Desgastada por sus propias prácticas la UCR se desdibuja dentro de la Alianza Cambiemos, doble discurso, deslizamientos éticos y nepotismo son reclamos a los que se enfrentan los partidocratas por parte de sus correligionarios. El futuro de las elecciones no se presenta alentador para el partido centenario de cara a la disputa por el poder.

Posadas (jueves, 17 de enero de 2019) La judicialización de las elecciones internas y ahora de las resoluciones de la Convención celebrada el domingo 16 constituye la expresión en la superficie de la crisis por la que atraviesa la UCR Misiones.
Sin temor a equivocarse se puede sostener que es la más profunda desde la inesperada derrota electoral de 1987, por la sencilla razón de que el partido no tiene una conducción legitimada. La paulatina pérdida de influencia del último caudillo, Ricardo Barrios Arrechea, no se resolvió institucionalmente con mayor participación democrática –tensión que existe en todos los movimientos y partidos- sino que dio lugar a la aparición de grupos enquistados en las estructuras partidarias que dirimen espacios de poder, generalmente a través de las roscas y sólo en elecciones internas cuando son forzados desde abajo por los afiliados.

El poder de las camarillas
Ya no hay alineamientos, digamos ideológicos o diferenciados por estilos. Las agrupaciones perdieron identidad y se transformaron en “camarillas” que se reparten espacios y cargos públicos. De un lado, herederos de los Verdes son aliados en las roscas Hernán Damiani y Luis Pastori. Del otro, la entente Gustavo González y Germán Bordón, que se sospechan mutuamente pero se unen por el espanto. El G 3, de los jóvenes que surgieron desde el Concejo de Posadas, como una vuelta a las fuentes con proyección a futuro, optaron por ceder y participar en el reparto de cargos y contratados.
La judicialización, que es un recurso de última instancia cuando falla la política, agrava la parálisis del partido como instrumento de mediación entre la sociedad y sus demandas concretas a un Estado que se supone debe respuestas. Transferir a los jueces la toma de decisiones es claramente un mecanismo de la anti-política. Por eso no se entiende el amparo presentado por el oficialismo partidario ante la decisión de la jueza con competencia electoral cuando en octubre pasado no sólo obligó a convocar nuevamente a elecciones internas para todos los cargos, sino que ordenó investigar a las autoridades por excederse en sus facultades y por las irregularidades perpetradas en la eliminación de las listas de la oposición para proclamar a los candidatos propios.
Frente a la presentación que hicieron las dos listas que se sintieron perjudicadas el mejor camino era la política. Convocarlos, sentarse en la misma mesa y resolver ya sea por consensos o por elecciones limpias. Se puede recordar que la explosión de votos a favor de la UCR fue en 2011 después de elecciones internas que consagraron candidatos de las cuatro listas, que después fueron electos diputados provinciales.
¿Por qué no seguir el mismo camino ahora?
¿Por qué se metieron voluntariamente en el laberinto de los tribunales?
Desde el mismo oficialismo se admite que se quería ganar tiempo y tener todavía el dedo mágico para designar candidatos. Se admite también que hay pocos lugares en la lista de diputados provinciales para 2019.
Si se repite el esquema de 2017, los lugares para la UCR en Cambiemos son el 1°, el 4° y el 5° entre los expectables. Nadie apuesta a que entre el 8° ya que las elecciones generales son muy diferentes a las de medio tiempo.

El doble discurso ya no convence
La judicialización y los duros términos volcados en las presentaciones, que aluden al doble discurso, a deslizamientos éticos y a la existencia de nepotismo, afectó a varios postulantes. Ya no tiene peso el dedo de Cacho cuando impuso a González como candidato a gobernador porque “tenía el voto bombacha asegurado”.
Además no hay caras prestigiosas dentro de las camarillas para encabezar la lista. Por eso es muy probable que acepten ceder el lugar a los jóvenes como en 2017, quiénes, según fuentes fidedignas, le ofrecerían encabezar la lista al cardiólogo Osvaldo Navarro. Su trayectoria y prestigio sería una buena carta de presentación para convencer a la conducción del PRO de mantener a un radical como primero en la lista. Es la contracara presentable de los directivos más desgastados. Los jóvenes ya no son permeables al doble discurso. Las nuevas generaciones no toleran el cinismo y la doble moral habitual en la práctica política de los “viejos”. “Careta” dicen. Cuando Pastori, escribe: “…vamos en camino de continuar tras el logro de los grandes objetivos propuestos al pueblo: combatir la pobreza, luchar contra el narcotráfico y la corrupción, y unir a los argentinos…”, la reacción de la gente común es de condena no sólo al diputado sino a toda la dirigencia política aferrada a las prácticas comiteriles. Evidentemente Pastori le habla a sus jefes sin evaluar que aún al interior de la UCR le reprochan la hipocresía.

AR – Misiones Plural

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