El abogado penalista y empresario de 47 años ganó una de las elecciones más ajustadas de la historia reciente de Colombia. Admirador de Donald Trump y cercano ideológicamente a Javier Milei, construyó en menos de un año una fuerza política propia, desplazó a la derecha tradicional y llegará a la presidencia con un discurso centrado en la seguridad, la reducción del Estado y el libre mercado. Su triunfo reconfigura el mapa político sudamericano y abre una etapa de fuerte disputa institucional en un país atravesado por la violencia, la polarización y las dificultades económicas.

Lunes 22 de junio de 2026. La elección presidencial colombiana de 2026 dejó una de las definiciones más estrechas desde la instauración de la segunda vuelta electoral en ese país. Con más del 99% de las mesas contabilizadas, Abelardo de la Espriella se impuso sobre Iván Cepeda por menos de un punto porcentual y se convirtió en el presidente electo que sucederá a Gustavo Petro a partir del 7 de agosto.
La victoria del abogado y empresario cordobés representa mucho más que un cambio de gobierno. Para numerosos analistas internacionales constituye la consolidación de una nueva ola conservadora en América Latina, que en los últimos años llevó al poder a dirigentes de centroderecha y derecha en varios países de la región, desplazando a la llamada «marea rosa» que dominó buena parte del escenario político latinoamericano durante las dos décadas anteriores.
Abelardo Gabriel de la Espriella Otero nació en Bogotá el 31 de julio de 1978, aunque desarrolló gran parte de su vida en Montería, capital del departamento de Córdoba. Abogado penalista de profesión, construyó una importante fortuna mediante su estudio jurídico y durante años fue una figura habitual en los medios colombianos por su participación en casos de alta exposición pública.
Su nombre estuvo vinculado a la defensa de empresarios, dirigentes políticos y figuras controvertidas, entre ellos el empresario venezolano Alex Saab y el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez. Esa exposición mediática le permitió construir una imagen pública que luego trasladó a la política.
Hasta hace poco más de un año no había ocupado cargos electivos ni ejercido funciones de gobierno. A finales de 2024 y durante 2025 comenzó a organizar el movimiento Defensores de la Patria, una estructura política construida alrededor de su figura y presentada como una alternativa a los partidos tradicionales.
Su irrupción fue veloz. En la primera vuelta presidencial del 31 de mayo obtuvo cerca del 44% de los votos y superó a Iván Cepeda, candidato respaldado por el oficialismo de Petro. Tres semanas después consolidó esa ventaja en el balotaje y alcanzó la presidencia.

El «Tigre» y la construcción de un outsider
Durante la campaña, De la Espriella cultivó deliberadamente una imagen de outsider. Se presentó como un dirigente ajeno a la política tradicional, sin compromisos con las élites partidarias y con capacidad para gestionar el Estado con criterios empresariales.
Su símbolo fue el «Tigre», una figura que utilizó para representar firmeza frente a la delincuencia, el narcotráfico y los grupos armados ilegales. La estrategia combinó una intensa actividad en redes sociales, una presencia permanente en medios de comunicación y un discurso orientado a captar el malestar de sectores desencantados con el gobierno de Petro.
La inseguridad, el crecimiento de economías ilegales, la persistencia del narcotráfico y la percepción de deterioro económico fueron algunos de los ejes que impulsaron su candidatura. Reuters señala que gran parte del electorado latinoamericano está migrando hacia opciones conservadoras debido a la combinación de bajo crecimiento económico, aumento de la violencia y descontento con los gobiernos establecidos.
Uno de los aspectos más relevantes de la figura de De la Espriella es su identificación con referentes internacionales de la nueva derecha.
El presidente electo colombiano manifestó reiteradamente su admiración por Donald Trump, con quien comparte una narrativa basada en la defensa de la soberanía nacional, la reducción de regulaciones económicas y el endurecimiento de las políticas de seguridad. Trump respaldó públicamente su candidatura antes del balotaje.
También mantiene afinidad política con Javier Milei. Tras conocerse los resultados, ambos mantuvieron una comunicación telefónica en la que intercambiaron felicitaciones y coincidencias respecto a la necesidad de reducir el gasto estatal y promover reformas económicas de mercado.
En materia internacional, De la Espriella anunció que buscará acercar nuevamente a Colombia a Washington y sumarse al denominado «Escudo de las Américas», una iniciativa impulsada desde Estados Unidos. También prometió revisar varias decisiones adoptadas durante la administración Petro en política exterior y energética.

Seguridad, economía y el fin del experimento de Petro
La plataforma electoral del nuevo presidente combina propuestas de liberalización económica con una agenda de seguridad particularmente dura.
Entre sus compromisos de campaña figuran la reducción de impuestos, la flexibilización regulatoria, el impulso a la inversión privada y la reactivación de proyectos energéticos suspendidos durante el gobierno anterior.
En seguridad prometió una ofensiva más agresiva contra organizaciones criminales, narcotraficantes y grupos armados ilegales. Su discurso incluyó propuestas de ampliación del sistema penitenciario y medidas excepcionales para combatir la violencia, aspectos que generaron comparaciones con las políticas impulsadas por Nayib Bukele en El Salvador. Aunque el propio De la Espriella rechazó esas equivalencias, la asociación se instaló durante toda la campaña.
Su victoria representa además un fuerte cuestionamiento político al legado de Petro. El presidente saliente había llegado al poder en 2022 como el primer mandatario de izquierda de la historia colombiana y promovió reformas profundas en materia social, ambiental y de política exterior. Cuatro años después, una parte significativa del electorado optó por una propuesta ubicada en el extremo opuesto del espectro ideológico.

El triunfo ajustado, el país y la región
Pese a la victoria, el nuevo mandatario asumirá en un escenario complejo.
La diferencia con Cepeda fue inferior al 1%, equivalente a unos 250.000 votos, en una elección con participación récord. Además, el oficialismo cuestionó parte del escrutinio y solicitó revisiones en miles de mesas electorales. Aunque especialistas consideran improbable una modificación sustancial de los resultados, la controversia refleja el elevado nivel de polarización política existente en Colombia.
Otro desafío será la gobernabilidad. El Congreso colombiano permanece fragmentado y el sector político de Cepeda conserva una representación parlamentaria significativa. Reuters advierte que De la Espriella deberá negociar con múltiples fuerzas para impulsar sus reformas, mientras enfrenta problemas estructurales como el narcotráfico, la minería ilegal, la violencia rural y las restricciones fiscales del Estado colombiano.
La llegada de De la Espriella a la Casa de Nariño trasciende las fronteras colombianas.
Colombia es la tercera economía de América Latina y uno de los principales aliados estratégicos de Estados Unidos en la región. El cambio político fortalece el eje de gobiernos conservadores que en los últimos años ganaron espacio en Sudamérica y modifica los equilibrios regionales construidos durante la presidencia de Petro.
La elección también confirma una tendencia observable en distintos países latinoamericanos: el crecimiento de liderazgos personalistas, construidos fuera de las estructuras partidarias tradicionales, que combinan discursos antisistema, promesas de orden y propuestas de liberalización económica.
Abelardo de la Espriella encarna ese fenómeno. En menos de un año pasó de ser un abogado mediático y empresario exitoso a convertirse en presidente de uno de los países más influyentes de América Latina. Ahora deberá demostrar si la velocidad con la que conquistó el poder puede traducirse en capacidad de gobierno en una nación atravesada por profundas divisiones políticas, desafíos de seguridad persistentes y una economía que busca recuperar dinamismo.