a los pares empresarios hace hincapié en tomar decisiones no en función del “fanatismo ideológico”. Es decir denuncia los efectos psicológicos de la grieta como estrategia electoral.
Falta un acuerdo nacional para el desarrollo
El repaso de las observaciones que vienen formulando desde la dirigencia empresaria industrial se resume en lo que dice la UIA: falta una visión estratégica de desarrollo que armonice sectores y regiones. No es un debate nuevo en la Argentina. Recurrente. Producto quizá del péndulo entre gobiernos populares que llegan con tierra arrasada y por eso se quedan en la prioridad de distribuir la riqueza y los gobiernos neoliberales, desreguladores que llegan con una economía inviable por las restricciones externas. Atrapados en la corto plazo, el proyecto de país queda apenas insinuado en los discursos ya que para los cambios estructurales nunca hay tiempo.
Vale en este sentido rescatar conceptos de Mercedes Marcó del Pont, que fue presidente del BCRA en el gobierno de CFK. En declaraciones a Visión Desarrollista, cuando le preguntan qué criticaría del ciclo kirchnerista, no dudó en responder no se logró transformar el patrón de especialización productiva. Las brechas de productividad entre sectores no se redujeron y tampoco los coeficientes de importación del sector industrial, lo que condujo a una acentuación del desequilibrio de divisas de esta actividad. Tal circunstancia quedó en evidencia cuando, a partir de 2011, se produjo una inflexión en los precios internacionales de las materias primas. El déficit energético también se manifestó como una importante fuente de restricción externa. ¿Qué faltó? “Creo que faltó el plan de desarrollo. Se dio una política que fue en contra de la acumulación financiera, claramente, que privilegió el mercado interno, que promovió mucho el crecimiento de la industria, pero no hubo una política activa para generar el cambio de la especialización de forma más estructural. Tal experiencia enseña la plena vigencia de la necesidad de planificar el desarrollo”. Por supuesto que estos conceptos no invalidan la defensa que hace la economista de la etapa del kirchnerismo sonde hubo un significativo crecimiento de la industria.
La mirada desde la política
Pero no es sólo la dirigencia sectorial la que está señalando la falta de una política industrial y más ampliamente un plan de desarrollo.
Repasando la riqueza del debate en el Congreso por el Presupuesto, rescatamos algunos párrafos dedicados a subrayar la falta de rumbo de las políticas económicas argentinas.
Marcos Lavagna destacó, evidentemente dentro del contexto del debate: que “…en la Argentina hace falta llevar a cabo una discusión acerca de cuál tiene que ser el esquema de crecimiento y desarrollo. Durante el debate solo se oye hablar de la posibilidad de hacer un ajuste aquí o allá; solamente se escucha la palabra “ajuste” en lugar de “crecimiento” o “desarrollo”. No se aprecia el debate que debería tener lugar en la Argentina en cuanto a la forma en que tiene que distribuirse la renta, a fin de que una sociedad tan desigual como la que tenemos comience a recibir claros incentivos y combatir la inequidad social existente. En otras palabras, tenemos que ver cómo distribuimos nuestras riquezas y brindamos señales al sector privado para que genere puestos de trabajo, invierta, innove y produzca valor agregado en sus exportaciones.
José de Mendiguren, que tiene también representación industrial abundó también en el desafío de la Argentina. Aseguró que “lo que va a terminar con el déficit fiscal, es crecer con valor agregado, con redistribución del ingreso y con mercado interno. Es cierto que también se puede crecer aumentando la pobreza; también se puede crecer expulsando empleo. No es el crecimiento que nosotros pretendemos y que podemos hoy debatir aquí. ¿Dónde está la cuestión? El mundo nos quiere –y todos lo sabemos- como proveedores de materias primas y de recursos naturales. No quiere que le transformemos ni un grano de trigo en la Argentina. No quiere que hagamos un litro de biocombustible. Eso se lo reservan para ellos. Esa fue la guerra de toda la vida en el mundo. Esa fue la Guerra de Secesión en los Estados Unidos. Allá ganó el Norte y acá ganó el Sur. Ese es el debate de fondo. Quiero decir que ni siquiera tenemos que retroceder mucho en la historia para comprobarlo. Acá tenemos que discutir la renta. ¿Cómo que no hay renta? ¡Miren la fuga de capitales que existe! ¡Miren la tasa de interés que esta economía permitió pagar! La renta está; el problema es quién la tiene.
Quizá el más claro y categórico fue el socialista santafecino, Luis Contigiani. Dijo: “…debemos buscar el último proyecto nacional de desarrollo industrial y de trabajo en la Argentina en el siglo XX, bajo tres grandes vertientes: el aporte a la civilidad democrática que hace la Unión Cívica Radical; la justicia social, el mercado interno y el modelo de sustitución de importaciones del gobierno peronista del siglo XX, y las ideas básicas y estratégicas de desarrollo e industrialización en cada rincón del país que aportan el desarrollismo. Ese fue el último gran proyecto de desarrollo nacional en la Argentina. El problema es que nos hemos detenido y no hemos sido capaces de forjar –todos somos parte de este fracaso un modelo y un proyecto de desarrollo nuevo para nuestro país.
Las economías regionales
Interesante son los conceptos vertidos también el sitio Visión Desarrollista Humberto Schiavoni  hace unos meses, que desnuda más que nada la desorientación que existe en la conducción económica nacional. Lo que dice el senador por Misiones es coherente con su formación y pensamiento frondo–frigerista. Le preguntaron ¿Cómo debe pensarse el desarrollo de las economías regionales?
“Yo –respondió- empezaría por definir una suerte de matriz insumo producto para las economías regionales, para ver qué necesita cada provincia y lograr que se abastezca con insumos propios. Así definiría las prioridades. Hay una cantidad de insumos que hoy se importan y se puede proyectar fabricarlos acá. Pero no solo tenés que proteger esos sectores, sino hacerlos invertir en la incorporación de tecnología. Que fabriquen productos que sirvan y compitan. ¿Qué hace falta para que absorban mano de obra y la gente no se vaya al conurbano? Generar inversiones en esos ejes. Hoy, por suerte, hay modelos que se pueden imitar. Cuatro o cinco empresas que pueden servir de guía. Pero tenés cinco que están en el siglo XXI y setecientas que están en el siglo XX. Hay que dar un salto tecnológico industrial.”
¿Quién debería promover esta política?
Creo que la Secretaria de Industria debería fijar prioridades y alinear los instrumentos para que estas tengan objetivos con plazos y recursos asignados. Es una tarea grande, pero que sin duda vale la pena hacer.
Evidentemente, no es rumbo del gobierno de la Alianza. Pero las experiencias desde el proceso de desindustrialización perpetrado a punta de pistola por Martínez de Hoz en 1976, no terminan de acertar en un plan de transformación estructural que sea sostenible y no caiga en las permanentes restricciones externas. Como señalaron varios representantes en el Congreso: “a la Argentina le sigue faltando un acuerdo estratégico entre el capital, el trabajo y la política, para sostener un proyecto de desarrollo sustentable”

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